martes, 29 de junio de 2010

Perdonavidas

Si hay algo que no soporto en los demás es la mirada por encima del hombro. No digo sobre mí, sino sobre el mundo.

Clasificar por con quién te mueves y sacar conclusiones gratuitas por un gesto.

Sin derecho al error.

La vida es más sencilla que todo eso.

Recuerdo la época en que comencé a salir con los amigos de copas, tiempos de bachillerato.

Ya por entonces me sublevaban las chavalitas que te despreciaban por ir con un par de copas encima un viernes por la noche.

'Yo no necesito beber para divertirme', sentenciaban.

Con frases rotundas pretendían clasificar a una persona que, simplemente, les había hecho algún comentario inocente en una noche adolescente.

O esos compañeros de trabajo que te sueltan '¿ya te vas?', cuando la noche ha caído hace rato y lo único que hacen ellos es rellenar sudokus en espera de que el jefe salga y los vean 'trabajando'.

No soporto las sonrisas falsas de desprecio, ni la gente estirada que se declara tolerante por simular su intransigencia.

Me desagradan los que hablan sin escucharte, aquellos que consideran que no hay vida fuera de un matrimonio por la iglesia y cuatro niños, los que presumen de nómina y modelo de coche, la gente que critica los excesos que ellos quisieran cometer, los que ven en el sexo pecado, aquellos piadosos que se cagan en los negros o las ecuatorianas. Los que quieren verte por cómo vistes, por dónde naciste y no por cómo piensas, que te definen por tu trabajo y no por cómo te llevas con tus amigos.

A mí me gusta el alcohol para desinhibirme de vez en cuando, el sexo porque sí, reconocer que, en algunos momentos y por instantes, me da miedo vivir; y estoy por la ruptura de las reglas convencionales que no llevan a otro lugar que al encorsetamiento.

Pero, por encima de todo, no soporto a los perdonavidas.



3 comentarios:

Sharly dijo...

Como casi siempre, coincido contigo. Felicidades, eres un filósofo moderno y para colmo escribes bien.

Eva Batista López dijo...

Un muy buen discurso! Sí señor, yo tampoco los soporto.

Gazpacho dijo...

Yo creo comprender a los perdonavidas, aunque no comparta con ellos esa actitud o sentimiento: ellos tienen miedo. Miedo de la gente que vive la vida a su manera, con los cojones que les pueda faltar a ellos para vivirlas a la suya en lugar de responder a lo que la sociedad les deja en bandeja.
Gran texto.

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