domingo, 11 de enero de 2009

Premio Nadal

Como todos los años en la noche del seis de enero, día de Reyes, se ha entregado el premio literario más antiguo de España: el Premio Nadal. El galardón se entrega desde 1944 a la mejor obra de habla hispana, con una dotación de 18.000 euros para el ganador y 6.000 euros para el finalista, y está organizado por Ediciones Destino (que desde 1990 pertenece al grupo Planeta).

La ganadora de este año (la 65ª edición) ha sido Maruja Torres con la novela Esperadme en el cielo, que trata de su encuentro en el cielo, una vez fallecida, con sus amigos Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán; así los tres fallecidos hablan de sus recuerdos y de sus experiencias vitales.
Según la autora ha sido un premio agridulce porque si no hubieran fallecido sus amigos no podía haber escrito este libro. Maruja Torres también ganó el premio Planeta en el año dos mil con la novela Mientras vivimos.

Por su parte el finalista fue Rubén Abella con El libro del amor esquivo obra ambientada en Madrid que habla de la falta de amor de felicidad tomando como referencia el Libro del buen amor del Arcipreste de Hita.

jueves, 8 de enero de 2009

Retrato que Ólonam presentó de Garin

Considerables particularidades caracterizaban a aquel hombre marchito, que pese a su carencia de achaques se precipitaba hacia el umbral de una segunda madurez. Bajo la amplitud de su regia túnica se encontraba una criatura huesuda, de aspecto apocado y decrépito, un árbol torcido y nudoso que a causa de su rigidez amenazara con quebrarse. La acentuada lividez de aquel anguloso rostro, consumido y caduco, parecía exponerlo como el desafortunado superviviente de una violenta erosión. Sólo en la fría dureza de sus escrutadores ojos se asentaba el último reducto consagrado a su tiránica supremacía, lugar desde donde proclamaba el desprecio y resentimiento que hacia el resto del mundo sentía. Cualquiera que ávido de curiosidad se hubiera atrevido a asomarse a ellos, habría advertido en la fijeza de su mirar una seguridad manifiestamente insólita, surgida de la nada para alimentar un ego insaciable que no tardó en adoptar forma definida. Y así fue como a lo largo de los años creció, hasta concebir la infranqueable coraza interior que con orgullo portaba.

Constantes y encarnizadas fueron las batallas en las que habría de lidiar para cosechar victorias. Conduciéndose con la firmeza de un general siempre dispuesto para acaudillar con singular maestría profusos y compactos ejércitos de palabras difíciles de acallar, con las que este antiguo bastión protocolario era capaz de despedazar, sutilmente y a la vista de todos, al más encomiable adversario.

Reiterados triunfos lo hicieron merecedor de tan consabida gloria, dejando a su paso una acentuada estela de temor y admiración, induciendo a los huéspedes enviados a esta casa a solicitar ser tutelados por él. Sin haber llegado al término de sus días, aquel verdugo de voluntades ya se había hecho merecedor de que su nombre fuera evocado por propios y ajenos; no habiendo de faltar valedores de su memoria llamados a narrar como improvisados trovadores un interminable cúmulo de gestas dejadas a su paso, en las que el grado de admiración o desprecio atribuido dependerá únicamente de la procedencia del historiador.

En cualquier caso no cabe el extenderse mucho más, puesto que por pocas que fueran, demasiadas serían las palabras empleadas para un hombre que se entregó en vida a enmudecer a los demás. Es por ello que trataré de abreviar en lo que resta, sin entrar en más detalles que los necesarios.

Dadas las circunstancias, habría de ser el prolífero eco otorgado por su renombre, quien se encargó de que su reputación no estuviera exenta de presas.

De todas partes acudieron enjambres de codiciosos diplomáticos, que privados de sensatez venían a gallear ante él; neófitos cazadores dotados de un arrojo absurdo, que se precipitaban al enfrentamiento para inmolar la escasa reputación que hubieran podido adquirir, en un vano intento de cobrar una pieza que les reportaría el reconocimiento de sus casas.

Solo el que hoy regenta La Casa de Alerna consiguió, además de resistir, llevándose consigo su dignidad intacta, salir airoso de un reñido encuentro, siendo de entre todas las confrontaciones, la que perdura en el recuerdo como la más encarnizada.


Presentación de la antologia "El Aljarafe y el vino"

El próximo día 9 de enero, a partir de las 20 horas, en el Salón de Actos del Círculo Mercantil e Industrial (c/ Sierpes, 65, Sevilla), se procederá a la presentación y posterior lectura poética de la antología : El Aljarafe y el vino de Francisco Vélez Nieto y Editorial Aconcagua, en el que intervendrán poetas y poetisas que forman parte de la misma. Entre los que se encontraran autores como: Martín Lucía, Antonio Muñoz Maestre, Pedro Luis Ibañez Lérida y Saray Pavón Márquez.

La entrada es libre y gratuita.


Esta antología se compone de prólogo y treinta y tres poetas de distintas generaciones y geografías, desde los clásicos hasta los más contemporáneos. Un muestrario de rico contenido entre lo clásico y lo popular en homenaje a lo que forma parte de nuestra cultura milenaria. Mostrar que el vino fue adorado y cantado por grandes poetas a través de la historia, en el ayer perdurable y hoy por poetas de todos los tiempos.

La fecha de la edición para el libro es diciembre de 2008, con motivo de ser el tiempo donde el mosto es un gesto de rica materia y no menos interesante historia. Paralelamente, protagonismo del boca a boca popular, que salta por encima de las limitaciones geográficas…

Muere Harold Pinter, Premio Nobel de literatura en 2005

El pasado 24 de diciembre, a la edad de 78 años, falleció el dramaturgo británico, Premio Nobel de literatura en 2005, Harold Pinter, tras perder su personal batalla contra el cáncer de hígado que padecía.

El autor, al que se engloba dentro de la generación de Jóvenes Airados, y que a lo largo de su vida combinó la escritura con la interpretación y dirección teatral, llegó a firmar obras tan relevantes como La fiesta de cumpleaños, The Caretaker o Viejos Tiempos, además de varios guiones cinematográficos.

Después de una vida de compromiso social y político, sus últimas manifestaciones en este sentido fueron para posicionarse firmemente en contra de la guerra de Irak y del papel de su país en dicho conflicto, llegando a decir del ex Primer Ministro Tony Blair que era “un criminal del guerra” o refiriéndose a los Estados Unidos como “un país dirigido por una pandilla de delincuentes”.

lunes, 5 de enero de 2009

Ojos azules

Bob se había acostumbrado a vivir de la muerte, por eso asumió la suya propia con naturalidad y con la resignación de quien pierde la partida en su juego favorito. Sin rencor, casi con indiferencia, incluso con cierto aire de disculpa, Bob exhalaba sus últimas bocanadas de aire en un charco de sangre, al tiempo que repasaba mentalmente la trampa tendida por su adversario.

Después de dos décadas como matón y asesino a sueldo, Bob ya no recordaba a la mayoría de sus víctimas. A la muerte se le va perdiendo el respeto cuando se convierte en una compañera de trabajo cada vez más habitual. Por eso no le sorprendió la torpeza cometida aceptando aquel curioso encargo. Curioso porque Bob conocía a todos los que en la gran ciudad tenían algo que decir en la oscura economía paralela que alimentaba fortunas en base al tráfico de drogas, de armas, al juego y a la prostitución… y éste era un caso que nada tenía que ver con aquel sórdido mundo. Su cliente era un anónimo jubilado que recurría a él para acabar con la vida del amante de su esposa. Bob sugirió que se ocupara él mismo, pero la suma ofrecida era inusualmente alta, y ya que su víctima se trataba de un respetable y aburguesado contribuyente, los riesgos de su trabajo se veían notablemente reducidos. Bob encontró algo familiar en los ojos azules del viejo despechado, algo familiar que, sin embargo, no despertó la alarma en su instinto profesional. Su “menguado” instinto, comprendió mientras esperaba la muerte, desangrándose lentamente sobre el suelo del salón de una vulgar casa de clase media. ”Estás viejo, Bob”. Ojos azules, tristes y olvidables de un ciudadano anónimo.

Su cliente convino que acudiese a su casa aquella noche. Allí encontraría a su esposa y al amante de ésta. El jubilado, que a su despecho no obstante se imponía cierto sentido práctico, quería que el asalto pareciese un intento de robo; él mismo sería un sospechoso demasiado evidente para la policía. De forma que Bob, vestido con pasamontañas y guantes, entró en la casa forzando con sigilo la puerta trasera. Se dirigió al despacho, en el que el jubilado guardaba algunas pocas joyas y reliquias familiares de valor considerable. Tras sustraerlas, Bob se dispuso a subir hasta el dormitorio, desde el que llegaba una música alegre, para descargar una vez allí su automática sobre el desdichado amante. Pero cuando atravesaba el salón a oscuras, la voz de su cliente le sobresaltó. El asesino alzó el arma y la bajó tan pronto como se encontró con él.
−¿Qué hace usted aquí?
−Cambio de planes –dijo su cliente, justo cuando un disparo sonó detrás de Bob y éste caía desplomado con un agujero que le atravesaba la espalda hasta el pecho. Desde su forzada posición de muñeco inerte, Bob pudo ver a una señora que portaba el revolver humeante. Los ojos azules, tristes y olvidables se posaron frente a su rostro.
−¿Recuerdas a Charlie? A mi hijo… siempre fue un muchacho problemático. Pero no merecía morir.

Bob se juró que nunca volvería a olvidar el rostro de su víctima. Y cumplió su promesa.



Autor: Ernesto Fernandez

Correo elctronico: ernst1976(arroba)hotmail.com

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