sábado, 13 de marzo de 2010

Deseando Amar

Estimado, Fabián. Como ves no he tardado en responder, aunque mentiría si te dijera que lo tengo claro. Supongo que estarás al tanto de mi situación. Este barrio tiene mucho de pueblo. Aunque para evitar malentendidos paso a contártelo: cuando nos conocimos acababa de romper una relación próxima a la boda. Aún hoy no olvido las charlas sobre vivir juntos, y de cuál sería el mejor momento para buscar niño, que de ser varón llamaríamos Alfonso, como mi padre, que en paz descanse. Planes que quedaron en nada. Quizás el no verlo venir contribuyó a que me afectara tanto, que en realidad no pasara nada hasta que pasó, o hasta que me enteré de que pasaba hacía tiempo.

Con la ruptura todo perdió interés, y cualquier comentario, canción, novela por entregas o serial de radio avivaba el dolor y la sensación de vacío. Incluso llegué a atribuirme parte de culpa: «Quizás fui egoísta, pensé, quizás pude hacer más para que no buscara otros brazos».

Por entonces pasaba los días recluida, alejada de todo, salvo de la cajita de carne de membrillo que con los años llené de las postales que me mandó por mis cumpleaños, las cartas de cuando hizo el servicio militar en Ceuta, fotos nuestras en la Feria de Sevilla y la playa de María Trifulca, alguna que otra entrada del cine de verano, y de rosas, envueltas en papel, y que en su día dejé secar en un libro. Recuerdos a los que me aferré pese a un dolor que empezó a remitir con tu llegada.

No olvido el día en que una voz desconocida anunció en el patio de vecinos el correo, y cómo sin ánimos, una bata y un improvisado moño bajé al escuchar mi nombre. Allí te vi por primera vez, con tu uniforme gris y la cartera de piel al hombro, entregado, sin perder la sonrisa, al “interrogatorio”. Una escena que se me antojó divertida, y que observé hasta que reparaste en mí. Recuerdo tu sonrisa de complicidad, y cómo al marcharse las vecinas me acerqué azorada y te di mi nombre. Sólo quería la carta y marcharme. Cuál no sería mi sorpresa cuando fingiendo confusión me diste el tuyo.

He de confesar que a primera vista no me gustaste, pero esa sonrisa, tu voz, cálida y siempre amable, y la actitud desenfadada, supieron devolverme buena parte de la alegría perdida. Cada vez que recordaba lo ocurrido sonreía como una tonta.

Desde entonces pasaste cada día, pero al no traerme cartas me contentaba con mirarte desde mi ventana. El verte me alegraba, y me ponía nerviosa. ¿Podría ser eso amor? Sólo sé que contigo volvió la necesidad de sentirme querida, de los abrazos y miradas, de los “te quiero” al oído y los besos ciegos. Con todo no sabía si esa necesidad me hacía idealizarte, pero en cualquier caso la duda me alejó del padecer, hasta que éste se quedó en nada. Pasaste a ocupar un lugar en mis pensamientos y sueños, y no podía evitar pensar qué hubiera pasado de conocerte comprometida, y así seguí hasta que me cansé de pensar. Esa tarde me envíe una carta a mí misma, y aprovechando que estaba el fin de semana por medio tomé parte de mis ahorros y di un paseo hasta el centro. Hacía un día demasiado bueno para coger el tranvía.

En la calle Sierpes, en una tienda cercana a la librería “Eulogio de las Heras” compré cuatro metros de piqué fino, y ya en casa, con el disco del Dúo Dinámico de fondo, pasé el fin de semana cosiendo, para que el vestido estuviera listo para un lunes que parecía no llegar nunca. Ese día me levanté temprano, y cuando llamaste ya tenía puesto el vestido, me había hecho ondas en el pelo y un recogido bajo. Esperé tras el último tramo de escaleras, y cuando volviste a pronunciar mi nombre bajé, intentando ocultar mi nerviosismo y timidez. Durante un instante advertí en ti sorpresa y agrado, y eso me dio cierta confianza, aunque se tornó en desconcierto cuando volviste a gritar mi nombre. No olvido cómo, sin aguantar la risa me preguntaste: Disculpe señorita, ¿sabe si Amalia Domínguez está en casa? A esta hora suele estar en aquella ventana. Una muchacha que suele ir en bata y con un moño. Y tras la subida de colores y las risas me tendiste tres cartas. La primera, la mía, una segunda de mi ex novio, y una tercera con tu nombre. Recuerdo cómo al advertir mi desconcierto cogiste tu carta y la suya y me preguntaste si alguna tenía que ir para atrás. Tal vez en ese mismo instante debí tomar una decisión, pero la verdad es que no pude. Hoy he escrito dos cartas, y sólo leí una de las que me dejaste. Quizás me esté precipitando, quizás en mis circunstancias esté confundiendo emociones y mi decisión no sea la adecuada. No es mi intención dañar a nadie. Debo decirte que ayer quemé, junto con las dos cartas, cuantos recuerdos guardaba en la cajita de carne de membrillo, y si tras lo leído estás dispuesto, me gustaría llenarla contigo.

Semifinalista del "V certamen de cartas y poemas de amor Rumayquiya"

10 comentarios:

Juande Garduño dijo...
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LadyLuna dijo...

Me ha encantado la carta.
¡Sin palabras!

Ángel Vela (palabras) dijo...

Contento de saberlo, doña perdida ;)

Supongo que en tiempos leerías las otras dos, que tuvieron algo más de suerte que esta. Si no es así y tienes interes me lo dices y te pongo por aquí los enlaces.

Un beso. Nos leemos ;)

Canijo dijo...

Muy tierna y muy simpática, Tibu, te lo curraste. A ver qué pasa en el de DDHH, que ahí supongo participaremos en bloque. Aunque te confieso que a mí ahora me da pereza ponerme con esto; tú sin embargo le has cogido el gustillo...

Anónimo dijo...

¿En cuántos sitios ha aparecido ya esta carta? La he visto en al menos tres foros y un par de blogs.

Canijo dijo...

Bueno, lo que cuenta: en este blog no la habías visto, ¿no? Cada uno va poniendo lo que le apetece colgar, y esto es lo que le apeteció al autor en cuestión; no se trata de un concurso, no se pide exclusividad ni textos inéditos.

Además, si te fijas, hay gente que la ha leído aquí por primera vez...

Ángel Vela (palabras) dijo...

Pues la verdad es que aunque la idea es que saliera en varios sitios (de hecho aún queda un sitio donde colgarla), la idea es que saliera más espaciado. La verdad es que la mandé a OZ, pero pensando que tardaría bastante más en salir, la colgé en este blog y de salida debía salir el 19, pero la habrán pasado al hueco de otro compañero. Aparte de eso está en mi blog personal, y más allá de eso en prosófagos, que hace tiempo que no colgaba nada y quería juntificarme de alguna manera.

Mi intensión no es quedar de cargante, si es lo que ha parecido desde fuera, ni la muevo como una virgería de texto. Solo es uno más de los que pretendía colgar por aquí, simplemente se dieron esas circunstancias. Aunque como dide Canijo, siempre parece que hay alguien que no la leyó, y si encima les gustó pues todos contentos.

Un saludo.

Ángel Vela (palabras) dijo...

EN cuanto a tu comentario, canijo. Quiero pensar que tuvo cierta mejora desde aquella primera que os mandé.

En cuanto a DDHH, pues ya están escritas y pulidas. Mi idea es mandar dos, y creo tener claro cuales, pero como hay tiempo, me estoy dejando ir un poco. que igual sale otro concurso o alguna carta más.

La verdad es que es mucho más llevadero que un relato, y por regla general más corto. Cambias el tercio y sin estar parado te ayuda a desconectar de otros textos que te tienen algo quemado.

Sharly dijo...

Sigues siendo un monstruo escribiendo cartas de amor. Deberías dar clases ;)

Ángel Vela (palabras) dijo...

¿Clases?

No creo que tenga mucho futuro, jejeje.

Tal vez algo como el rollo este antiguo de la mili de cobrar por hacerlas sí, jejeje.

Ya hubo alguno que me pidió que le escribiera alguna para su novia, la gente es muy floja, ejeje.

Un abrazo, Sharly. Nos leemos.

PD: ya mandé una nueva oleada de cartas a concursos. Si en alguno suena la flauta la acabareis viendo por aquí.

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