miércoles, 27 de marzo de 2013

Crónicas de lo despatarrante 5: extraterrestres, incordiando desde más allá de las estrellas



Extraterrestres, los visitantes que han fascinado a la humanidad desde el mismo nacimiento de ésta y que se han visto plasmados en su tradición y en sus costumbres; hoy en día, iconos y modas aupados a esa bestia que todo lo puede y que llaman Hollywood. Extraterrestres, el misterio del que unos reniegan, pensando así conjurar una verdad que sigue al otro lado y que a otros ha marcado profundamente, hasta convertirse en el estigma de sus vidas. Extraterrestres, quizá llamados dioses por nuestros ancestros, los supuestos autores de tantas maravillas de la antigüedad que aun hoy quitan el aliento y nos dejan sin respuesta ante tanta imposibilidad técnica, ante tanto misterio despachado con la primera explicación a mano. Extraterrestres, el tabú de los gobiernos y las agencias espaciales y de inteligencia, que niegan acceso a esa información que todos sabemos que poseen, quizá, quién sabe, porque el impacto de la verdad sería tan fuerte en este mundo de racionalismo irracional que nuestra sociedad no podría soportarlo.

                Hoy vamos a tratar de extraterrestres, sí, y de abducciones también, quizá la más aterradora de sus manifestaciones. Estos sucesos, a veces recordados en sesiones de hipnosis regresiva, o como imágenes que surgen del pasado después de haber estado perdidas por años, o también echándole un poco de imaginación al asunto tras una noche de excesos y amnesia, suelen ser achacados a la paranoia o a cualquier otro error de la mente, algo posible según dicta la ciencia. Pero qué hay de esas almas sumidas en la angustia, del dolor, de la sensación de inseguridad, de los desórdenes sexuales derivados según el tratamiento recibido. Son tres los testigos de esta realidad que tenemos hoy aquí, tres de esas víctimas, auténticas o no, que vienen a darnos su testimonio.

Y frente a ellos, enarbolando el pendón de la ciencia y el racionalismo bien entendido, el auténtico, el único e inigualable, doctor Cabrero, amigo personal y colaborador de estas Crónicas de lo Despatarrante, que tratará de extraer la verdad y el posible misterio de estos singulares casos aplicando su novísima teoría de la cura por humillación.

Crítica de "El sueño del otro" (Juan Jacinto Muñoz Regel)


Publicada en Acantilados de papel y OcioZero

Sinopsis: Xavier Arteaga es un profesor de instituto que cada noche sueña ser André Bodoc, un director de informativos. André Bodoc es un director de informativos que cada noche sueña ser Xavier Arteaga, un profesor de instituto. Pero ¿quién sueña a quién? ¿Quién es real y quién está siendo soñado?


Xavier es un hombre gris, divorciado y con un hijo, que ha visto cómo lo poco que le daba la vida le ha sido arrebatado. Su deseo es recuperar lo que tuvo una vez o construirse un futuro mejor, pero la crisis nerviosa que le provoca soñar con la vida de otra persona lo terminará empujando a todo tipo de persecuciones. Perseguirá respuestas, perseguirá a personas, perseguirá a André Bodoc. André es alguien que conoce el éxito, un profesional de los medios de comunicación versado en las maneras de contar, interpretar e incluso manipular los hechos. Cuando también acabe perdiendo el control de sí mismo, su obsesión será demostrar hasta qué punto es ilusorio eso que llamamos realidad. ¿Qué es falso y qué es verdadero? En la convulsa sociedad actual, cuyos síntomas no parecen sino el reflejo de la propia enfermedad de los protagonistas, la espiral de progresiva desintegración acabará amenazando todo lo que los rodea.

domingo, 17 de marzo de 2013

Resignación

No eres más que una nueva herida y sobreviviré a no tenerte. La felicidad no se hizo para mí. A veces la veo como una pasajera errante que acrecienta mi angustia cuando, tras paladearla, se aleja con burlona apatía. Sólo me consuela saber que la desesperación dura un instante.

Crítica de "El retrato de Dorian Gray" (Oscar Wilde)


Sinopsis: Dorian Gray es un joven aristócrata muy atractivo que, después de haber pasado una solitaria adolescencia en el campo, regresa a Londres, donde ha heredado una mansión. Atraído por la vida nocturna, se sumerge en ella de la mano de Lord Henry Wottom, que lo conduce a los antros más recónditos y sórdidos de la ciudad. Al joven le fascina el estilo de vida decadente y amoral de Wotton. Por otra parte, su obsesión por alcanzar la eterna juventud lo impulsa a hacer un pacto diabólico: él se mantendrá siempre joven, pero las huellas del paso del tiempo y de sus terribles delitos, es decir, su degradación física y moral se reflejarán en un retrato que le ha hecho su amigo el pintor Basil Hallward.

jueves, 14 de marzo de 2013

Escora estelar II

II



Xutt es el sistema más exclusivo del universo. Nadie puede entrar en él si alguien de dentro no le ha llamado. Allí sólo viven monarcas retirados, viudas de almirantes, familias de magnates o estrellas del espectáculo. Los recursos que uno de sus habitantes gasta en una hora podrían servir para mantener a una familia del borde exterior durante un año. Así es Xutt, opulencia en su máximo esplendor, alta nobleza, grandes fortunas, honor, lujo; por eso me escamaba que nos hubieran llamado de allí, precisamente a nosotros. Pero si Roy decía que el contrato estaba en regla, es que estaba en regla, y si decía que el contacto era de fiar significaba que ya lo había rastreado por la holored hasta conocer el nombre de los abuelos del último médico que le pasó consulta. Así es Roy, con él no hay corazonadas ni presentimientos que valgan.

         Sólo hay una forma de acceder al sistema planetario de Xutt, un pasillo de entrada estrecho y vigilado por varios acorazados, destructores, fragatas y una constelación de cazas. Cualquier fragmento de meteorito que se acerque por algún punto no autorizado será desintegrado de inmediato por otras tantas naves que vigilan sin descanso los límites del sistema. Cuando se pasa el perímetro de seguridad es el peor momento para una equivocación o un malentendido. Mientras declaraba asunto y destino a los del puesto de entrada, rezaba por que ninguno de mis patanes saliera con alguna de sus locuras. Sólo en Roy confío para estas cosas, aunque a veces demuestre tener la sensibilidad de un cadáver congelado.

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