viernes, 19 de agosto de 2011

Parte semanal en la escritura de La senda del hipopótamo (VI)

SEXTA Y SÉPTIMA SEMANAS

He de empezar, obligatoriamente, pidiendo perdón a aquellas personas que estén siguiendo estos post por mi ausencia más prolongada de la cuenta. El motivo creo que es justificado y comprensible, por tanto perdonable, para cualquiera: me he ido a pasar unos días a la playa y desde allí me ha sido imposible cumplir con mi compromiso de mantener informado a cualquiera que pueda interesar esto. Por supuesto esta no ha sido la única consecuencia de los días de asueto playero. También he sufrido un retraso, no demasiado severo pero retraso a fin de cuentas, en mi ritmo de trabajo. Si las previsiones eran terminar el día 19, osea pasado mañana, ahora la estimación más optimista situa el punto y final en el día 25 de este mes. No es grave, aunque personalmente tengo ganas de terminar.


Esto me lleva a una reflexión sobre lo perverso que resulta estar deseando terminar algo que, en realidad, te produce un placer inmenso estar haciendo. Cada vez que me sumerjo en este mundo que estoy creando disfruto como un niño chico, tanto cuando escribo como cuando planeo qué voy a escribir a continuación, y, sin embargo, ahora que vislumbro el final de esta odisea, preveo que cuando ponga el punto y final el placer será aún mayor. Orgásmico, si se me permite la comparación.

Durante estas dos semanas he avanzado hasta completar prácticamente el capítulo cinco de la tercera parte, lo que implica que me quedan tres capítulos y algo menos de medio, más el epílogo. A pesar de los retrasos no se puede decir que vaya mal la cosa. Esta tercera parte es la que tiene mayor carga fantástica, en ella se obran algunos prodigios y el protagonista averigua que es algo más que lo que cree ser. Todo cuanto era apuntado en las dos primeras partes va resolviéndose de algún modo no totalmente explícito (ya dije que tengo como referencia a Haruki Murakami, ¿verdad?) La idea no es dejar al lector con la miel en los labios, ni obligarle a pensar buscando soluciones, ni nada de eso. En el fondo supongo que en la vida real, en el día a día de cada persona, nunca llegamos a comprehender todo cuanto sucede a nuestro alrededor e influye sobre nuestros destinos particulares. Esta creencia subyace en La senda del hipopótamo. Sabemos lo que pasa, y sospechamos los motivos por los que sucede, pero no llegamos a ninguna conclusión definitiva y válida que de una explicación de conjunto. Y así, por arte de magia, la ficción, la fantasía, se asemeja a la realidad.

En este sentido continúo teniendo muy presente a mi adorado Milan Kundera. Quiero decir con esto que intento no perder de vista que la novela está articulada en torno a la exploración de una idea, aunque su naturaleza novelesca haga que durante esta exploración se transiten caminos alternativos, paralelos o incluso ajenos a la línea fundamental. Una novela no es un ensayo. Pero quizá porque mi objetivo es más la puesta a prueba de determinadas ideas e intuiciones, el hecho mismo de dar una explicación sensata y coherente a todo cuanto acontece a lo largo de la historia no me preocupa demasiado. Ojo, esto no quiere decir que esté escribiendo un galimatías sin sentido, nada más lejos de mi intención, pero sí que no tengo ganas ni interés en tejer todos los hilos con esmero de persa experto en alfombras para que no quede ningún fleco suelto.

Han sido dos semanas muy duras por que, he de reconocerlo, la tercera parte es la que menor planificación tenía. Lo confieso: no me creía capaz de llegar hasta aquí, me estoy sorprendiendo a mí mismo. Esto implica que hay que pensar muchas cosas sobre la marcha y que he caído varias veces en el más absoluto de los bloqueos, teniendo que dedicar más tiempo que hasta ahora a pensar mi siguiente frase. Ha resultado difícil, a veces incluso frustrante, pero el mero hecho de ver como iba consiguiendo resolver los problemas e hilarlo, bastante fino, con lo anterior y lo que ha de venir, me ha servido de apoyo para continuar.

Por suerte ya está todo bastante claro y de aquí al final tan sólo tengo que encontrar los pequeños detalles que dan vida al esquema y que, con la base de todo lo anterior, salen con bastante fluidez.

Así que, si todo se sucede como espero, en dos entregas más de este parte semanal me despediré de todos mis queridos lectores (al menos en lo que se refiere a este tema, seguiré siendo miembro de Sevilla Escribe y participando en el blog de alguna manera, a más de que siempre podrán asomarse a mi blog personal o leerme en los lugares donde consiga colocar mis escritos) pues estará terminada la primera parte del trabajo, la de redacción. Lo que venga después, transcripción (estoy escribiendo a mano) y corrección ya no serán objeto de estas líneas y no sé si haré públicos mis avances o me limitaré a anunciar que el trabajo está finalizado definitivamente. Si luego le encuentro editorial, lo cual sería el megapelotazo, jojojo, de eso si que os vais a enterar.

Y hasta aquí puedo leer la tarjetita esta semana. En siete días, que pasan volando, volveré a pasarme por aquí para contar mis avances. Deseenme suerte.

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