Me
llamo Elisa y soy una de tantas mujeres que pasará a la historia por
conseguir algo grande, al menos a los ojos de los demás, pero mi
historia, la que no aparece en los libros, está llena de emociones que
nunca se escribieron, esas que siempre permanecieron ocultas a los ojos
de los hombres porque, sea en la época que sea, la manera de sentir de
una mujer no es argumento suficiente para que su nombre se escriba en
las estrellas.
Quiso
el destino que naciera hija del rey de Tiro y que compartiera mi
sangre con Pigmalión, que acabó heredando el trono, y con Ana, mi
pequeña Ana.