sábado, 5 de junio de 2010

Velatorio


Sevilla, barrio de la Macarena, en un cuarto de una pequeña casa de un corral de vecinos. Una fila de mujeres enlutadas y compungidas va presentando sus respetos a Juanito, el hijo de la difunta viuda, que ha estado viviendo con ella desde su nacimiento hasta sus casi cuarenta años. El pobre parece absorto por la terrible pérdida que lo ha dejado solo en el mundo, y no reacciona ante las palabras y los gestos de los que se acercan a él…

–¡Ay, Juanito, que pena más grande! –exclama una mujer al tiempo que hunde la cabeza del recién huérfano en la mullida voluptuosidad de su pecho.

“Y que lo digas, Clara. No hay pena más grande que la del que nace hijo de una bruja posesiva, tacaña, envidiosa, cotilla, maliciosa, manipuladora, resentida, amargada y todo lo peor que te puedas imaginar.”

–¡Ay, Juanito, qué buen hijo has sido! ¡Eso es cariño, estar con una persona hasta el final! –dice la mujer que toma el puesto de Clara en la ronda de achuchones.

“Sí, hasta el final. Pero supongo que la cosa no habría sido así, y yo tendría ahora una vida normal, si no fuera por el arsenal de artimañas sucias del que hizo gala mi madre para frustrar todas mis relaciones.”

–¡Ay, Juanito, que muerte más repentina e inesperada! –solloza una tercera vecina achuchadora.

“Tampoco tanto, Pilar, que llevaba ya casi dos meses planeando la muerte accidental cuando se me ocurrió la idea del enchufe en mal estado.”



2 comentarios:

Alejandro Castroguer dijo...

Canijo, el micro relato es sencillo, directo, una puñalada baja... vamos, como la vida misma. Exento de alardes técnicos, muestra una radiografía exacta de la realidad de muchos velatorios.

Me ha gustado mucho. Enhorabuena, maestro.

Canijo dijo...

Gracias, shurra.

Qué buenos eran estos juegos que hacíamos en OJ (como supongo que en tantos lados), lo de una palabra, o circunstancia o lo que sea, un límite de extensión, y a currarte tu micro. Siempre se apredía algo mientras pasabas un rato entretenido con los colegas.

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