lunes, 1 de junio de 2009

El desierto del alma

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Sarcasmo a parte,
Muero.
Mi cuerpo se agota
por ramales olvidados
de sueños arrancados
de mentes disolutas.
Mi espíritu sucumbe
ante el estallido inusitado y perverso,
de las pequeñas sanguijuelas
chupavidas
de esta sociedad.
El sol ya no arroja
suficiente luz
a los recuerdos de mi infamia.
Sólo los flexos,
de potentes bombillas
carcinógenas,
son capaces de alumbrar
este desierto del alma.


2 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

Bastante impactante pero como te pille flojo de ánimo...

Nogales dijo...

Me gustó.
Muestra esa realidad que hay para algunos.

No apto para depresivos...

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