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viernes, 3 de junio de 2011

Las ultimas muestras de la viruela.

En el día de hoy 27 de Mayo de 2011, se ha debatido en la Organización Mundial de la Salud sobre la conveniencia o no de destruir las últimas muestras conocidas del vírus de la viruela. Desde que en 1979 fue erradicada, USA y Rusia se han resistido a destruirlas y a la propuesta de terminar ya con ellas han solicitado otros cinco años de espera. Ambos argumentaban que si la viruela reaparecía, bien fuera por accidente o intencionadamente, las muestras podrían servir para crear una vacuna. Tras escuchar esos argumentos se ha decidido posponer la decisión de destruir las muestras por otros tres años.

Este tema me crea muchas dudas:
- ¿Temen que reaparezca por que sospechan que hay muestras no controladas?
- ¿Un virus es un tipo de ser vivo y al destruirlo por completo reducimos la biodiversidad del planeta?
- ¿La guardan por nuestra seguridad o para usarla como amenaza frente a Gobiernos hostiles?
- Al guardarla no están dando a los terroristas la posibilidad de conseguirla, oportunidad que no tendrían que si todas las muestras fuesen destruidas.
- En un planeta donde la población humana crece a un ritmo frenético, no surgirá alguna nueva enfermedad (ébola, marburgo o alguna mutación del sida) que sea tan destructiva como para hacer que la viruela sea una hermana pequeña.

Lo dejo, cuanto más pienso en ello, más dudas tengo sobre porqué no se han destruído de una maldita vez...

lunes, 28 de marzo de 2011

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Indicaciones de la Ciencia Ficción"




Cuando leí Crash, del maestro Ballard, quedé prendado no sólo de la novela en sí, sino también del prólogo con que el autor la iniciaba (según la nota a pie de página, publicado por primera vez en la edición francesa, Calmann-Lévy, 1974). Se trataba de un alegato en favor de la Ciencia Ficción (quizá del fantástico en general) que lo señalaba como el género con mayor capacidad de señalar y advertir sobre los problemas de nuestra sociedad presente y futura, incluso de mostrarnos interpretaciones más clarificadoras del pasado, por aquello de aprender de los errores. Con esa idea me quedé, y fue a raíz de un vacuo y por momentos agrio debate con una de esas personas que creen que la Ciencia Ficción son sólo marcianitos verdes con antenas y naves espaciales, que me surgió la idea de escribir esto.

domingo, 13 de marzo de 2011

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Uno de esos momentos"




Este es uno de esos momentos. Creo que todo el mundo los conoce: a veces es que la vida nos ha atropellado y no nos deja margen para las pasiones, otras veces es simple saturación, una pérdida del norte, algo que ni siquiera sabemos definir. Miramos a los alrededores de nuestro interior, rebuscamos entre viejas ilusiones y no encontramos lo que buscamos. A veces no es culpa de nada ni de nadie, ni siquiera de nosotros mismos. El fuego parece extinguido y eso que antes nos saltaba a los dedos a cada vuelta de imaginación se ausenta. Miras la página, en blanco desde hace mucho tiempo, te preguntas qué pasó. El mundo sigue el destino de la peonza, pero tú te has quedado atrás, en algún punto indefinido entre la ilusión y su cumplimiento.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Tiburón asesino



En estos días, me he visto sorprendido por la noticia de que un tiburón atacó y mató a una turista alemana de 70 años en el mar Rojo. En principio, siempre pienso que los tiburones están en su ambiente y si nosotros vamos allí lo hacemos por nuestra cuenta y riesgo. Pero, puesto que mi afición favorita es el buceo, y puesto que he buceado más de cincuenta veces en aguas del mar Rojo, además de que he estado buceando en ese mismo lugar Naama Bay, me sentí picado a seguir investigando.

martes, 14 de diciembre de 2010

El fútbol es cultura


La concepción que tenemos hoy en día de la cultura corresponde con la de una actividad que compete únicamente al ejercicio de la mente o, como mucho, de ciertas habilidades manuales, pero siempre radicando el peso en la vertiente intelectual.

Este punto de vista viene dado por el sistema educativo occidental, cuyos orígenes se sitúan en las universidades del medievo. Ya entonces se estableció una clara separación entre lo físico y lo mental. Las actividades corporales quedaban excluidas del ámbito educativo, siendo unas propias de la clase noble (guerreras) y otras del vulgo (artesanales). No se contemplaba pues la formación del cuerpo.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Pena de morir

Saliendo del trabajo un viernes, con toda la alegría del comienzo del fin de semana, camino de una cerveza fresquita con la familia y con un sol luminoso alegrando el mediodía, la radio me anunció la muerte de un ser querido. Había fallecido un hombre bueno. José Saramago.

lunes, 29 de noviembre de 2010

¿Todo es empezar?



Hablemos de comienzos; de comienzos literarios, claro está. Son muchos los escritores que sufren un mal trago en el momento de iniciar sus textos. El llamado “Miedo a la página en blanco" ―un bloqueo que impide que el autor encuentre una frase con la que empezar una historia, en su deseo de dar con inicio cautivador que provoque que el lector se enganche a la trama desde las primeras palabras ― es en ese momento donde con más frecuencia se da. La búsqueda de ese arranque se transforma en obsesión, y de ahí en frustración. Y las horas transcurren mientras la página continua en blanco…

martes, 23 de noviembre de 2010

Ternura


Este fin de semana he llevado a mi padre a la playa, como tantos otros.

Era media tarde de viernes, oíamos la radio y, en un momento dado, giré la mirada y le vi dando una cabezada, intentando luchar por no quedar dormido. Fue una ráfaga de menos de un segundo. ¡Lo vi tan mayor!

Esa misma noche, ya en Conil, mi amigo David nos hizo una foto a los dos mientras veíamos la pantalla grande de una retransmisión deportiva. Perfil de padre e hijo. La foto no tenía desperdicio. Era yo y mi futuro, él y su pasado. La misma nariz grande, el mismo poco pelo, idéntica postura.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Sobre el jurado de Calabazas en el Trastero



El otro día me llegó un email sobre suspicacias que, por lo visto, suscita el jurado de esta antología periódica que publicamos en Saco de huesos y coordinamos desde la asociación cultural La Biblioteca Fosca. Voy a aprovechar la ocasión para hablar sobre el sistema de selección que llevamos.

En las bases de cualquiera de las convocatorias de Calabazas en el Trastero podemos encontrar la séptima:
7. Un jurado compuesto por miembros de la Biblioteca Fosca y, eventualmente, autores invitados, hará una selección con los 13 (trece) relatos más meritorios. Los criterios serán estrictamente literarios y se podrán dejar plazas desiertas.
Con esto debería ser suficiente. Las bases indican claramente cómo se va a formar el equipo seleccionador y qué criterios de selección se van a seguir. No hay ninguna ambigüedad, aunque sí una necesaria flexibilidad. Hay quien opina, no obstante, que sería conveniente incluir los nombres y apellidos de los jurados.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Pijos

No he de negar que durante gran parte de mi vida he rozado, coqueteado, detestado, ahuyentado, asumido, desconfiado, relatado respecto al mundo pijo.

¿Pero qué es ser pijo?

Es un buen ejercicio de reflexión tratar de definir palabras como éstas, de tan variopinta explicación dependiendo de quien la piense.

sábado, 30 de octubre de 2010

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Sevilla Escribe"





No hace mucho tiempo que se me volvió a plantear la cuestión, o que alguien se la planteó a uno de mis compañeros y a través de éste llegó a mis oídos. No importa cómo fue en esta última ocasión, es un hecho que lleva tanto tiempo repitiéndose que ha perdido cualquier excepcionalidad por el camino. Es una pregunta de formulación sencilla pero difícil de contestar: ¿qué es Sevilla Escribe? Una pregunta con mil respuestas incompletas, sobre todo porque lo que Sevilla Escribe es ahora mismo puede que deje de serlo dentro de un momento, o de una suma de momentos con suficiente entidad como para llamarlo época. Por eso no me voy a preocupar de explicar nada, ni de venderlo, ni de convencer o iluminar; sólo voy a contar una parte de una historia, la mía, con la esperanza de que a través de ella otros puedan ver lo que yo veo cuando miro a Sevilla Escribe.

viernes, 15 de octubre de 2010

Querer gustar

A veces lo confundimos con vanidad, pero fácilmente podemos pasar al extremo de la falta de autoestima, cuando hablamos de la gente que hace lo imposible por caer bien, por resultar agradable a todo el mundo, por gustar como persona.

jueves, 30 de septiembre de 2010

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Numantina"




Sí, numantina, así es como quiero que sea la defensa que pretendo hacer, que conserve ese espíritu, porque de verdad aprecio lo que defiendo.

Debe ser por la primera impresión que tuve cuando empecé a interesarme por ellas, o porque directamente las relacioné con los fanzines feotes y mal impresos que alguna vez me pasaron en mis tiempos de metalero militante. No lo sé con seguridad, quizá los motivos sean otros más lejanos, o más actuales incluso, quizá simplemente sea una defensa de lo propio, pues estoy involucrado en más de una. El caso es que les tengo un especial cariño y respeto a las revistas electrónicas (no es que lea tantas, ni mucho menos, pero las que leo, las leo con ganas), y el haber sabido en un breve lapso de tiempo de unas cuantas alusiones poco elogiosas me incita a salir por la tangente de romper una lanza en favor de este medio.

martes, 31 de agosto de 2010

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Génesis"




Según me comentaron, de colectivos literarios se va a hablar largo y tendido en la Hispacón de este 2010, a la que espero asistan los lectores de esta columna que tengan la posibilidad y las ganas de hacerlo. De todas formas, no está de más ir abriendo boca con un punto de vista particular (el de un servidor) acerca de la génesis de estos entes, ir apuntando algo del tema en espera de desarrollarlo todo correctamente en esa hipotética mesa redonda arriba mencionada. Vamos con ello.

miércoles, 4 de agosto de 2010

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Unas chinitas filosofales"



Se adelanta la navidad, señores. Sí, tal como lo digo. Aquí se presenta hoy un servidor para ejercer de Papá Noel y regalaros ni más ni menos que las claves del éxito literario. 

Bueno, no todas las claves, sólo una. Pero seguro que suficiente para lanzar a uno al estrellato, al que mejor sepa aprovechar el chivatazo. Bueno, quizá no al estrellato del todo, digamos que para “asomar la cabeza”, que ya es. O a lo mejor sólo para que su novela añada ceros a su tirada y presencia en puntos de venta, que se multiplique como los panes y los peces y se desborde sobre las mesas libreras. O no, no lo sé, supongo que dependerá de cada uno. El caso es que yo lo suelto y aquí paz, y después gloria.

martes, 29 de junio de 2010

Perdonavidas

Si hay algo que no soporto en los demás es la mirada por encima del hombro. No digo sobre mí, sino sobre el mundo.

Clasificar por con quién te mueves y sacar conclusiones gratuitas por un gesto.

Sin derecho al error.

La vida es más sencilla que todo eso.

Recuerdo la época en que comencé a salir con los amigos de copas, tiempos de bachillerato.

Ya por entonces me sublevaban las chavalitas que te despreciaban por ir con un par de copas encima un viernes por la noche.

'Yo no necesito beber para divertirme', sentenciaban.

Con frases rotundas pretendían clasificar a una persona que, simplemente, les había hecho algún comentario inocente en una noche adolescente.

O esos compañeros de trabajo que te sueltan '¿ya te vas?', cuando la noche ha caído hace rato y lo único que hacen ellos es rellenar sudokus en espera de que el jefe salga y los vean 'trabajando'.

No soporto las sonrisas falsas de desprecio, ni la gente estirada que se declara tolerante por simular su intransigencia.

Me desagradan los que hablan sin escucharte, aquellos que consideran que no hay vida fuera de un matrimonio por la iglesia y cuatro niños, los que presumen de nómina y modelo de coche, la gente que critica los excesos que ellos quisieran cometer, los que ven en el sexo pecado, aquellos piadosos que se cagan en los negros o las ecuatorianas. Los que quieren verte por cómo vistes, por dónde naciste y no por cómo piensas, que te definen por tu trabajo y no por cómo te llevas con tus amigos.

A mí me gusta el alcohol para desinhibirme de vez en cuando, el sexo porque sí, reconocer que, en algunos momentos y por instantes, me da miedo vivir; y estoy por la ruptura de las reglas convencionales que no llevan a otro lugar que al encorsetamiento.

Pero, por encima de todo, no soporto a los perdonavidas.



jueves, 17 de junio de 2010

Tragedias personales


No hace mucho leí una entrevista al eminente psiquiatra sevillano Luis Rojas-Marcos, en la que venía a afirmar que a una persona no le hace más fuerte haber sufrido una tragedia personal grave y que, de media, un ser humano está preparado para vivir dos grandes conmociones en su vida.

Él es el experto, y por lo que se de su trayectoria profesional, me merece gran respeto y admiración, aunque, como tantas otras especialidades, la psicología no es una ciencia exacta ni se pueden establecer teoremas matemáticos.

No estoy de acuerdo ni con una ni con otra afirmación.

Conozco gente interesantísima que no ha vivido grandes tragedias, no quiero decir nombres. Y conozco gente apesadumbrada por una vida muy difícil que, sin embargo, no termina de dar gran sentido a su vida ni a la de los demás.

A pesar de todo ello, estoy convencido que el haber pasado por una situación límite enriquece. Es jodido, pero es así. Debe ser así.


La cuestión es poner la frontera a lo que es tragedia respecto a lo que son los golpes puñeteros que la vida nos va dando, porque sabemos que hay quien se ahoga en un vaso de agua.

A los que, por ejemplo, nos dejaron jóvenes, contra todo pronóstico, tras una larga enfermedad, siendo nosotros adolescentes, les debemos, al menos, el regalo de haber comprendido qué es lo que es importante en esta vida y qué es lo que son pamplinas.

La belleza de la vida se entiende en toda su plenitud, desgraciadamente, cuando has conocido el precipicio.




lunes, 24 de mayo de 2010

Diferencias culturales

La verdad es que en los últimos tiempos me siento el mayor idiota del mundo, cada vez que no entiendo por que se hace algo que repugna a mi conciencia, siempre me dicen que no me debo meter en “ese asunto en concreto” por que son diferencias culturales.

Si los árabes prohíben al resto de religiones buscar conversiones en sus países y ellos aplican la sharia (Ley islámica) a pesar de vulnerar los derechos humanos reconocidos por la O.N.U. Hay que comprenderlos, eso es por las diferencias culturales.

Si los hindúes siguen manteniendo en muchas partes del país leyes que aún mantienen el sistema de castas. Si los parias no tienen derecho a servicios concretos o a pasar por determinados lugares. Hay que comprenderlos, eso es por las diferencias culturales.

Si la economía griega está al borde de la quiebra y el déficit público amenaza con tumbar al euro. Todos deberíamos saber que un policía griego se jubila a los cuarenta y cinco años, que a pesar de que la ACB y la liga Rusa de Baloncesto son más potentes que la liga griega, el Olimpiakos tiene el presupuesto más alto de Europa y a los jugadores de basket mejor pagados del Viejo Continente. Hay que comprenderlos, eso es por las diferencias culturales.

Si la Comisión Ballenera Internacional prohibió la captura de ballenas por que se estaban extinguiendo, si los Japoneses capturan miles de ejemplares con fines científicos (¡Y un carajo! Con perdón). Hay que entender que sobornen a países pequeños para que les apoyen en las reuniones de la Comisión y seguir así envenenando a su pueblo con mercurio. Hay que comprenderlos, eso es por las diferencias culturales.

Para todo el que no lo conozca le recomiendo que vea el siguiente vídeo, podremos enterarnos de cómo se matan más de 23.000 delfines cada año en una cala en Taiji (Japón). Al principio puede chocarnos, ¿delfines? ¿por qué? La explicación viene clara en el vídeo, los delfines son algunos de los miembros más pequeños de la familia de las ballenas. Su carne se vende como carne de ballena. Para todo el que sea demasiado sensible le advierto que ver como las aguas de la cala están rojas por la sangre es un espectáculo dantesco.

http://www.teledocumentales.com/the-cove-subtitulad/

P.D. El documental está en versión subtitulada y ganó el premio de la Audiencia del Festival de Cine de Sundance. Como decía mi madre ¡Algo tendrá el agua cuando la bendicen!




martes, 18 de mayo de 2010

Ella te rompe el corazón




Cuando estudias minimalismo en el taller del novelista Tom Spanbauer, el primer relato que lees es La cosecha de Amy Hempel. Luego, estás arruinado. No bromeo. Casi todos los libros que leas después, te parecerán una chorrada. Todas esas espesas narraciones en tercera persona, esos libros morbosos con enrevesados argumentos sacados de los telediarios. Después de Amy Hempel te ahorrarás tiempo y dinero.

O no. Cada año, en mi declaración de la renta, deduzco más dinero por nuevas copias de los tres libros de Hempel, Razones para vivir, A las puertas del reino animal y Caer en casa. Todos los años presto esos libros. Lo que pasa es que nunca vuelven. Los buenos libros nunca lo hacen. Por eso mis estanterías están llenas de obras de no ficción demasiado densas para la mayoría de la gente, libros de texto de autopsias forenses y un montón de novelas que odio.

El año pasado en un bar de Nueva York, el bar literario KGB de East Village, Hempel me dijo que su primer libro estaba descatalogado. La única copia que conocía estaba debajo una vitrina en el cuarto de rarezas del Powell´s Book de Portland, una primera edición de tapa dura vendida por setenta y cinco dólares sin ni siquiera una firma. Tengo una teoría sobre conocer a gente de carne y hueso cuyo trabajo admiras, pero la estoy dejando para el final.

A menos que los libros de Hempel se reediten, me gastaré más dinero o tendré que hacer menos amigos. No puedo evitar entregar sus libros a la gente y decirles: “toma, lee esto”, y preguntarles después, “es sólo a mí o también a ti te ha hecho llorar”. Una vez regalé Reino Animal a un amigo y le dije “si no te gusta esto, no tenemos nada en común”.

No sólo cada frase está hecha a medida, sino que, incluso también, están forzadas. Cada cita, cada chiste que Hempel otorga a lo cómico, es algo profundo o divertido que tú recordarás durante años. Del mismo modo, tengo la sensación de que se recuerda a Hempel porque lo coloca justo en un lugar donde realmente brilla. Me da miedo la bisutería de la metáfora, pero sus historias parecen elaboradas con ingredientes irresistibles. Galletas de chocolate, sin la base de galleta, sólo chocolate y trocitos de nuez.

De este modo, su experiencia llega a ser tu experiencia. Los profesores dicen que los alumnos necesitan una emotiva epifanía, un ajá, un momento de descubrimiento para retener información. Fran Lebowitz escribe sobre el momento en que vio un reloj y entendió el concepto del tiempo en la narración. El trabajo de Hempel no es más que esos flashes, y cada uno de esos flashes te provoca un dolor con el que te identificas.

Ahora mismo, Spanbauer enseña a otro grupo de estudiantes con una fotocopia del relato La cosecha sacada de la vieja edición trimestral The Quaterly editada por Gordon Lis, el hombre que enseñó el minimalismo a Tom y a Amy. Y a mí.

Al principio La cosecha parece una larga lista de detalles. Tú no tienes ni idea de por qué está casi llorando al final de siete páginas. Estás confuso y desorientado. Es sólo una simple lista de hechos escritos en primera persona, pero en su conjunto es más que la suma de cada una de sus partes. La mayoría de los hechos son divertidos de cojones, pero al final cuando estás desarmado por las carcajadas, te rompe el corazón.

Ella te rompe el corazón. Lo primero y más importante. El demonio Amy Hempel. Es lo que primero que te enseña Spanbauer: una buena historia debería hacerte reír, y, en el último momento, romperte el corazón. Lo último que te enseña es: nunca escribirás así de bien. Nunca aprenderás esta parte hasta que no hayas arruinado un montón de papel, perdido tu tiempo libre durante años y años con un bolígrafo de la mano. En ese horrible momento, deberías coger una ejemplar de Hempel y descubrirás que tu mejor trabajo no es más que una imitación barata del peor de los suyos.

Para aprender minimalismo, los estudiantes se sientan alrededor de la mesa de la cocina de Spanbauer destripando durante diez semanas La cosecha de Amy Hempel. Lo primero que estudias es lo que Tom llama Caballos. La metáfora es: si tú conduces una caravana desde Utah hasta California, llevarás los mismos caballos durante todo el camino. Sustituyendo la palabra caballos por tema o estribillo, tendrás la idea. En el minimalismo, la historia es una sinfonía que se va construyendo, pero sin perder nunca la línea melódica original. Todos los personajes y escenas, cosas que parecen distintas, no hacen más que ilustrar algunos aspectos del tema de la historia. En La cosecha nosotros vemos cómo cada detalle es una parte de la mortalidad y disolución, desde los donantes de riñón, hasta los dedos rígidos o la serie Dinastía.

El siguiente aspecto, Spanbauer lo llama la lengua quemada. Una forma de decir algo, pero decirlo mal, obligando al lector a leer más lentamente, forzándole a una lectura atenta, incluso a que lo lea dos veces, cubriéndolo con una fina capa de imágenes abstractas, adverbios y clichés.

En el minimalismo llamamos clichés a los lugares comunes.

En La Cosecha, Hempel escribe “Me moví a lo largo del día como un cabeza cortada que termina una frase”. Aquí tienes los caballos de muerte y disolución y la frase escrita que te obliga a ir más lento, a una velocidad más pausada y atenta.

Ah, en minimalismo no hay abstracción. Ningún tontería tipo despiertamente, irritablemente, tristemente, por favor. Ninguna medida, ni pies, ni yardas, ni grados ni años de edad. ¿Qué significa la frase “chica de dieciocho años de edad”?

En La Cosecha, Hempel escribe “El año que yo empecé a decir bareto en lugar de bar, un hombre que apenas conocí, casi me mata por accidente”.

En lugar de una edad aséptica o medida, nosotros tenemos la idea de alguien que está convirtiéndose en una persona sofisticada. Más que la lengua quemada, aquí tenemos el caballo de la mortalidad.

¿Veis como se agregan estas cosas?

El minimalismo también incluye la grabación del ángel. Esto significa escribe sin pasión ni juicios. No aporta nada al lector las palabras gordo o feliz. Sólo puedes describir las acciones y los hechos, de tal manera que el lector emita su propio juicio en su cabeza. Sea lo que sea, lo desarmarás en piezas que luego se volverán a ensamblar en la cabeza del lector.

Amy Hempel hace esto. En lugar de decirnos en La cosecha que su novio es un gilipollas, nosotros vemos como mantiene un jersey manchado con la sangre de su novia y le dice, tú estarás bien, pero este jersey está arruinado.

Menos se convierte en más. En lugar de la habitual inundación de detalles, tú tendrás un lento goteo de párrafos de frases cortas, cada una de ellas evocando su propia reacción emocional. A lo mejor ella era una abogada que exponía su caso, poco a poco. Una prueba cada vez. A lo peor ella era una hechicera, embaucando a la gente. Pero leyendo, tú tendrás una bala sin que te hayan disparado.

Así que, una vez que tenemos caballos, lengua quemada y grabación del ángel, nosotros escribimos en el cuerpo. Hempel nos muestra como en una historia no tiene que haber un flujo constante de bla-bla-bla que intimide al lector para que preste atención. No puedes agarrar al lector de las orejas ni estrujarle la garganta. En su lugar, una historia tiene que ser una sucesión de detalles sabrosos, olorosos y palpables. Lo que Spanbauer y Lish llaman ir al cuerpo, es provocar una reacción empática al lector, que lo involucre en un nivel visceral.

El único problema del palacio de fragmentos de Amy es citarlo. Cualquier pieza fuera de contexto pierde su poder. El filósofo francés Jacques Derrida compara la escritura de ficción con un software que sólo funciona en el hardware de tu mente. Ensartando macros distintas, que juntos provocan una reacción. La realidad hace esto tan bien como Hempel. Cada una de sus historias es tan fuerte, quema como los hechos desnudos, que lo único que podemos hacer es tumbarnos en el suelo, bocabajo y adorarla.

Mi teoría sobre conocer a gente cuyo trabajo admiro es que no quiero correr el riesgo de verlos pedo o enseñándome los dientes. El año pasado en Nueva York, hice una lectura en la librería Barnes & Noble de Union Square, donde elogié a Hempel diciendo que si ella ya lo escribió todo yo estaría en casa, leyendo en la cama todo el día. La noche siguiente, ella apareció en mi lectura en el Village, me tomé media cerveza con ella y hablamos sin que hubiera química entre los dos.

Tengo la esperanza de no volver a verla otra vez, pero ya me he comprado esa primera edición por setenta y cinco dólares.


(El anterior texto es una traducción libre de un famoso artículo de Chuck Palahniuk, autor de El club de la lucha).

sábado, 15 de mayo de 2010

Amistades maduras

Mi reflexión no viene acerca de la capacidad de hacer madurar nuestras amistades de siempre, que más veces de lo que quisiéramos guardamos en formol cuando los puntos de unión y el cariño han ido sustituyéndose muy a nuestro pesar por llamadas formales y felicitaciones de cumpleaños; hago referencia a nuestra capacidad para introducir, a edades adultas, nuevas gentes en nuestro mundo afectivo.

El panorama en el que nos movemos es poco favorecedor a dejar tiempo para aproximarnos a 'extraños', para incluir en nuestra cotidianeidad otras caras, dándonos oportunidades, que merecemos, para descubrir que, aún casados, aún con cuarenta o cincuenta años, aún con niños, aún con diez horas de trabajo diarias, tenemos el derecho a disfrutar del placer de integrar aire fresco en nuetras relaciones personales.

Dicen que no hay nada más estresante que tratar de mantener a flote amistades moribundas, pero sin embargo, y por lo general, no nos damos oportunidades para ir 'recambiando' éstas por otras más semejantes a lo que la vida ha ido construyendo en otros territorios presentes que no queremos a veces reconocer como propios, añorando otras personas con nuestros mismos nombres y apellidos que ya no somos.
Yo dejé de ser el niño introvertido, el adolescente empollón, el universitario juerguista, el competidor en campeonatos de remo, el descubridor del mundo de la perversión, el obsesionado por el trabajo... Ése era yo y algo de mí queda, y en esas estaciones pasadas tomé trenes en compañías muy gratas que, en algunos casos, hermosos, aún comparten mi vida.

Pero quiero seguir cogiendo trenes. Sí tengo tiempo para dedicarlos a nuevos compañeros de viaje, sí quiero saber de sus vidas, sí tengo interés en conocer las intimidades y vivencias de personas que aún no han llegado al andén de una estación en la que uno de mis trenes parará tarde o temprano.

Y, claro que sí, podrán ser tan amigos como aquel Gregorio del parvulario que yo creí inseparable de por vida en esos tiempos en que mi mundo se escribía con libros de caligrafía.




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