jueves, 17 de junio de 2010

Tragedias personales


No hace mucho leí una entrevista al eminente psiquiatra sevillano Luis Rojas-Marcos, en la que venía a afirmar que a una persona no le hace más fuerte haber sufrido una tragedia personal grave y que, de media, un ser humano está preparado para vivir dos grandes conmociones en su vida.

Él es el experto, y por lo que se de su trayectoria profesional, me merece gran respeto y admiración, aunque, como tantas otras especialidades, la psicología no es una ciencia exacta ni se pueden establecer teoremas matemáticos.

No estoy de acuerdo ni con una ni con otra afirmación.

Conozco gente interesantísima que no ha vivido grandes tragedias, no quiero decir nombres. Y conozco gente apesadumbrada por una vida muy difícil que, sin embargo, no termina de dar gran sentido a su vida ni a la de los demás.

A pesar de todo ello, estoy convencido que el haber pasado por una situación límite enriquece. Es jodido, pero es así. Debe ser así.


La cuestión es poner la frontera a lo que es tragedia respecto a lo que son los golpes puñeteros que la vida nos va dando, porque sabemos que hay quien se ahoga en un vaso de agua.

A los que, por ejemplo, nos dejaron jóvenes, contra todo pronóstico, tras una larga enfermedad, siendo nosotros adolescentes, les debemos, al menos, el regalo de haber comprendido qué es lo que es importante en esta vida y qué es lo que son pamplinas.

La belleza de la vida se entiende en toda su plenitud, desgraciadamente, cuando has conocido el precipicio.




1 comentarios:

giLiXiTa dijo...

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