jueves, 15 de abril de 2010

El viejo y el mar , de Ernest Hemingway (reseña e impresiones cruzadas)

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Tenía ganas, muchísimas ganas de leer este clásico. Algunas veces por A, y otras por B, nunca lo hice…, hasta ahora.
Puedo decir también, que mis ansias por leerlo se acrecentaron después de que mi vida, por causas personales, estrechara relaciones con Cuba; puesto que allí se desarrollan los hechos de la novela y porque en la Habana pasó el autor buena parte de su vida.
Se dice que esta historia la basó Hemingway en un hecho real que llegó a sus oídos.
La novela es corta, bastante corta; aún así, en ella podremos vivir todo tipo de sensaciones que nos mantendrán con el alma en vilo. Hemingway supo transmitir con sus palabras una ola, un maremágnum de sentimientos, que van desde la desesperanza, la soledad, la voluntad, el pesimismo, el optimismo, el peligro, hasta el compañerismo. No en vano le concedieron el Pulitzer y el Premio Nobel a este gran autor.
En las páginas de la novela describe con sencillez, pero con fuerza, la historia de Santiago. Un anciano pescador que ya ha vivido sus mejores días, y que lleva más de ochenta días sin pescar. La gente ya le cree acabado, rehúyen su compañía porque opinan que la mala suerte le acompaña. Sólo un joven, Manolín, el muchacho, que aprendió a pescar con él, y que le tiene un afecto muy especial, parece preocuparse por el viejo y ayudarle.
Una mañana, Santiago coge su barca y se adentra en la mar, a la que respeta y admira a partes iguales. Será entonces cuando comience una verdadera aventura, llena de soledad y de peligros, que durará varios días, más de los que él jamás pensó, y en la que se verá que el hombre nada puede hacer contra los avatares del destino.
Hemingway traza, con pocas pinceladas, en qué consiste el arte de la pesca, como él lo llamaba. Y hace que, de una historia que no podría dar mucho de sí por la simpleza de su argumento, se nos encoja el corazón de tal manera que pasemos las páginas con vertiginosa rapidez.
Si a eso le sumamos el plus de la descripción tan detallada que el escritor hace de la sociedad cubana de la época, nos encontramos ante una novela que debería ser de obligada lectura para todo el mundo.
Desde Sevilla Escribe, os invitamos a adentraros en la historia de Santiago, aquel pescador cubano que llevaba más de ochenta días sin pescar un pez.
Juande Garduño

Genio ¿al escribir o al interpretar?

Breves impresiones sobre la novela El viejo y el mar de Ernest Hemingway

Este verano escogí a Ernest Hemingway como compañero de viaje y resultó ser una elección decepcionante. Ganadora del premio Pulitzer, motivación suficiente (imagino) para que le otorgaran la medalla del Nobel, y proclamada (por él mismo y por la crítica) como la mejor obra de su carrera, esta lectora esperaba encontrar entre las páginas de El viejo y el mar algo más que el relato simplón que encontré.

Para colmo, descubro en su biografía que la novela, lejos de ser original, partió de una historia que le contaron allá por el año 1935 en Cuba. Y digo yo que , ya que los hechos eran reales, y no tuvo que "molestarse" en pensar los giros o el desenlace que hicieran rica su narrativa, ya podía haberse esmerado en la cantidad de descripciones que aparecen en sus páginas.

Por mucho que lo intento no encuentro otro adjetivo para su modo de contar las cosas y para la sensación que me dejó en el cuerpo tan ensalzada obra que el de relato simplón. Es más, podría haberlo escrito el pescador cubano al que le sucedieron los hechos y el resultado hubiera sido exactamente el mismo.

Pero claro, aquí no acaba todo porque después de leer me gusta a analizar y es entonces cuando todo se lía y se perfila esto que estoy escribiendo.

Dando un voto de confianza al buen hacer literario de este autor en esta obra concreta, rizo el rizo y me esfuerzo en buscar esas lecturas escondidas que debería de tener para merecer tanta fama.

Puedo llegar a la conclusión de que Ernest Hemingway ha plasmado la batalla temporal en el ámbito de la pesca, con ese enfrentamiento entre las distintas formas de las artes y cómo el viejo se resiste a dejar las tradiciones para asumir el progreso.
Puedo, incluso, pensar que es la lucha del hombre contra la naturaleza. Hombre y animal midiéndose frente a frente, como en las corridas taurinas que tanto le gustaban.

Y ahora es cuando presento la idea que me hace darle vueltas a la cabeza (a lo Regan, literalmente) porque todo lo que yo saque no anula lo simplón del relato.

Son sólo análisis posteriores que, si bien engrandecen la obra, no nos garantizan que en realidad el autor quisiera plasmar algo más allá de las peripecias de un viejo pescador.

Quizás el mérito de algunas obras no sería el mismo sin esas lecturas ocultas que las ensalzan. Quizás, en según que obras, el verdadero mérito literario está en el que con su análisis descubre más de lo que el escritor dijo.

Y entonces pienso: ¿no nos estaremos equivocando al dar por supuesto que las conclusiones que sacamos (o leemos) son a las que quiso llegar el autor?

Ángeles Mora

2 comentarios:

Historias dijo...

Lo más destacable de Hemingway no es lo que dice, sino lo que no dice.
No hay que olvidar su teoría del iceberg.
Siempre recomiendo su relato "Los asesinos". Para mí, una obra maestra.

Angelical dijo...

Hay casos en los que el silencio del escritor es escudarse en que sea el lector el que haga todo el trabajo. Vale que puede llegar a ser un recurso fantástico, pero en casos como este, creo que lo usó mal y "dejó de decir" demasiadas cosas.

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