lunes, 14 de febrero de 2011

Parte semanal en la escritura de La senda del hipopótamo (y VIII)

NOVENA SEMANA

En sentido estricto no ha sido una semana la que ha pasado desde mi último parte, tan sólo unos días, pero es que no hay más días porque ¡¡¡¡HE TERMINADO!!!!


Me cuesta trabajo creerlo, no me creía capaz de ello. Es una sensación superextraña. Pero está hecho. Cierto que todavía queda mucho trabajo y que, ahora que me toca afrontarlo, es bastante ingrato. Me queda transcribir todo y pulir, pulir, pulir. Durante la redacción no siempre he sido cuidadoso con el estilo, ni me he parado a buscar la mejor forma de expresar las cosas. Mi objetivo era redactar y eso es lo que he hecho. Ahora cuando me ponga a pasarlo al ordenador iré cambiando todo aquello que no me guste.


Luego, cuando ya tenga un texto más limpio y pulido en formato digital vendrá el momento de imprimirlo y leerlo con el boli rojo en la mano. Haré, de momento, tres copias pues dos personas de mi entera confianza para estos menesteres se han ofrecido, desinteresadamente, a leer y cazar gazapos, no se puede estar más agradecido de lo que les estoy yo por su ofrecimiento. Cuando todas las correcciones que salgan de esta triple lectura estén listas llegará el siguiente paso: buscar editorial. Bufff, sí que quedan cosas por hacer.

Estimo que el proceso hasta llegar a la búsqueda de alguien dispuesto a confiar en mi trabajo puede llevar unos cuantos meses, ¿qué le vamos a hacer? Pues nada, dedicarle el tiempo necesario para que quede de la mejor de las formas posibles. Pero antes me merezco un descanso, y si no me lo merezco me lo voy a tomar igual. El texto debe reposar y yo debo dirigir mi mente a otros menesteres para no tenerlo fresco cuando lo retome o todos los errores se me pasarán sin darme cuenta henchido de autocomplacencia y triunfo, no es deseable.

Tengo otros proyectos. Un libro de cuentos casi terminado que es el momento de terminar, quiero probar suerte con el próximo Calabazas en el trastero (sí, sí, el de las catastrofes naturales), ando liado también con mis colaboraciones con Los zombis no saben leer y el Manifiesto Parapsipunk... no voy a aburrirme. Además tengo tres novelas más rondándome la cabeza y la intención de centrarme en una para prepararla y ponerme a redactar el próximo verano. No me voy a quedar de brazos cruzados bajo ningún concepto. Al que me diga que esto no es descansar le responderé que, desde mi perspectiva, el descanso no es más que el cambio de actividad, pensar en otra historia.

En cualquier caso me caso en una semana, así que supongo que no me voy a poner a escribrir gran cosa hasta que no termine con todo lo referente a la boda. Descansaré entonces. Aunque mi cabeza siga dándole vueltas a las historias y personajes, lugares, situaciones, de mis próximos escritos. No lo puedo evitar, soy así, siempre lo he sido.

También quiero dedicar más tiempo a la música. La he tenido un poco dejada de lado con las vacaciones del grupo y me debo poner las pilas a saco para estar en buena forma a la hora de afrontar los compromisos que tenemos a corto plazo. Sin contar con que con la música nunca se termina de aprender y tengo pendiente profundizar en la armonía y algunas técnicas concretas que todavía no domino.

En fin, lo importante es que La senda del hipopótamo ya ha llegado a su primer borrador completo. Sí, hay mucho que corregir, incluso el mismo final no me convence nada más que a la mitad. No es tan rotundo como yo quería, pero veo claro que, para que lo sea, hay que retocar un buen puñado de cosas a lo largo y ancho de todo el texto. Lo bueno es saberlo, sabiéndolo se pueden corregir las cosas.

Y hasta aquí les puedo leer la tarjetita porque ya no hay más tarjetita. Volveré en cualquier momento con otros menesteres, hasta entonces deseenme suerte que no he dejado de necesitarla por el mero hecho de haber puesto el punto y final.

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