El realizador llevará a la gran pantalla la famosa obra de Dan Simmons. Scott Derrickson no abandona la ciencia-ficción. El director de 'Ultimátum a la Tierra', remake de la película homónima de Robert Wise, que pudimos ver a finales del pasado año, ya tiene un nuevo proyecto a la vista. Warner Bros. y GK Films han elegido a Derrickson para que dirija 'Hyperion', la versión cinematográfica de dos de las novelas de Dan Simmons, "Hyperion" y "La caída de Hyperion", que conforman la tetralogía "Los Cantos de Hyperion". Por su parte, Trevor Sands será el encargado de escribir el guión.La historia se desarrolla en un futuro lejano donde la humanidad se ha expandido por la Galaxia. La tecnología ha logrado crear portales espaciales que permiten comunicar diferentes lugares del mismo planeta. La aparente paz, la Hegemonía del Hombre, se ve amenazada por varias causas. Hyperion es conocido por sus "Tumbas de Tiempo", que esconden un terrible secreto referente a un sangriento monstruo que se comunica mediante la muerte, el Alcaudón o Señor del Dolor.
Esto son algunos bocetillos que que estoy haciendo sobre un personaje de un futuro cómic que me gustaría hacer, me he limitado en el movimiento de la cabeza, y en cuanto a las expresiones no me he molestado demasiado la verdad. El pelo es algo que no se me da bien, por eso he intentado varios modelos aunque la mayoría no me gustan, en fin, seguiré probando hasta que me salga.
Soltó el lápiz sobre la mesa. Seguía mirando el papel fijamente como si no estuviera seguro de aquello, hizo un gesto intentando arrugar la hoja, era ya demasiado tarde para arrepentirse. La guardó en un cajón, echó la llave, se la tragó y se fue al salón. Su final estaba cerca y no podía hacer nada para evitarlo.
−Cariño, a comer −una voz femenina procedente de la cocina lo demandaba mientras él se arrastraba al comedor apesadumbrado− date prisa que se te va a enfriar, es tu plato favorito: chuletas al roquefort.
−¡Ufff! Me encuentro fatal con el estómago, no tengo ganas de comer, mejor me voy al dormitorio y descanso, seguro que mañana estoy mejor y puedo degustar esas chuletitas.
−No te preocupes, te haré un caldito para que no te acuestes con el estómago vacío, vete a descansar que ya te lo llevo yo a la cama.
Nada había servido para evitar que su mujer consiguiera su propósito, la muerte lo esperaba con los brazos abiertos y una sonrisa cómplice.
−¡Abran paso por favor! −la policía pedía a la multitud de curiosos que dejaran pasar al inspector Salazar−. ¡Por favor! ¡Todo el mundo detrás de la cinta!
−Buenos días.
−Buenos días, señor –el agente Olivares le tendía la mano que Salazar gustoso estrechó.
−Hace mucho tiempo que no nos veíamos, ha debido de pasar algo muy gordo, o pasarle algo a alguien muy gordo –dijo sonriendo Salazar al que no le había dado tiempo de llegar a la comisaría cuando lo llamaron avisándole del suceso.
−Bueno, juzga tú mismo de qué se trata.
Ambos entraron en la casa, Salazar se volvió hacia Olivares y sonrió.
La casa era inmensa, de dos plantas y decorada ostentosamente, dos escaleras que se unían coronaban la entrada decorada con jarrones y esculturas de todo tipo.
−Se trata de la mano derecha del alcalde, por eso estás aquí, acompáñame.
Ambos subieron los escalones de mármol dirigiéndose a la primera planta.
−¿Dónde ha ocurrido el suceso? –preguntó Salazar.
−En su dormitorio.
−Algún indicio del arma homicida.
−No, por eso te hemos llamado, queríamos que echaras un vistazo antes de mover el cuerpo –Olivares suspiró−, hay algo que no me gusta en este caso.
−¿El qué?
−Ahora lo verás –dijo conduciéndolo a una habitación.
−¿Y la gente? Estamos solos, no hay ningún agente recogiendo pruebas ni nada por el estilo, ¿pasa algo?
−El alcalde ha pedido que estemos solos, sabes que con la multitud no se trabaja bien y siendo quien es hay que resolver el caso cuanto antes, por eso te he llamado.
A Salazar le molestaba que continuamente le comentara que lo había llamado, era una manera de meterle presión y de hacerle ver que era su elegido, podía haber llamado a varios inspectores pero sabía que ninguno era de su agrado, además él siempre había sido el mejor, ¿para qué llamar a otro?
El cuerpo descansaba boca arriba sobre la cama sin señal alguna de lucha o forcejeo, de su boca salía un hilillo de baba, la sábana estaba manchada de algún tipo de líquido y lo único que rompía la monotonía de la habitación era una taza de caldo encima de la mesilla de noche.
−Esa taza da mala espina –dijo señalándola y mirando a su compañero.
−Te voy a ser sincero, la mujer ha sido detenida culpada de homicidio, creemos que ha envenenado al marido.
−¿Entonces para qué me llamas?
−Para esto –dijo acercándose a la cara del fallecido− echa un vistazo a la garganta.
Salazar se acercó al cuerpo y echó un vistazo al interior de la boca del fallecido, en efecto había algo enganchado en la campanilla.
−¿Qué carajo es eso? ¿Por qué no se lo habéis quitado?
−Porque quería que lo vieras, creo que es una llave, por eso no hay nadie, piensan que se trata de una prueba crucial para resolver el caso y no querían que alguien intercediera en ella.
Olivares procedió a retirarla y la dejó con sumo cuidado en una bandejita de plata que sujetaba Salazar; la llave era pequeña y poco dentada, no parecía que fuera la típica llave de una caja fuerte o algo parecido.
−¿Qué me dices? ¿Alguna hipótesis?
−Creo que la llave no estuvo mucho tiempo dentro del cuerpo del fallecido, posiblemente fuera ingerida justo antes que el caldo, por cierto lo habéis analizado ¿no?
−Sí, tenía veneno –sentenció Olivares.
−Entonces el veneno le hizo vomitar, de ahí la mancha en la sábana, y arrastró consigo la llave dejándola en la garganta, pero ¿para qué se la tragaría?
−Por eso estás aquí −Salazar miró con cara de pocos amigos a Olivares, se giró y observó la habitación detenidamente, trataba de buscar alguna cerradura pero sólo encontró armarios y puertas sin ningún tipo de seguridad, una de ellas de la que no se había percatado le llamó la atención.
−Olivares, ve abriendo los armarios buscando cualquier cosa que tenga una cerradura, sea lo que sea es importante, aunque sea insignificante, yo echaré un vistazo a este cuartito que hay aquí –dijo enseñándole la llave
−Perfecto, que haya suerte.
La habitación era una especie de sala de estudio muy pequeña, pensó que tal vez fuera un cuarto de baño reformado para darle otra utilidad. Se acercó al escritorio y los cajones tenían cerraduras, pensó en llamar a Olivares pero se contuvo, antes quería asegurarse que era lo que buscaban. Empezó a tirar de ellos, todos menos uno se abrieron, seguro que allí había algo, metió la llave que encajó perfectamente y lo abrió, el contenido no era lo que esperaba, sólo un papel, escrito supuestamente por el fallecido, que procedió a leer.
“No sé como empezar pero me imagino que tendré que contarlo todo.
Hace unos días fui al hospital a un chequeo rutinario y me diagnosticaron cáncer, nadie lo sabe pero me quedan seis meses de vida, aunque sospecho que el tiempo puede bajar estrepitosamente; hoy iba a realizar una llamada sin saber que el teléfono estaba ocupado y escuché a mi mujer hablar con otro hombre, estaban urdiendo un plan para matarme y quedarse con mi dinero, la idea era envenenarme en la cena; inmediatamente me puse en contacto con mi abogado y cambié el testamento dejándoselo todo a mis hijos. Se preguntará por qué no la detuve o denuncié el caso, pues sinceramente que más da vivir seis meses que seis días, cuando sabes que no puedes evitar la muerte todo te da igual. Espero haberlo aclarado todo y que la persona que lea esto le diga al señor Pablo Olivares Gómez que reconocí su voz y que no va a ver ni un céntimo de mi fortuna.
Fdo. Señor López De Zúñiga.”
−Joder –exclamó− ¡Olivares! tu nombre completo es Pablo Olivares Gómez ¿no?
−Sí, pero ¿cómo coño lo sabes?
Salazar sacó su arma y apuntándole dijo:
−¡Arriba las manos! quedas detenido por ser cómplice del asesinato del Señor López de Zúñiga.
Olivares soltó una carcajada y se quedó mirando a su compañero.
−¡Hijo de puta! Sabía que al final lo averiguarías, debí llamar a otro. ¿Cómo lo has averiguado?
−Ha sido fácil, fue más listo que vosotros y dejó una nota explicándolo todo, os escuchó hablando por teléfono, cambió el testamento dejándoselo todo a sus hijos y te nombró. No ha sido muy difícil. Una última pregunta ¿cómo pensabas quedarte con el dinero?
−Fácil, la única persona que tenía acceso a la cuenta aparte de su mujer era yo, ella me había dado permiso para poder hacer uso de su dinero.
−Pero tarde o temprano te pillarían, por una cosa o por otra.
−Sí, pero para entonces ya estaría en un avión camino a una isla paradisíaca cargado de dinero hasta las cejas.
−Anda, date la vuelta, te voy a poner las esposas.
−No, de aquí sólo va a salir uno, o tú, o yo –dijo acercando la mano a la pistola.
−No lo hagas, sabes que se puede arreglar, ya nos inventaremos algo.
−Lo siento –dijo sacándola de su funda− pero no hay otra salida.
Olivares levantó la pistola para apuntar a Salazar, pero no le dio tiempo a reaccionar, Salazar disparó primero.
Un grupo de policías asustado por el ruido del disparo apareció por la puerta apuntando a Salazar.
−¿Qué ha pasado señor?
−Ahí tienen al culpable –dijo dándole la hoja al primero del grupo−. Caso cerrado, me voy a mi casa a tomarme una copa, si me necesitan para algo llámenme.
Salió de la habitación mientras los policías lo miraban sin saber qué hacer, ninguno se atrevía a mover un músculo sin antes leer la nota.
−No puede ser –pensaba montado en su coche− Olivares haciendo algo así, hay dos tipos de policías, los corruptos y Olivares, era un ejemplo a seguir, ¿por qué lo habrá hecho?
Salazar salió disparado a casa de Olivares necesitaba más información, a lo mejor su mujer también estaba implicada. ¿Y si lo hubiera hecho por ella? Tenía que darse prisa.
Salazar llamó a la puerta, estaba nervioso, no sabía cómo expresarle a la mujer toda la aglomeración de ideas que tenía en su mente.
−¿Quién es?
−Señora soy un compañero de trabajo de su marido –dijo enseñándole la placa por la mirilla−, ¿me podría abrir? Tengo que hacerle algunas preguntas.
−Ya ha cometido una locura ¿no? Está muerto ¿verdad? –dijo entre lágrimas abriendo la puerta.
−¿Cómo lo sabe? –se quedó boquiabierto, no esperaba esa respuesta.
−Pase, pase.
La mujer escuchó atentamente la historia que Salazar le contaba y comenzó a narrar la suya.
−Verá, todo empezó cuando le diagnosticaron una esclerosis muy avanzada, prácticamente la esperanza de vida era de un año o menos, desde entonces actuaba muy raro y me enteré de que había indagado si tras su muerte me quedaba alguna paga, sólo cobraba si moría de un accidente laboral, no por enfermedad, así que imaginé que haría alguna tontería para no dejarme desprotegida –la mujer que hasta ese momento había aguantado de forma casi milagrosa las lágrimas no pudo más y rompió a llorar.
−Tranquila señora, no diga usted nada de que sabía lo de su marido, diremos que lo ocultó ¿vale? Lo siento mucho, su marido era una de las personas que más apreciaba en mi profesión –Salazar se levantó dirigiéndose a la puerta perdido en sus pensamientos, después de trece años siendo inspector nunca había visto a dos personas dejarse matar de esta manera por distintos objetivos; de repente un pensamiento cruzó su cabeza: “¿Qué hubiese hecho yo en lugar de ellos?” Sacudió la cabeza para quitarse de encima la pregunta y se dirigió al coche, ya sólo quedaba llegar a casa y tomarse una buena copa, el resto era historia.
Esto es un retrato algo retocado de Ángel (palabras) todo el que lo haya visto en persona sabrá que tiene el cabello largo y liso, pero aquí lo tuve que dejar calvorotas para ver como quedaría en un cómic que tenemos ideado, el es uno de los mafiosos.
Por mucho que me molesté en bajarle las cejas para que pareciese más malvado, sigue teniendo aire de buena gente. La próxima vez le pongo un parche en el ojo... Y unos colmillos tal vez, HA, HA, HA.
Se trata de la Primera Antología de relato, ensayo e ilustración del Premio Internacional de las Editoriales Electrónicas. El Premio Internacional de las Editoriales Electrónicas presentó su antología conmemorativa del primer premio homónimo con el siguiente comunicado de prensa:
Hoy, 27 de abril de 2009, las editoriales participantes en el I PIEE hemos cerrado una puerta y abierto otra. La puerta que se cierra es la publicación de una antología que recoge los trabajos premiados y mencionados del año 2008. Sería fantástico incluir todo el material que se presentó en el concurso pero ya no caben más contenidos en este libro. Queda abierta, no obstante, la ventana a la imaginación del lector, arma poderosa con la que juegan los escritores. Así se nos despierta la lascivia y vivimos la dependencia de otro ser hasta canibalizarnos; o el horror de encontrarnos incomunicados dentro de un fallo informático. No obstante el peor de todos los horrores es el de se sentirse como el macho de la mantis antes de morir. También sentiremos la humillación y la rabia de ser tratados como simple ganado.
Después de paladear esas sensaciones fuertes, viene la reflexión serena del ensayo. Leemos la propuesta de una nueva caracterización de la Ciencia-Ficción en la que, lejos de ser beneficioso que el género se diluya en la corriente general de la literatura, se preconiza la permanencia de una CF metarreferencial y el mantenimiento de clásicos que serían una nota al margen en una historia más amplia de la literatura. Se nos invita a sentarnos en una butaca y recorrer minuciosamente la carrera cinematográfica del Planeta Rojo como protagonista del séptimo arte. Un sesudo análisis sobre la obra de Phillip Pulman, encuentra huellas de Milton y Blake y críticas a Tolkien y C. S .Lewis en La materia oscura, una obra mucho más compleja de lo que aparenta.
Y para terminar, tres ilustradores nos invitan a recorrer visualmente los increíbles mundos que crearon para cuentos y portadas de las editoriales concursantes.
Hasta aquí la ventana que queda abierta a la imaginación. ¿Recuerdan que hablamos de que se abría otra puerta? La del libro conmemorativo del II PIEE. Dada la experiencia obtenida en este primer premio se publicará más rápido que el primero. De momento permítannos mantener el suspense unos meses más. La espera valdrá la pena.
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