sábado, 3 de abril de 2010

Adéntrate en el mundo del Terror

Sumérgete en el mundo del Terror.


Sonaría ridículo decir que existen unas reglas, o unas premisas, que nos lleven al éxito seguro si queremos escribir un relato de terror; pero a lo que sí nos atrevemos es a formular unos trucos que nos ayuden a emprender esta gran, y siniestra, aventura.
Para ello hemos hecho una síntesis de lo que ya nos aconsejan autores de la talla de H.P.Lovecraft.

La importancia de lo desconocido.

¿Nunca habéis pensado que Milenio 3 daba mucho más miedo escucharlo por la radio?¿No da mucho más miedo una sombra que te acosa, una sombra sin forma, que un hombre del cual se nos describe su apariencia? Nuestra imaginación es el verdadero protagonista en los relatos de terror, y por eso nunca está demás dejar las descripciones “ a medias”. Tampoco caigamos en el error de pensar que lo conocido no nos causa miedo; hay descripciones, minuciosas y siniestras, que nos pueden hacer temblar. Pero ahí entran temas como el clímax, y los recursos literarios, que comentaremos seguidamente.
Sin embargo, si queremos llevar a cabo un relato misterioso y fosco, es bueno tener en cuenta que los temas que mejor se prestan para este tipo de literatura son aquellos que ignoren las leyes naturales, y que nos acerquen quizás al esoterismo. El añadir datos que no se puedan comprobar, pero sean creíbles, es un punto más.

Cito H.P.Lovecraft: (…)“Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques perdidos, las fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros: Poe, Dunsany, Arthur Machen, M.R. James, Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos, e insignificantes aficionados, como yo mismo.”(…)


El antagonista

Aunque no sea muy correcto, llamemos “antagonista” a nuestro causante del miedo; a nuestro monstruo sin forma, a la sombra, al asesino, al corrupto, a la femme fatale, incluso a nuestra mente retorcida o maltratada.
Podemos adivinar, que lo que más nos asusta es no conocer del todo sus intenciones, no saber dónde aparecerá, bajo qué disfraz escurridizo nos lo podemos encontrar. Sin embargo no puede ser algo irreal hasta el extremo, debe tener una razón para hacer lo que hace, una meta, un objetivo. Y sobre todo, nos asusta el dolor que pueda causarnos, ya sea físico o psíquico.

Si algo terrible es, además, imparable y está decidido a conseguir lo que se propone, entonces es doblemente terrorífico, porque sabemos que acabará con todo lo que se interponga en su camino. Lo bueno de los antagonistas ficticios, es que como no conocemos su naturaleza tampoco conocemos sus debilidades ni sus reacciones, y esto es sin duda otra clave en este tipo de relatos.
Si nos fijamos da pánico todo lo que no es cuantificable; no sabemos cuánto dolor causará, ni cuánta fuerza física o psicológica tiene, ni qué es lo peor que nos puede hacer. Sólo sabemos que causa daño, que es fuerte y que su mente está llena cosas desagradables.

Cito un fragmento de “El tren de la carne de medianoche”:

(…)“La mano del padre aún aferraba la cara de Kaufman; le metió el dedo índice en la boca y se lo hundió en la garganta, agarrando con la uña la raíz de la lengua. La intromisión de dio nauseas, pero no le quedaba voluntad para repeler el ataque.
–Sirve –dijo la criatura –. En silencio.
Se dio cuenta demasiado tarde de la intención de los dedos.
Aprisionaron repentinamente su lengua y la voltearon en la raíz. Conmocionado, dejó caer la cuchilla. Intentó chillar, pero no emitió ningún sonido. Tenía sangre en la garganta, oyó cómo le rasgaba la carne y se contorsionó de dolor.
Luego salió la mano de su boca, y los dedos escarlatas, cubiertos de baba, tenían su lengua cogida entre el índice y el pulgar delante de su cara”(…)

Estado anímico.

El estado anímico es importante en nuestro protagonista. No es lo mismo, ni reacciona igual un escéptico, que un católico, que un empresario, que una sepulturera; y así mismo no es lo mismo- valga la redundancia-, ni reacciona igual, una persona recién llegada de unas vacaciones en Punta Cana que el camarero de aquel restaurante tan conocido.
El estado angustioso, preocupado, estresado, nervioso, alterado, etc del personaje nos va poniendo ya a tono y nos lleva directos al clímax en el cuál se desarrolla la trama.
Es importante que nos podamos sentir identificados con esas sensaciones; una persecución en la noche, unos pasos que se dirigen a nosotros por la espalda, el viento en las ventanas.

Una serie de sonidos, que sólo toman forma real en nuestra imaginación, y que provocan sin duda un estado anímico del todo anormal e incómodo. Es aquí cuando todo lo anterior: mente y antagonista, se cogen de la mano con los sonidos y la soledad del momento –es sabido que a un gran número de personas les asusta la soledad, sino es a todas- , transportándonos automáticamente a un mundo de monstruos y/o villanos.

Cito un fragmento de “Silencio” Edgar A.Poe:

(…)" - Escúchame - dijo el demonio apoyando la mano en mi cabeza -; la región de que hablo es una sombría región de Libia a orillas del río Zaire. Y allí no hay ni calma ni silencio. Las aguas del río son de un tinte azafranado y enfermizo y no corren hacia el mar, sino que palpitan eternamente bajo la pupila roja del sol con un movimiento tumultuoso y convulsivo. A lo largo de muchas millas, a ambos lados del legamoso lecho del río, se extiende un pálido desierto de gigantescos nenúfares. Suspiran entre sí en esa soledad y dirigen hacia el cielo sus largos cuellos espectrales, mientras inclinan a uno y otro lado sus cabezas sempiternas. De ellos se levanta un rumor confuso que se parece al rugido de un torrente subterráneo. Y entre sí, suspiran. Pero su reino tiene un límite, el límite de la oscura, densa, horrible selva. Allí, como las olas en torno a las Hébridas, la maleza está en perpetua agitación. Pero ningún viento agita el cielo. "(…)
Los orígenes.
Para poder adentrarnos de lleno en el tema del Terror, primero hay que empaparse del mismo. Si queremos escribir un buen relato tenemos que procurar conocer el tema lo mejor posible, al menos de esa forma parece lógico que cueste menos ponernos en marcha. Un escritor profesional es, o “debería” ser, un lector profesional.


Así pues citamos de la Wiki:
(…)”La novela de terror, es un subgénero dentro de la novela, que es a su vez un subgénero de la épica o narrativa. Su principal característica y rasgo distintivo es el cultivo del miedo y sus emociones asociadas como principal objetivo literario. La novela de terror es uno de los formatos habituales en los que se presenta hoy en día la nueva literatura de terror gótico.
Las características de este género pasan por una ambientación romántica: paisajes sombríos, bosques tenebrosos, ruinas medievales y castillos con sus respectivos sótanos, criptas y pasadizos bien poblados de fantasmas, ruidos nocturnos, cadenas, esqueletos, demonios... Personajes fascinantes, extraños y extranjeros, peligro y muchachas en apuros; los elementos sobrenaturales pueden aparecer o solamente ser sugeridos(…)


Realmente no es esta la historia, hay mucho más, y nosotros sin duda recomendamos un poco más de investigación –porque en realidad nunca será suficiente-.

Lo que sin duda sí esperamos, es que este haya sido un buen comienzo que darle al increíble y extraordinario mundo de lo siniestro.

Y para terminar, dejemos que H.P.Lovecraft nos cuente cuál es su secreto a la hora de enfrentarse al papel y a la “horrible” idea que tenemos en mente.
(…) “Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

1) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

2) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto anterior, es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad (palabras, párrafos, incluso episodios enteros), conservando el orden preestablecido.

4) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

5) Preparar una copia; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.”(…)

Gracias Howard; GenZero seguirá tu consejo.



Originalmente publicado en el suplemento "Noviembre de terror" de Generación Zero nº1.

2 comentarios:

Canijo dijo...

Bueno, Eva, yo esto me lo leí de GZ, por aquí no hubiera podido por lo del tipo de letra que te comenté y que no sé cuánta gente ve mal (en los sitios donde te comente no lo han cambiado, con lo que entiendo que no a todo el mundo le pasa).

Y bueno, respecto a los consejos, yo la verdad es que todos estos listados y artículos me los leo con mucho interés, intentando que se me queden, pero luego a la hora de la verdad, cuando perpetro mis relatillos, no soy capaz de seguirlos, al menos conscientemente. Ahora, lo que se me quede y haga inconscientemente ya es otra cosa... En fin, que seguiré leyéndomelos con interés, a ver qué se me queda...

Eva Batista López dijo...

Jeje Hola Canijo! Lo de las entradas me lo apunto a ver si consigo editar una decentemente. (siento la lata).

En cuanto a lo de los consejos, pues como bien has dicho justamente son lo que son, algo subjetivo y que más allá no pueden ser una pauta o una forma "correcta" de escribir terror. Hay que tener siempre en cuenta que estas "reglas" son muy subjetivas, que cada escritor es un mundo. Si acaso es cierto que siempre se aprende algo nuevo, y que quizás te sirva de inspiración si un día no sabes bien por dónde empezar y tal. En fin, para mí es muy interesante ir investigando un poquito cada género e intentar sacar algún que otro truquillo (si es que lo hay) para ayudar en lo que se pueda.

Un abrazo!

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