Continúo por tercer año con la costumbre de reseñar los libros que he leído durante el 2008, pese al retraso. No hay mucho que añadir, ya que ha disminuido considerablemente el número de lecturas. Supongo que empieza a notarse la carga de la Universidad, porque no tengo sensación de haber leído menos, quizá sí de haber disfrutado menos. Sea como sea, el nuevo año ha empezado fuerte, y espero que vuelva a disfrutar leyendo:
Telling Tales, VVAA: primer libro del año, y es en inglés. Recopilación de grandes literatos en formato cuento. Deja mucho que desear. La antología no tiene ni pies ni cabeza, está deslavazada y la calidad se descompensa, además se me hace raro leer a García Márquez en inglés.
El dios de las pequeñas cosas, Arundhati Roy: una deliciosa sorpresa. Mitología hindú mezclada con el realismo de una cruda historia. Absorbe y le cogí cariño, quizá el único punto sea (no sé si culpa de la traducción) que a veces parece escrito para neófitos en cultura hindú y parece un libro de texto.
Erección del labio sobre la página, Leopoldo María Panero: cuentos, novela, y ahora toca poesía. Leopoldo me ha desarmado con este poemario. La locura analizada desde los versos, es tanto en tan poco. Otro aplauso merece la editorial Valdemar, que tan bien lo está haciendo.
Tu es le soleil qui me monte à la tête, VVAA: parece que los libros en otros idiomas copan este año. Esta es una antología de poemas de muchos autores con un tema en común: el amor. Dividida en tipos de amor, la edición es preciosa. Los poemas vienen acompañados de una introducción literaria. Hay de todo, desde leer a Neruda en francés hasta autores olvidadísimos, franceses muy interesantes, poemas exóticos, caligramas, surrealistas, clásicos y griegos.
La isla al mediodía y otros cuentos, Cortázar: una casi relectura, porque este año he vuelto a Cortázar, allí donde es el mejor, en los cuentos. No ha defraudado. Redescubrí formas de narrar que nunca podré volver a encontrar.
Mother Tongue, Bill Bryson: primer ensayo del año, en inglés. Y lo peor del año. Bryson se caracteriza por escribir de todo sin tener ni idea. Cuando se pone a escribir sobre el impacto del inglés en el mundo su patriotismo desaforado produce arcadas. Luego, los errores lingüísticos salpican todo el texto. Y para terminar, si has sido capaz de llegar al final, descubres que ha sido un suplicio aburridísimo.
Ishbilya-Con 2007 antología, VVAA: regalaban esta antología en la Hispacón de Sevilla, con recogidos del premio Domingo Santos y otros autores. El nivel, bajísimo. La edición, por fuera muy cuidada, por dentro llena de erratas, fallos ortotipográficos… No pude terminar algunos cuentos.
Teogonía. Trabajos y días. Escudo. Certamen, Hesíodo: cuatro poemas épicos en un libro. Maravilloso. Hesíodo es arcaico, lleno de poesía épica, y también de historia, una historia antigua que se me escapa dentro de su bella estética, impregnada de misterios.
El mundo de Odiseo, Finley: lo leí para Historia Antigua y es otra maravilla. Un ensayo genialmente escrito en el que visitamos la Grecia arcaica de mano de los poemas homéricos. Nunca me cansaré de releerlos, pero tras leer a Finley, mi visión ahora no puede ser igual.
El nuevo dardo en la palabra, Lázaro Carreter: recopilación de artículos de Carreter, sobre todo debo destacar aquellos llenos de buena crítica (no la que ahora profesan ciertos escritores desaforados), humor y puntería. Se aprende mucho y se disfruta del estilo.
La Ilíada, Homero: Qué decir. Esta vez quería algo más literal, casi poético, y me hice con la edición de Cátedra, sabiamente anotada y en verso. Una delicia, he diseccionado el texto, de arriba abajo, retrocediendo para revisitar pasajes, encajando las piezas que Finley me ofreció con su ensayo en la obra más inmortal que se ha escrito nunca. He disfrutado hasta con el catálogo de barcos.
Bestiario, Cortázar: debido a mis múltiples viajes en autobús, los cuentos han sido mis lecturas más llevaderas, así que no me quedó más que repetir con Cortázar. Creo que deben ser poquísimos los cuentos suyos que no haya leído dos o tres veces.
Los orígenes de Roma, Martínez-Pinna: si siempre he idolatrado la Grecia Antigua, he sido reticente a Roma. Este año pasado intenté superar ese rechazo inconsciente, y para hacerlo y como apoyo a la asignatura Historia Antigua, empecé con este ensayo que ahonda en el pasado mítico e histórico de Roma, los inicios. Y también hay tanto que contar…
La doble llama, Octavio Paz: bueno, ¡menudo descubrimiento! Podría decir que es el mejor libro (tras los clásicos) de este 2008. Y es un ensayo, casi de opinión. No hay nada más que un leve hilo, el amor y la pasión, que une los pensamientos y la sabiduría de Octavio Paz, pero lo lleva todo tan magistralmente que se disfruta cada frase, cada contexto. He de volver a leer al Octavio Paz ensayista.
La polis y la expansión colonial griega, Domínguez Monedero: la Universidad ha hecho estragos en mi plan de lectura, pero rescato para este informe aquellos libros que leídos originariamente por obligación o por estudio han superado las barreras y se han convertido en obras recomendadas, disfrutadas y de las que he aprendido muchísimo. Esta es una de ellas, muy bien explicado todo, sigue descubriéndome universos fascinantes.

Pasión de la Tierra, Aleixandre: y aquí llega la mejor poesía que he leído durante el 2008, aunque sea prosa. Aleixandre es enorme, sus poemas, inabarcables. Cada poemita me duraba semanas, lo repetía con una extraña fiebre y me dejaba suspendido, enloquecido por todos sus recovecos.
El lobo estepario, H. Hesse: la literatura alemana se encuentra entre mis preferidas, pero nunca había probado a Hesse, así que me decidí por su obra más famosa. Tiene dos partes muy diferenciadas, la primera es necesaria para el ambiente, la tragedia, la existencia de la segunda. Me dejó con el alma agujereada.
Jonathan Strange y el señor Norrel, S. Clarke: algo de novedades tenía que caer, en este caso ha sido una lectura muy grata. Una ucronía de quitarse el sombrero, con un inicio interesantísimo y una trama muy bien resuelta y llevada pese al tamaño del libro. Una buena historia bien contada, y muy original. Fresca.
¿Qué es metafísica?, Heidegger: no podía faltar mi dosis de filosofía pura, en este caso un pequeño tratado, enreversadísimo, que necesitó varias lecturas, pero muy interesante.
Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, Rowling: es algo personal. Empecé la saga con 11 años, cuando nadie la conocía mi padre me trajo el primer libro de EEUU. Por eso, seguía libro por libro las aventuras de Potter, no obstante, tras el retraso de la traducción y el chasco del sexto, pues el séptimo no lo compré, ni lo leí en su tiempo, lo dejé pasar, ajeno a las películas, a la histeria desatada alrededor de los libros. Y un día, en una librería lo vi, allí, ya en el estante normal, y lo cogí, y lo leí, y lo disfruté, pese a que no es el mejor, y que se nota que Rowling tenía que cerrar ya muchos cabos y que no sabe contar grandes batallas. Pero al cerrarlo, me acordé de cuando tenía 11 años, y eso es muchísimo.
Cuentos completos, Capote: me gusta Capote, pero nunca había leído sus cuentos. No tienen nada que ver con Cortázar, o casi, porque hay una atmósfera de ricos, de diálogos vedados, todos dejaban una sensación de que había un abismo oculto tras su lectura.
Frankenstein, Shelley: otro texto que he diseccionado, prácticamente he psicoanalizado a Frankenstein, monstruo y científico, y he encontrado una amalgama de morales y amoralidades. Un texto riquísimo en psicologías. Terrorífico y romántico, la estructura es una caja de muñecas rusas.
Introducción a la literatura, Amorós: pequeño ensayo muy ameno y simpático, casi anecdótico. Desde la divulgación, Amorós esparce sabiduría en un todo conjunto muy particular. Demasiado corto.
El arte de amar, E. Fromm: quería leer algo de psicología y elegí un libro muy interesante, sin duda. Tiene paralelismos con el de Octavio Paz y resulta tremendamente didáctico, pero al mismo tiempo, erudito y reflexivo.
Casa de muñecas, Ibsen: y para ir terminando el año, es el turno del teatro y de un autor que domina los espacios interiores magistralmente. Una convulsión estructural, me ha abierto los ojos al juego de tensiones dramáticas, a la esencia del ritmo, de las tensiones, del juego que mueve la acción de cualquier obra literaria.
El pato salvaje, Ibsen: esta obra de teatro me ha gustado incluso más que Casa de muñecas, llena de referencias casi simbólicas, más patética, más vital también. Ibsen es muy recomendable.
The curious incident of the dog in the night-time, Haddon: para finalizar, dos libros en idioma original. Esta novelita es muy, muy simpática y consigue atraparte en la mente de un autista sin subjetividades ni sensacionalismos ni sentimentalismos.
Favole al telefono, Gianni Rodari: cuentos en italiano cierran un año políglota. Este libro ha sido una decepción, un mal comienzo con la lengua del Renacimiento. Aunque muchos cuentos sean divertidísimos, infantiles y originales, la gran mayoría son una ida de olla sin más con nula capacidad literaria. Hay pocos que se salvan, poquísimos, y el conjunto se lastra demasiado. Pero no me ha desanimado en absoluto a no intentarlo más con el italiano.
