lunes, 18 de abril de 2011

La cuadratura del círculo


Esto no es un relato.

No esperes leer una historia al uso, con principio, desarrollo y final. Aquí no la encontrarás. Solo es un pasaje dentro de nuestras vidas. Y de como nos mece a su antojo, sin más sentido, ni lógica que la cuadratura del círculo.

Nada más…

¿Recuerdas cuando te conocí?, Caminaba entre vasos semivacíos de licor, cuerpos sudados y humo de hachís. Era noche de fin de año, y nuestras pupilas dilatadas se cruzaron tras la duodécima campanada.

La atracción fue instantánea.

Una explosión atómica que nos tuvo hablando hasta encenderse la primera luz del local y apagar la última de tu cuarto.

En meses, pasamos de robarnos besos a escondidas a compartir piso.

Fuimos dioses creando una nueva era sexual. Máquinas divinas capaces de generar orgasmos y eyacular esplendor…. Nuestros cuerpos ganaron en sudor, plástico y autoestima, inaugurando el tercer reich del amor.

Volaron tardes entre sábanas. Dos trenes dirigiéndose de frente por la misma vía, y que, tarde o temprano, acabarían por chocar. La pasión que fue al mismo tiempo edén y tumba.


Saltamos del paraíso del estudiante a la precariedad del becario, y la burbuja de cristal se empezó agrietar.

Con cada discusión, el milagro del pan y los peces degeneraba en migajas y espinas. El camino hacia la incomunicación, se nos antojó suave, monótono y sin desniveles. Un lento bajar de dos seres primigenios a las catacumbas de la desidia rechinando entre los dientes palabras sabor a cobre.

Contábamos hasta diez y retrasábamos lo inevitable: la imposibilidad de juntar la leche con el aceite y descubrir las mentiras del cuento de la lechera...

Sea como fuere, pudimos aguantar el tirón. Liberamos Francia, y tras caer Berlín, escondimos bajo el felpudo el fascismo en el que nos acorralamos.

Conseguimos una tregua. Un año D.

Pero el amor se comporta como una serpiente flamígera sin cola ni cabeza. Renace sobre nuestras cenizas, y una vez que nos ha quemado y resucitado, nos expulsa sin ningún remordimiento de vuelta al infierno.

Nuestros ojos se tiñeron de luto y la ceguera se tornó inevitable.

Pasaron las horas, minutos y segundos...

Engañamos a la noche con amantes de color blanco, rosa y azul: el arco iris contra la ansiedad.

Mutamos a funcionarios sexuales, apolillándonos hasta morir en nuestro lado de la cama. Nos sobró inactividad cerebral, y nos faltó vitalidad fetal: la vida que no fuimos capaces de engendrar.

Con la separación y los años acumulamos amigos, conquistas y nuevas experiencias. Hijos, familias y cuñados. Pasamos de tener 54 amigos en facebook, a tener 127.

Y ahora, la cadena invisible que nos entrelazada, nos une de nuevo. Mi solicitud pendiente de amistad pasó a ser un café nada casual en aquel bar. Tras nuestro silencio inicial, volvieron a sonar las doce campanadas y vuelves a estar en mi cama.

Porque un día nos tocó ser Caronte y otro ceder el remo, nos dimos una nueva oportunidad dejando todo atrás.

Ahora amanece, y los primeros rayos de sol nos descubre de pie, desnudos, mirándonos al espejo. Pienso, cuando veo tu reflejo, que nuestras almas siguen cabalgado a lomos de esa serpiente. Compañera en el girar de la rueda. Eslabones ovalados y sin juntas formando un todo. La eternidad.

¿Cuándo volverá a consumirnos de nuevo? No lo sé. Ya te dije, cariño, que no le busques el sentido a la cuadratura del círculo.


Apareció originalmente en la revista digital Los zombis no saben leer (Primavera 2011)

1 comentarios:

Rocío dijo...

Me ha encantado leer esta historia que, aunque no al uso, sí usa de sentimientos desgastados por él. Afortunados aquellos que acumulan sus cenizas, a la espera de ser resucitadas por el látigo del amor. Afortunados por contemplar el paisaje desde el borde del precipicio, sintiendo el viento de cara. Esa cuadratura, sin aparente sentido, es el eje de un círculo que gira en torno a las almas. Enciende, quema, apaga y reaviva. Los cuatro rescoldos de una hoguera, cuyo fuego, dilata pupilas y da calor a pieles que se funden en una sola.

"Dos trenes dirigiéndose de frente por la misma vía, y que, tarde o temprano, acabarían por chocar. La pasión que fue al mismo tiempo edén y tumba."

"Un lento bajar de dos seres primigenios a las catacumbas de la desidia rechinando entre los dientes palabras sabor a cobre."

"Pero el amor se comporta como una serpiente flamígera sin cola ni cabeza. Renace sobre nuestras cenizas, y una vez que nos ha quemado y resucitado, nos expulsa sin ningún remordimiento de vuelta al infierno."

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