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sábado, 22 de diciembre de 2018

Cosas de princesa


Un golpe seco resonaba en todo el mostrador cada vez que nuestra protagonista bajaba el cuchillo y cortaba la cabeza de un pescado. Después con un arte sublime y bien estudiado separaba la espina de los lomos. Tira a un lado las espinas y guarda la carne en un cartucho. Otro cliente atendido, otro número a pasar.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Hazlo por tu padre


En el centro del pequeño cuarto dos sillas se miraban frente a frente. Germán en una. Martín en otra. El interrogatorio podía dar comienzo.

­­-No me andaré por las ramas e iré directo al grano. ¿Si tu padre matara a alguien lo confesarías?

-Hombre, eso son palabras mayores. Estás hablando de quitarle la vida a una persona.

-Limítate a contestar –Martín frunció el ceño.

-Siendo sincero creo que no. La familia es lo más importante e incluso llegando a esos extremos sería entendible mi posición.

-¿Entonces no lo niegas? –Se levantó y le dio la espalda–. Lo sabía. Sabía que había sido él. Tu padre fue el que pisó el suelo recién fregado de la cocina.

Germán miró al espejo de su izquierda y asintió. Detrás del espejo la enfermera anotó en una carpeta que había que doblar la dosis al paciente 469.

domingo, 17 de marzo de 2013

Resignación

No eres más que una nueva herida y sobreviviré a no tenerte. La felicidad no se hizo para mí. A veces la veo como una pasajera errante que acrecienta mi angustia cuando, tras paladearla, se aleja con burlona apatía. Sólo me consuela saber que la desesperación dura un instante.

lunes, 11 de marzo de 2013

Café con Woody Allen



Hoy he tomado café con Woody Allen y, sin apenas darme cuenta, me ha enseñado a escribir sin pluma. En realidad, es escribir sin pluma, bolígrafo o lápiz... por no hacer falta, no es necesaria ni la lógica.

Esto me lo ha explicado mientras miraba fijamente cómo una mosca devoraba su azucarillo.
_Sólo tienes que mirar a tu alrededor _me ha dicho deshaciendo a la mosca en el café.
Mis ojos le obedecen y buscan, mi cerebro se detiene en la mesa de al lado. Un hombre con un bigotillo ridículo trata de suicidarse metiendo la cabeza en un cuenco repleto de nata montada.
Woody sonríe ante mi cara de asombro y deja de prestarme atención para aplaudir a la señora gorda que baila country sobre la barra.

viernes, 8 de marzo de 2013

Aborto sentimental


Tras naufragar dulcemente despertó y, alargando el brazo, no encontró más que aire; lo acostumbrado.
De nuevo, en la penumbra de una habitación numerada, la asaltó el mudo enviado que muere cuando mata al despertar el llanto. 
«Ojalá pudiera oír sus burlas». 
«Todo sería mejor que el silencio…»

miércoles, 27 de febrero de 2013

Revelación tardía

Al releer una vez más aquellas cartas, amarillas y ajadas por el paso del tiempo, mi inquietud desaparece y me sobreviene la calma al descubrir, tras la frialdad de tus letras, la huella de una furtiva lágrima que, sobre el papel, tuvo a bien dejarme el amor.

jueves, 21 de febrero de 2013

El globo rojo


El globo rojo trataba de esquivar aquella multitud sobre la acera como si fuera un frágil barquito zarandeado por las horas de un mar embravecido.
Aprovechó un soplo de aire y escapó de aquella marea humana, de todas aquellas prisas que ni se detenían a contemplar su color ni parecían reparar en su vulnerabilidad.
Continuó su búsqueda. Atisbó por encima de los parques, de los árboles, del bullicio del tráfico y del murmullo de las plazas.
Tembló sintiendo su integridad amenazada cuando las antenas trataron de acariciarle, cuando el humo de las fábricas empañó su brillo y algún perro vagabundo saltó para agarrar su cordón.
El crepúsculo le hizo temblar de frío y en vez del miedo a la oscuridad sintió sobre él el miedo a la soledad.
Había perdido a su niño y ahora la noche le negaba la oportunidad de seguir buscándolo. ¿Su niño lo extrañaría? ¿Le echaría de menos como él?
Lo imaginó una vez más, abrazándolo suavemente, paseándolo sobre su cabeza… sus pensamientos distrajeron su vuelo y un árbol de ramas secas enredó su cordón para tenerlo cerca y no dormir solo.
Atrapado, se conformó con seguir imaginando y se durmió soñando que encontraba a su niño y que, más preocupado que enfadado, le regañaba por haberse escapado.

lunes, 18 de febrero de 2013

El bromista

Luis Sánchez, causante del atentado que hizo que lo de Hipercor se quedara en nada, alegó que no era más que una broma. Jamás pensó que decir por megafonía que regalarían treinta Play Statión a los primeros que fueran a recogerlas se saldaría con tantos muertos y heridos.

martes, 12 de febrero de 2013

Una víctima difícil


Todas las noches se ahogaba en alcohol. Todas las mañanas despertaba entre pesadillas y bolsas de basura, con el cuerpo lleno de marcas amoratadas.

Cuando lo encontraron, su cadáver sonreía. Lo había conseguido, su conciencia estaba muerta.


 Raelana Dsagan

sábado, 9 de febrero de 2013

Una mujer encantadora

Era una mujer encantadora. A veces, cuando se ausentaba, le cuidaba el jardín. Apenas se llevaba algo de ropa y sus tulipanes, y siempre volvía con uno más. Jamás habríamos pensando que fuera a abortar, y menos aún que para abonar sus flores enterrara entre sus raices los fetos.

domingo, 3 de febrero de 2013

Isla Desierta



Los coches pasan a su alrededor, tan rápidos que no llega a distinguirlos. Levanta un pie. Duda. No se decide a cruzar la carretera. Espera. Ninguno se detiene. La mediana es una línea de hormigón que parece no terminar nunca. Y sigue caminando, bajo el sol abrasador.

 Raelana Dsagan

martes, 14 de febrero de 2012

Quién es ésa


No sé quién es aquella que en el alma tan sólo tiene dolor.
Ayer, cuando destrozó el cuerpo de mi marido y lo observó durante largo rato fumando un cigarro.
Hace una semana, el día en el que sujetó a mi madre mientras rajaba su cuello. Rió cuando ella lloraba. Esa noche, viendo la tele, continuó riéndose.
Hace un mes, la tarde en la que destrozó la cabeza de mi padre con un martillo y se revolcó en el suelo, entre sangre y sesos.
¿Quién es ésa, que se deslizó de puntillas hasta la cuna de su hijo, lo observó con ternura y después lo estampó contra los barrotes una y otra vez?
Ésta, que se esconde por los recovecos oscuros de la locura, la que susurra palabras extrañas en su cabeza suplicando una muerte más, exigiendo un sacrificio que sacie su sed de sangre. Ésta, la que muerde sus entrañas y ríe a carcajadas como una loca cuando sale a la calle y contempla la podrida sociedad.
Allí donde habite el mal, allí va ella. Allí donde huela a podrido, hacia allí corre ella. Como una loba aullando a la luna llena, con la sangre resbalando por sus mejillas, gritando a la noche letanías que tan sólo saben de horror.
¿Quién puede ser ésta que quiere deshacerse de mí porque ya no sirvo para nada? Mi alma confundida y horrorizada se pregunta si irá en busca de otra víctima a quien mortificar.
La que domina mi mente, la que me hace rezar entre dientes mientras me dirige al espejo para mostrarme que tan sólo soy una marioneta. Con esas tijeras entre las manos, con esa cara de crueldad que me muestra el cristal.
Ahí va ella, ésta que alza su brazo y lo lleva hasta mi rostro. Mis ojos desorbitados, mis labios formando una exclamación. En el momento en el que clava las tijeras en mis ojos y me aproximo a la oscuridad la reconozco. En ese momento comprendo que soy yo.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Callejeros


Su amor fue tan intenso que les dejó con agujetas. Transcurrido el tiempo obligatorio junto a ella, se alejó sin despedirse, realmente estaba cansado. Los años no pasaban en balde, pero él siempre estaba al acecho en el parque.

Otora había sido un buen ejemplar, su pelo antes negro y rizado, como el de su padre, le daba un aire juguetón, pero ahora le quedaba menos y además empezaba a cojear, por las noches siempre durmiendo en la calle.

Se giró un momento para ver a la que habia sido su última amante y ladeando la cabeza le lanzo un gruñido cariñoso, realmente había estado bien, era mas joven que él, tanto que podría ser su padre y teniendo en cuenta el tiempo que llevaba en el parque, a lo mejor lo era...

Que más da. A fin de cuentas no tenía que pasarle la pensión alimenticia, es lo bueno de ser un vagabundo y un perro, claro.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Ilusión

Chan siguió de cerca a Won, aunque solo era unos meses mayor que él sentía que debía protegerle. Despacio, sin hacer ruido bajaron las escaleras y contuvieron la respiración, la habitación estaba repleta de juguetes de todas las formas y colores maravillosos para dos niños de seis años, Won tardó unos momentos en decidirse y al final cogió un coche lleno de botones que lanzaba cohetes.

Chan sin dejar de vigilar le dijo: -¿Crees que serás capaz? Parece complicado.

Dolido en su orgullo Won se giró y con una mirada impropia de su corta edad respondió: -Sabes que sí, llevo aquí el mismo tiempo que tú y nunca he fallado.

Encogiéndose de hombros Chan regreso a su cama, dejando al pequeño desmontando el juguete.

En pocas horas se levantarían como cada día, para fabricar juguetes, con los que otros niños en otro lugar, jugarán y reirán con la ilusión del que cree, que se fabrican en el polo Norte.

martes, 8 de noviembre de 2011

En blanco




Con las páginas en blanco me desafía altivo mi cuaderno nuevo, cuentos historias y poemas se dibujan en mi mente para callarle la boca y cubrir sus hojas con tinta que aun saliendo de un bolígrafo duele tanto como si fuera sangre ya que surgen del alma.

Me levanto y doy vueltas por la casa, persigo ideas más cuando creo alcanzarlas se transforman en humo, un humo que poco a poco me asfixia, casi sin aliento me arrastro hasta el cuaderno y dejando el bolígrafo a su lado declaro mi rendición.

Recojo y me marcho a descansar, aun estando de espaldas sé que me mira… sonriendo, hoy ha vuelto a ganar.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Herencia

De repente un día todo comenzó de nuevo, había pasado muchos años desde la última vez que estuvo en el castillo, un reflejo de luz atrajo su atención, medio tapado por una sabana la esperaba, frio y distante pero extrañamente familiar su reflejo la miraba desafiante con alguna cana plateada decorando su pelo.

Recupero la noción del tiempo al oír las risas de su hija en el jardín, todos decían que había heredado la belleza de su madre, la cual acababa de descubrir dos cosas en el desván de su madrastra, que no debía leer en voz alta las inscripciones de los espejos… y una receta para hacer manzanas.


martes, 1 de noviembre de 2011

MadriZ


Tras varios días de espera, decidió reanudar la marcha sola. Si algún otro lo conseguía seguiría sus pasos, se dijo así misma sin mucha convicción. Atrás quedaba la ciudad de Madrid, recordó lo ruidosa y amenazadora que le pareció cuando llego hace seis meses desde el pueblo y ahora, sumida en un mar de silencio resultaba aterradora.




Maldijo su decisión de no aprender a conducir, había muchos coches vacíos, podría haber usado uno para ir más rápido, aunque los primeros días los uso para dormir, la calefacción y algún cd abandonado hacia mas llevaderas las frías noches de Madrid. Dejo de dormir en ellos cuando una noche al entrar en uno, encontró a una familia entera dentro del coche, las miradas muertas fijas al frente y el gesto de horror de los padres solo eran comparable Al miedo que ella tenia de mirar a la parte de atrás, donde seguía atada la sillita del bebe…

Un llanto la devolvió al Madrid bullicioso y familiar donde su hijo reclamaba la atención de una madre, que dejaría por unos días de leer libros de zombis antes de acostarse.

domingo, 30 de octubre de 2011

Era un día como otro cualquiera

Era un día como otro cualquiera, tras bostezar y estirarme, decidí salir a recorrer las calles. Era un veinte de octubre y la gente corría apurada, las madres volvían de dejar a sus niños y las carreteras mostraban un tráfico constante y peligroso. Nadie me hacía mucho caso, de modo que me marché a un parque cercano a dar un paseo, allí me encontré a un amigo y compartimos un escaso desayuno aliñado con mucha conversación, hubiéramos seguido mucho más rato hablando, si no fuera porque uno de los matones del barrio tuvo la misma idea y se acercó al parque, los dos salimos corriendo y no volví a ver a mi amigo.

Vagabundee durante todo el día, visité mis sitios favoritos e incluso estuve flirteando con una vecinita nueva, una morenita preciosa con unos andares tan ágiles que da gloria verla. A las seis de la tarde, me acercaba de nuevo a casa cuando me encontré la cena esperando. Miré a izquierda y derecha nervioso puesto que no acostumbro a tener tanta suerte, nadie me miraba ni parecía reclamar mi descubrimiento. Temblando de emoción y puede que también un poco de hambre me lancé a comer con ansia, tras unos minutos empecé a sentirme mal y pensé que todo se debía a comer tan deprisa. Paré unos minutos confiando en que con un poco de descanso todo se solucionaría, pero no sentí ninguna mejoría; al contrario, sentía retortijones en el estómago y cualquier intento por mover mis miembros me producía un dolor terrible.

Grité, grite una y otra vez, pero la gente pasaba cerca sin siquiera mirarme. Empecé a chillar y pedir ayuda pero todos parecían ignorarme, los pocos que me oían daban un rodeo para no pasar cerca de mí. El estomago me dolía como si me estuvieran clavando hierros al rojos y tuve que hacer un terrible esfuerzo para volver a caminar, los ojos se me cerraban e incluso con ellos abiertos era incapaz de ver nada, sentía el corazón latiendo cada vez más deprisa, todo me daba vueltas y mis oídos se hicieron de pronto tan agudos que me ví inundado por los sonidos del barrio hasta que repentinamente dejé de sentir y caí muerto sobre la acera...

Explicación del relato: El jueves 20 pasé por una calle y oí a un gato, parecía muy furioso y debía estar muy cerca pero no lo vi, seguramente estaba bajo algún coche. Creí que estaba peleando con otro y no le dí mas importancia, un par de horas después pasé por el mismo sitio con una amiga (que es la que vive en ese barrio) y nos encontramos a un gato muerto en la acera mientras otro comía en un montoncito de comida que había en el suelo cerca del muerto, el gato que estaba comiendo, aunque tenía mal aspecto seguía vivo y se movía muy despacio. Ambos llegamos a la conclusión de que alguno de sus vecinos había envenenado a los felinos, evidentemente el mundo sigue lleno de cabrones.

jueves, 27 de octubre de 2011

Concierto


El piano es iluminado por los focos, de un negro elegante atrapa todas las miradas del teatro, hasta que el crujir de tus pasos sobre el escenario, devuelve el interés al protagonista, Tú.


Lentamente, con un suspiro ensayado tomas asiento y antes de tocar miras hacia el publico, pero no me ves, tus oscuros ojos a juego con el piano no me encuentran en el palco donde, impaciente espero...

Recuerdo cuanto luchaste por ser pianista, cuantas discusiones por dejar el negocio familiar
y ahora, cuando dejaste todo atrás por cumplir tu sueño.
Ahora todavía no te das cuenta, de que cuando nos casamos no solo tome tu apellido, también entre en la familia...
Con el rifle apuntando al corazón que amo, solo me queda decir:
-No se termina con la familia Corleone, la familia Corleone termina contigo, ciao amore.

martes, 25 de octubre de 2011

Delicatessen para zombis

Ale miraba con ojos críticos al resto de sus compañeros, se estaban cayendo a trozos y seguramente él mismo también. Nadie dijo que ser un zombi era fácil, pero hoy se sentía particularmente triste, ya hacía siete meses que no conseguía saborear un cadáver y su estomago rugía con rabia. Paso a paso seguían avanzando mientras formaban una larga hilera, los humanos creían que eran incapaces de pensar, que sólo se regían por impulsos animales, pero estaban equivocados, como si fueran una manada de lobos avanzaban cubriendo mucho terreno y registrando todo en busca de presas vivas.

A su derecha, uno de sus compañeros alzó la cabeza y olfateó el aire como si fuera un sabueso, cuantos le rodeaban empezaron a imitarle y por su excitación todos comprendieron que había “carne fresca” en las cercanías. Sabiendo hacia dónde dirigirse, los extremos de la línea convergieron para crear una trampa mortal. Los rugidos de rabia que escuchó minutos después, le indicaron hacia dónde mirar, un tipo bastante gordito y calvete corría entre los coches abandonados como si le fuera la vida en ello, la verdad es que vida le quedaba bastante poca, puesto que corría sin darse cuenta de que estaba encerrado y fuera en la dirección fuera le estaría esperando la muerte.

Apenas un minuto después, se oyó un grito desgarrador, cuando llegaron hasta lo que quedaba de la presa, éste no era más que un montón de tripas a medio comer en el centro de un informe charco de sangre. Eran demasiados a comer y lo habían desmembrado a tirones, sus brazos o piernas estaban siendo devorados y el cuerpo ofrecía una imagen lamentable con los intestinos a medio arrancar como si fueran un plato de spaguetti. Alejandro dejó que sus compañeros se sirvieran, era gracioso que ninguno tuviera los mismos gustos que él y por eso tuvo paciencia.

El gordito había revivido, pero tan sólo para comprobar que no tenía brazos ni piernas así que no podía defenderse, gruñía y gritaba con fuerza pero nadie parecía dispuesto a renunciar a “su” trozo de carne. Cuando todos terminaron, se acercó Ale y lo puso mirando hacia el suelo, sin prestar atención a los gritos de su víctima introdujo sus dedos por el ano y de un seco tirón le arrancó las almorranas... Grandes, jugosas, repletas de sangre, no podía entender por qué a los demás les desagradaban pero para él eran una “delicatessen”.

Podeis leer más relatos sobre zombis en la antología "Para mí tu carne" que edita 23 Escalones.

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