jueves, 27 de mayo de 2010

El duelo




Lo veía envejecer poco a poco. Primero fueron las marcas de expresión, que con el tiempo se convirtieron en arrugas. Después las canas en las sienes y la frente despejada. Mañana tras mañana lo tenía ahí delante, mirándole con cara de asco.
Cuando ya no pudo soportarlo más, le retó a un duelo con pistolas antiguas de bala única. Darían diez pasos y después se girarían. Un par de pasos antes del final escuchó el disparo.

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