miércoles, 31 de marzo de 2010

Casualidad fatídica


Un paso más o un paso menos...

Si hubiese sido fumadora

prender un cigarrillo,

si tuviera marido

un beso de despedida,

si fuese de adherirse a las sábanas

un retraso de cinco minutos,

si creyese que al que madruga...


Un paso más o un paso menos...

Ayer se detuvo a olisquear las rosas

que habían florecido en la vereda,

ayer le llamó la inocua portada

de una revista de dimes y diretes.

Recién abrió los párpados

una imprevista congoja

sobrecogió su estómago:

¿quién le iba a decir

que medio segundo más o menos

sería tan determinante?


Un paso más o un paso menos...

No hubo lugar al pensamiento

o al pánico o al asombro:

ni una pista o presentimiento,

ni un aviso, trompetas de alarma,

de voz en grito, que advirtiera:

nadie se dio por aludido,

porque fue silencio

conformado por el motorizado ronroneo:

gira el planeta en su neutral inercia,

absorta la humanidad en huir

de su avizor e inexpugnable sino.


Un paso más o un paso menos...

¿Cómo hallar lógico sentido

al abrupto azar que la vida destila?

Ningún niño se enfrentó a la suerte...

¿Adónde fue, adónde van los recuerdos?

¿A quién hay que agradecer no ser eternos?

Pronto el sol oculta las sombras:

no sabe el sargento qué reporta la tinta,

no sabe el obrero qué alarido le ha caído.

Afilado metal que cargó lo inabarcable,

agazapada cuchilla de eficaces garras.


Un paso más o un paso menos...

Sobrevolado lo inevitable,

crucificando el instante preciso,

la muerte prestó benevolencia

con su improvisado y críptico inciso,

ajeno al alivio o al sufrimiento.

Si hubiese principio de opción

y descartado el suicidio,

abogo por la celeridad y la inconsciencia,

aséptica desfachatez que irrumpe

en la laboriosa censura de la oxidación

y burla el enconado aniquilar microbiótico:

¡qué libertad marchar sin darse cuenta,

como desconectar el televisor

y la amnesia engullera a la noche!



Un paso más o un paso menos...

Días después se desvistió la anécdota

y permanece recluido el duelo

en los cerebelos de los tres hijos,

de algún hermano, algún cuñado,

en el incipiente enamorado

-jamás declaró sus ávidos desvelos-,

el apartado en desazón, un par de amigas.

Ese es el resumen de la vida-muerte,

la misma cosa, quien nos da sentido.

Ya sabemos que el corazón es músculo...

mas cuánto duele al llegar la hora

de aquel que cierra la puerta y no regresa.


Un paso más o un paso menos...

Acaso la poesía es entremés o sainete

o memoria de la duda y el presagio

o carta de amor-desamor y despedida:

guarda mis versos en un baúl arrinconado

y esperaré la hora futura en que los rescaten,

pues, cual genio de ferrosa y polvorienta lámpara,

cumpliré los deseos de los descorazonados;

un siglo más allá de la epifanía de acuario,

cuando la poesía se deduzca en arqueología,

entre delicado tacto y absorta mirada.

Porque olvido recordar mis versos...

seguro de que una voz lejana, junto a una hoguera,

rememorará mis incongruencias.


Un paso más o un paso menos...

Repite su camino cotidiano la mujer

que se difuminó sin reconocer su ausencia...

en estas letras testamentarias de mi ahora...

Leeme, amor, alguna vez y antes

de que nos atrape el desistir y la aquiescencia...



N.B.: Una noticia breve, una mujer de camino al trabajo, una escuela, en una urbe de Australia... Un tractor, derrochando estruendo, arrastra una máquina corta-césped... Un tubo que aplasta y se enroca, expulsado con motriz fuerza comprimida, alado filo de guillotina... El operario desconoce lo ocurrido, hasta que, minutos después, una transeúnte se topa con el cuerpo decapitado...

El resto es trama de atestado, de periódico y de consulta psicoterapéutica.



Autor: Ignacio Díaz Delmonte


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