martes, 1 de diciembre de 2009

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "El valor de lo espurio"



Como todo el mundo sabe, los pasados días seis a ocho de noviembre tuvo lugar en Huesca la convención nacional de fantasía, ciencia ficción y terror, la Hispacón 2009, cumbre del fandom español, encuentro de autores con lectores y editores, lugar donde comprar esas obras que no suelen traer a la librería de al lado, y más cosas. Yo, por segunda vez en mi vida (después de la que se celebró en mi Sevilla, cómo no), decidí que era una buena ocasión para asistir al sarao, así que, con mucho dolor de mi cartera y después de algún malabar laboral para encajar fechas, conseguí mi billete de AVE, reservé mi habitación en un hostal, metí en una mochila lo imprescindible, y allí que me fui. Llegué a Huesca, sí, pagué mi inscripción, también, pero… pero la verdad es que a lo que es la Hispacón, la Hispacón oficial, las conferencias, charlas, talleres y demás, apenas asistí (sólo fui a una, vaya). Esto, para más de uno, significa lo mismo que no ir, porque realmente no he aprovechado nada del evento de verdad. Y qué decir al respecto… Pues que no lo creo así, ni mucho menos, algo que supongo tendré que explicar.


Parte de la explicación, por supuesto, sale directamente de cuáles son los objetivos de cada uno cuando va a uno de estos saraos. En mi caso, y como ya me ha ocurrido en otras ocasiones (y me refiero aquí no sólo a Hispacones sino también a las Jornadas de Dos Hermanas, una especie de Hispacón reducida que se celebra anualmente en la localidad nazarena), es cuestión de cargar pilas, de coger ganas de encarar la afición, de ilusionarme. No creo que me pase sólo a mí, es muy común que el contacto con otros aficionados (o no sólo aficionados), el ambiente literario, el conocer proyectos, triunfos en certámenes, próximas publicaciones, nos impulse a los demás en el mismo sentido. También, por qué no decirlo, otro de los alicientes de desplazarme tan lejos, a un lugar demasiado frío para una persona con mi fobia a las temperaturas bajas, era el conocer a ciertas entidades. Eso mismo, como una de tantas quedadas que se organizan en este o aquel portal para que el personal pueda por fin ver la cara y conocer a la persona que se esconde tras tal o cual avatar a los que, por afinidad o comunión de intereses, nos sentimos unidos. Sí, ni más ni menos, son ganas de socializar con gente que sabes (o crees saber) que te va a caer bien y que te van a hacer pasar un buen rato, entre otras cosas charlando sobre la afición que compartes con ellos.


Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, nada que no hagan los asiduos de cualquier Chat o los integrantes de tertulias literarias (aquellos que, como yo, tengan la suerte de poder asistir a alguna porque la haya en su localidad y reúna a gente con la que congenia). Pero hay más, por supuesto, algo que, si bien no está recogido en el programa, me parece tan relevante y enriquecedor como las charlas y ponencias oficiales. Muchos lo llaman “Barracón” con buen tino, porque suele tener lugar junto a la barra de un bar, con una copa en una mano y un cigarro en la otra.


Yo, este año, repito, de Hispacón he visto poco, pero de “Barracón”… De “Barracón” me he empapado hasta los huesos, y como la he disfrutado tanto, como he sacado tanto, me veo en la necesidad de defenderla a capa y espada. Sí señores, porque igual que algunos han asistido a la presentación de tal o cual libro, con su autor y un moderador guiando la charla, con más de una respuesta preparada porque, al fin y al cabo, se trata de un acto oficial y como tal debe quedar, con un público que las más de las veces hace preguntas-tipo porque un telón invisible separa al autor de los que están en la platea, porque el tiempo apremia y no hay que perderse la siguiente ponencia o la sala debe quedar libre para otro acto, yo también he hablado con algún autor de su obra, sin respuestas preparadas, porque la inmediatez y la informalidad de la charla de bar no dan para eso, conociendo además a la persona, que muchas veces es el porqué de la obra, conociendo sus gustos, aficiones y experiencia, el modelo de tal o cual pasaje, la vivencia tras la trama. Si, eso mismo, y también he conocido la realidad tras aquella editorial, no la oficialidad, la charla comercial o la línea a anunciar, sino el relato cruzado de los que han tratado con ella desde uno u otro lado de la obra, la historia que el otro conoce, la realidad tras el timbre de voz, la mera apariencia o el deje revelador, el gesto confidente de una persona a la que tratas en vivo. Sí, todo eso y más, porque también he escuchado al autor hablando sobre su método de crear, y no me lo ha expuesto, no me lo ha declamado, no, me lo ha contado, comparándolo con el del otro autor que estaba justo allí mismo. No he hablado con el director de una revista de tirada nacional, no, yo he hablado con la joven cargada de ilusión que te presenta esa nueva revista on-line que, como mínimo, lleva tanta carga de esperanzas y ganas como la otra. Ciertamente, me perdí la conferencia sobre nuevas tendencias en tal género, yo escuché a un par de autores hablando de su próxima obra con pelos y señales. Y es verdad, tampoco estuve presente cuando se dieron a conocer los ganadores de los premios oficiales, yo estaba en otro lado, hablando con otros autores de los premios que han ganado, y qué tipo de relatos mandan a según qué premios cuando los quieren ganar.


En fin, tampoco es que quiera defender lo indefendible, supongo que se podría haber estado en los dos sitios, aunque con mucho esfuerzo o menos intensidad, eso seguro, porque no se toman igual este tipo de cosas después de haber asistido a una larga sucesión de charlas, algunas de las cuales supimos que no nos interesaban cuando ya era demasiado tarde. No, lo único que quiero decir con esto es que, qué quieren que les diga, yo también fui a la Hispacón, solo que lo hice de otra manera.



4 comentarios:

Ángel Vela (palabras) dijo...

Vaya, ejejeje. No esperaba esto en la columna.

La verdad es que lo de la "Barrancón", como hablamos más de una vez, viene siendo el principal aliciente, al menos del grupete sevillano. Es verdad que en él se echaron buenos momentos y al menos por mi parte es a lo que iba (salvo por un par de cosas el programa no me interesaba en absoluto), pero luego si es verdad que me alegré de entrar en más de una charla, aunque si bien es verdad que hubo algunas que daban pena. Por otro lado, la barracón se dividía en dos momentos, de los cuales sólo disfrutaba con uno, que es el de los momentos de comida, cafelito y poco más. Igual ando algo mayor, pero los sitios con mucha gente, mucho ruido y mucho humo me desagradan bastante, y no son validos para conversar. Supongo que por eso me decanté por quedarme en un punto medio, y a día de hoy creo que fue la mejor opción. De no ir a los eventos me habría perdido ese inicio de David Jasso, y descubrimiento de "Big Bang theory", esas siempre interesantes charlas de Sergio Mars, y la emotiva presentación de Saco de huesos, entre otros, y tambien hubo por los pasillos charlitas curiosas.

ftemplar dijo...

Imagen de ftemplar


Por mi parte estuve en bastantes charlas y en muchas conversaciones off the record. Y aunque hubo charlas mi buenas (la de Alfredo Álamo con el Sexo, las Drogas y el Rock n´Roll en el género del terror o la de Emilo Bueso con hacia donde debería ir este género terrorífico) y otras menos buenas (la de Biurrun, que compartí con Palabras ,y que leía literalmente lo que ponía en las diapositivas y sin ninguna comunicación que la hiciese más amable, la del slipstream), la parte más Barracon tuvo charlas más enriquecedoras.

Ya no sólo por compartir momentos con los hermanos del foro (la de Barón Rojo y otros más de esa época con Canijo fue genial), si no por poder hablar más a pie de calle y de manera natural con escritoras como Susana Vallejo (me tuv omedia hora hablando de su libro tras su presentación que sól onos faltaba la caña en la mano).

La parte de comidas (con el pollo de protagonista) cenas y tapeos ya fue otra música.

Canijo dijo...

Bueno, Tibu, yo no niego que me pudiera perder más de una charla que seguro me hubiera interesado, incluso ésa que me comentaste que quizá fue demasiado técnica sobre exploración espacial. La cosa está en si se puede decir que fui a la Hispacón o no, debido a que sólo asistí a una charla, y yo digo que sí, porque realmente estuve en muchas charlas de claro tono literario, y que de estos menesteres me enteré de muchas cosas que me parecen harto interesantes. Además, algunas de esas charlas a las que yo sí asistí fueron en horas en las que otros estaban en conferencias, así que o estaba en una o en la otra, pero en las dos no, y aparte queda saber cuánto hubiera aguantado y qué atención hubiera podido prestar a esas otras charlas si me hubiera tenido que despertar temprano por la mañana para ir a la Hispacón oficial... algo tocado en la parte en la que digo que lo mismo se podría haber asistido a todo, pero no sé con qué intensidad y capacidad de enterarme de algo...

Canijo dijo...

Eso mismo, Fer, la cercanía, la inmediatez de la charla junto a la barra de un bar, con un cigarro en una mano y una pinta en la otra. No niego que las otras charlas, más preparadas, pueden ser más completas, más centradas, pero nunca tendrán el mismo nivel de feedback, y nunca tratarán justo lo que tú quieres tratar, de manera más personalizada. Ése es el detalle.

Y oye, también es importante lo otro que mencionas. Seguro que pudo encontrar transcripciones, resúmenes, o artículos escritos a partir de las charlas, incluso completados con posibles intervenciones del público, u otros que traten el mismo tema desde un punto de vista similar, pero las cervecitas que me tomé contigo cantando cositas de Barón Rojo no; o voy allí y lo vivo o nada. Y eso me parece que también es importante, porque te impulsa a vivir más la afición, a meterte por ejemplo en OZ, participar en tal concruso, o debate o lo que sea, porque sé que lo hago entre colegas, y así siempre es más fácil (aún recuerdo la época en la que no escribía nada, sólo hacía dedos con el reto de la antigua OJ, y porque era entre colegas).

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