sábado, 28 de noviembre de 2009

Cómo liar a un amigo y que luego te lo agradezca

Eso es lo que hice con Salva este jueves pasado secuestrándolo en la biblioteca de mi pueblo, La Palma, para someterle al tercer grado ante una veintena de críticos lectores.

Pero comentemos antes los antecedentes de la encerrona.

Todo comenzó hace ya unos meses en un encuentro con Eugenio, el encargado de la biblioteca y, además, del club de lectura de La Palma del Condado. Le hablé de un libro escrito por un amigo de Sevilla al cual no le importaría venir a hablar de su libro con los lectores del club. A Eugenio le pareció perfecto y una semana más tarde le entregué una copia de “Andrea no esta loca” de Salvador Navarro. Después de aquello me olvidé por completo hasta hace dos semanas que recibí una llamada suya comentando que habían leído el libro y si podía ir el autor a visitarlos.

Llamé a Salva y sin poner un pero y ofreciéndose por completo, el jueves pasado a las ocho en punto estaba en La Palma pese a tener otros compromisos esa misma noche en Sevilla. Así es Salva. Cumple.

Y como exposición pelotera buscando el perdón por el lío en el que le metí, pues ya está bien. Así que pasemos a reseñar tan interesante velada en una pequeña biblioteca de pueblo entre estantes repletos de libros y unas cuantas mesas que no eran capaces de abarcar a tantos lectores inquisidores, ávidos de conocer y desentrañar las inquietudes que se plantea una persona a la hora de escribir.

Se extrañaban que un ingeniero escribiera, pero Salva se justificó en lo empollón que fue en su adolescencia. Aunque en el momento que mostró su “esquemita” de la trama, quedó claro que pese a haber sido un empollón era, ante todo, un ingeniero; yo, que lo he visto más detenidamente, sigo sin entenderlo. Con eso se rompió la timidez y se preguntó a degüello sobre la novela, sus personajes y Nueva York.

Analizaron a Fran, el protagonista. Su personalidad y sus inquietudes. Los lectores dieron su opinión y Salva la completó con las sutiles pinceladas que solo puede dar quién lo ha hecho nacer y crecer, e incluso fue preguntado por la existencia de algún Fran en la vida real en el que se hubiera podido basar.

Luego llegó Andrea, con sus reservas, sus revelaciones y sus invitaciones a visitarlas enviadas a parte de su familia (no quiero destripar la novela a quién no la haya leído).

También hubo risas, normal cuando se está entre amigos, al hablar de la madre de Andrea, de sus pelos en la barbilla y lo fea que era; algo que motivó la controversia entre el autor y parte del aforo por culpa de un párrafo mal entendido o mal redactado (no me pongo de parte de nadie para no pringarme), pero sin que corriera la sangre.

Y se habló de Nueva York. De la ciudad reflejada en el libro y de la que alguien allí presente había conocido. De lo distinta que era para cada uno. De las distintas caras y matices que tiene. De cómo atrapó al autor seduciéndole tanto como para hacerla parte importante de la trama. De retratarla de forma tan seductora que alguien se apuntó la novela como guía de viaje para una futura visita.

Fue una hora intensa y amena. Una hora que para los allí presente duro solo cinco minutos escuchando a un Salvador que sabe hablar y captar al auditorio transmitiendo su seguridad al hablar y su saber literario. Un acto que finalizó con un detalle por parte de la biblioteca que cogió por sorpresa al autor y con un montón de libros firmados por Salva sin prisas pese a tenerlas.

Y encima va y te agradece que lo invites…

5 comentarios:

sempiterna dijo...

Estas cosillas son siempre geniales. Lo sé por otros autores que me rodean. Y bueno, conozco poco a Salva pero seguro que lo hizo encantado y que, como tú dices, disfrutó de lo lindo. Son experiencias gratificantes.

Y los ingenieros escriben, claro que sí, con esquemas, pero escriben. Firmado una arquitecta que lo intenta.

Besillos.

Sharly dijo...

Salva es demasiado bueno Paquito, si en su puesto hubieras invitado a Ernesto le habrías tenido que sobornar con un barril de Cruzcampo. ;)

Canijo dijo...

Cierto, Salva es un punto, ¡y tú un abusón, Fran! en fin, tuvo que ser una buena velada, amena e interesante, hablando de un libro con su autor en persona; el ideal de un club de lectura, vaya.

Ah, y como dice Sharly, si hubiera sido Ernesto yo también estoy seguro que tendrías que haberte dejado caer mínimo con unas cuantas pintas, jejejejejejeje.

Salvador Navarro dijo...

Jajaja... y ahora esta entrada en el blog para terminar de liarme

¡Liante!

Me lo pasé en grande en tu pueblo y fue una de las historias más bonitas que me han pasado desde que me dio por escribir

francoix dijo...

Que conste que lo que tend´ria que haber pagado en birras para sobornar a ernesto pensaba hacerlo en copitas de invitación, pero Salva tenía prisa...

Me alegro que lo pasaras bien, salva. Gracias por venir!!!

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