miércoles, 12 de mayo de 2010

¡SIGUIENTE!


Por favor, sea breve, dijo y cerró los ojos a las brillantes luces del quirófano esperando dormirse cuanto antes. Pero siguió escuchando las risas de los médicos y los enfermeros, al parecer era el cumpleaños de alguien. Aquellos médicos tenían unos pañuelos de colores sobre la cabeza y aquel quirófano más bien parecía una oficina atestada de trastos y de gente que iba de un lado para otro. No quería abrir los ojos y volver a deslumbrarse con las luces del techo y descubrir que la camilla tenía desconchado parte de los tubos de ¿aluminio?, porque sentir que para aquellas personas desconocidas, lo que le estaba ocurriendo era algo cotidiano, no lo tranquilizaba. Eran médicos, su operación era rutinaria, aunque parecía que algunos indicadores no andaban bien, el potasio, la velocidad de coagulación, esas cosas que uno no acaba de comprender. No era la primera vez que intentaban operarle, ayer lo volvieron a subir a planta. Pero, bueno, el índice de éxitos en ese tipo de operación era muy alto, era ¿joven? y no tenía otras enfermedades asociadas. El doctor M, realizaba doce operaciones como esa, a la semana. Se ve que el anestesista se lo toma con calma porque no me duermo. Bueno aún veo que están poniendo un ordenador con pantalla impresionante (parece de Apple, todo blanco), a los pies de la camilla. Como todo se va a hacer por laparoscopia, o era labaroscopia, tengo que buscarlo en el diccionario. Estos trapos verdes que me cubren están un poco andrajosos, seguro que limpios pero no muy nuevos, ya se sabe que estas clínicas concertadas tienen recortes, la crisis, los que se engordan el bolsillo. Enfrente la pared tiene humedad y la pintura está levantada. Oigo cumpleaños feliz, seguro que está apagando las velas. Pronto es el cumpleaños de mi hijo, ¡que veloz pasa el tiempo! No me imaginaba al doctor M tan mayor, si parece mi padre, pero es encantador, no como en la otra clínica donde me iban a operar dentro de 3 meses. Me hubiera muerto de dolor. Pero no me lo imagino con el pulso firme para cortar, coser, decidir en segundos. Ahora trabajan en equipo, seguro que él solo supervisa la operación. Tengo la manía de pensar que los mayores no se desempeñan bien en su profesión, nos han metido la idea de la juventud y no nos fiamos de los viejos. Sin embargo yo me considero más capaz ahora que antes y tampoco soy un jovencito, hasta creo que me equivoco menos y sé mejor lo que quiero.
-Ya puede abrir los ojos, está operado, todo ha ido bien, a pesar de que estaba en bastantes malas condiciones.
-¿Me oye? Señor F, todo ha terminado. Ahora le dejaremos aquí para que se recupere de la anestesia antes de subirle a planta. Sus familiares han sido informados.
Después de todo ha sido mejor de lo que esperaba, vuelvo a estar aquí. El doctor M me sonríe.
-¡Vamos desalojen el quirófano 8, lleven al señor F a planta!


2 comentarios:

Paul Auster dijo...

cuánto tiempo te ha llevado escribir esto?

Eva Batista López dijo...

Seguramente mucho más que a tí en hacerme un comentario tan rico y constructivo.

Gracias ;-)

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