domingo, 3 de octubre de 2010

La otra arcilla


 

Las manos del alfarero moldean amorosamente la arcilla, renovando con cada gesto la tradición familiar. Pero la armonía del taller cruje con el primer llanto. Levanta los ojos al techo cuando estallan los gritos. Proceden del piso de arriba, donde otras manos, sin el mimo del artesano, moldean una arcilla menos maleable. De vuelta al trabajo, personaliza la pieza con tres lágrimas de barro. 

Días después descansa a la puerta del taller. Casualmente la vecina de arriba se detiene a observar las piezas expuestas, escondida tras unas gafas negras. Debajo se advierte un pantano oscuro rodeando al ojo izquierdo. 

-Extraño cántaro -señala las tres lágrimas de arcilla.
-Lola, denúncielo -responde. 

La vecina se despide y el alfarero cierra el taller. Adiós. Son dos vidas que divergen, ella preservando absurdamente la pantomima del matrimonio y él prolongando la agonía de una profesión moribunda, sin más conexión que tres lágrimas de barro.

4 comentarios:

Wersemei dijo...

Canijo, este relato me ha llegado muy adentro.
Sublime.
un abrazo!

Angelical dijo...

Sí, es de los que llegan, pero su autor es Alejandro XDDDD

Alejandro Castroguer dijo...

Gracias por vuestros comentarios. Sí, el relato como apunta Angelical es de los míos... Canijo escribe mejor, jejeje. Un saludo desde los páramos exteriores de Sevilla Escribe.

JCR dijo...

Es una constante que se repite en el ser humano, aferrarse a una vida desgastada, mantener un absurdo que nos destroza día a día y tan sencillo como obrar el cambio, la renovación, nuevos aires, pero sin embargo preferimos hundirnos en el barro.
Un cordial saludo.

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