IV
De
camino a la nave, contento por el dinero que me había ahorrado en el
enmascarador, e ignorando las quejas de Roy porque decía que aquello no era lo
que él había pedido, nos cruzamos con Ralphie y El Grumete, que también habían
cumplido con su parte. Si a nadie se le ocurría montar una fiesta en la órbita
de algún prostíbulo de ruta sideral, teníamos suficiente para una buena
temporada. Aquellos dos también se quejaban de que les había dado poco dinero
para todo lo que habían tenido que comprar, y que el material acopiado prometía
más disgustos que satisfacciones. A fastidiarse tocaban, uno no monta un
imperio comercial galáctico de la nada si no es a base de apretarse el cinturón
y ahorrar lo máximo en todo lo que se pueda.
