viernes, 11 de enero de 2019

El test de Rorschach-Perring - Paciente 08: Roberto Malo



Vuelve el Test de Rorschach-Perring, vuelve a La consulta del doctor Perring como el turrón en navidad, y viene con un autor dispuesto a pasar por las diez manchas y dejar su alma desnuda en el proceso. Hoy está con nosotros un hombre condenado desde que fue inscrito en el libro de familia, señalado por su naturaleza descubierta, adjetivado en toda presentación… Sí, hoy está con nosotros Roberto Malo, el autor (con XCAR Malavida a los dibujos) de Supermala (Editorial Cornoque, 2018), cómic con el que está dando más vueltas que un trompo y se le está viendo hasta en las fotos que manda el telescopio Hubble. Vamos allá…


Bio: Soy cuentacuentos, guionista y escritor. Un cuentista, vamos. “Supermala”, mi nuevo tebeo, es ya el libro número treinta que me publican. Así que supongo que ahora es un buen momento para mirar hacia atrás y hacia adelante.
Tengo un blog muy resultón donde está toda la información:


Eres absorbido por un cómic antropófago y, al asimilarte a su mundo, te transformas en un superhéroe, Super Compensado, porque todos tus superpoderes irán con taras anejas, como por ejemplo tener super vista… de cerca pero acompañada por miopía, o moverte a una increíble velocidad… para ser cojo, o volar… con cuidado y bajito porque no sabes aterrizar y siempre te pegas el costalazo. En fin, elige cómo será Super Compensado según esas premisas, que en eso tú tienes experiencia…

Pues esto me recuerda a mi primer cómic, “Veo por ti”, dibujado maravillosamente por Chema Cebolla. El protagonista, Paco Mendo, es ciego, invidente, pero puede ver, extrañamente, cuando hace el amor. Este hecho insólito propiciará todo tipo de situaciones delirantes, divertidas y tremendamente románticas. ¡Un tebeo buenísimo! 
Y ahora después de este paréntesis promocional (soy un esclavo de la promoción, lo siento), te respondo, venga. Pues me imagino un superhéroe que se mueve rapidísimo, a una velocidad portentosa, pero que es torpe de narices, así que siempre se está golpeando con todo el mundo y con todas las esquinas. Algo como “Flash”, pero en zote. Más bien sería “Plash”, ya que siempre está tropezando.


Estás en la piel de Publio Cornelio Escipión, cariñosamente apodado en los burdeles de Roma como “el Africano”. Frente a ti, el gran ejército de Aníbal. Éste es uno de los nudos gordianos de nuestra historia, y la decisión tuya: ¿Atacas y que sean los dioses los que dicten vuestro destino y el de Roma? ¿Le pides otra semanita de tregua porque esto de la guerra es muy cansino y total, tampoco corre tanta prisa? ¿Aprovechas que ya tenéis a toda la peña junta para montar un fiestón con vinos, trompetas, bailarinas, elefantes, griegos juguetones y todas las movidas molonas de aquella época? Elige y explica…

Pues la fiesta, claro, me lo pones fácil. Haz el amor y no la guerra. Y más si te apodan “el Africano”, hay que lucirlo. Una orgía siempre queda la mar de bien, y con trompetas, elefantes, bailarinas y griegos, miel sobre hojuelas.
Te confesaré algo: siempre he acariciado la idea de acabar alguna novela con todos los protagonistas montando una gran orgía. No sé por qué, ciertamente, pero me parece un brillante colofón. Y el recurso se puede utilizar también muy acertadamente en las serie de televisión. Con “Friends” o con “Big Bang Theory”, por ejemplo, quedaría genial. Y con “Los Serrano”, desde luego,  este final hubiera quedado mucho mejor.


Dios nunca ha sido mucho de escribir, él es más de diluvios y zarzas que arden, de responder con relámpagos y dar voces. Incluso la Biblia, su obra más famosa, se dice que la escribieron otros. Por eso, ahora que se acuerda de su hijo caído Satán y que son las fechas que son, te pide ayuda para escribirle una postal navideña, algo para que se acuerde de él y limar asperezas. También te dice que si te lo curras bien y le gusta tu nota, te tiene reservado un adosado en el Cielo de agárrate y no te menees. En fin, tú mismo…

Querido Satán:
Ahora que llega el frío, en estas fechas tan señaladas, no puedo evitar pensar en ti, que estás ahí abajo con ese eterno calorcito del Infierno. Igual fui muy duro contigo, no sé. Le he dado muchas vueltas, no te creas. Cuando eres Dios, le das vueltas a todo. Bueno, a lo que vamos. Me gustaría que subieras, que nos viéramos para ponernos al día. Tenemos tanto de qué hablar… Eres malo, pero sé que tienes un gran corazón. Escúchalo y sube a verme.

Querido Dios:
No soy malo, de verdad, pero cuando te llamas Satán, pues bueno, qué quieres que te diga, algo del nombre siempre te tira para hacer travesuras y bromas a todas horas. Pero solamente eran eso, Dios Padre, bromitas sin importancia. De verdad. Me arrepiento, me arrepiento muchísimo. Tengo un pronto un poco tonto, vale, pero soy buena gente. Nada me gustaría más que volver a tu lado. Gracias por tus palabras de Dios. Nos vemos en nada.


Yo no he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser, aunque seguro que está tela de chulo, pero sí que me acuerdo de una lejana época en la que a los comics les llamábamos tebeos y los héroes eran Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Carpanta, Pepe Gotera y Otilio… ¿Te acuerdas? Pues dinos cuál era tu favorito de por entonces y por qué.

Bueno, yo los sigo llamando tebeos, que ya tengo una edad y hay cosas que cuesta cambiar.
El primer tebeo que recuerdo es “El guerrero del antifaz”, que mi padre nos compraba a mi hermano mayor y a mí. Qué tiempos. Y mi personaje favorito, ya unos años después, yo diría que fue “El mercenario”, de Vicente Segrelles, con esas viñetas al óleo que me fascinaban sobremanera. Tengo la colección entera, por supuesto.


Se dice que todo el mundo tiene su lado animal: algunos son astutos zorros que se la pegan a todo el mundo; otros son fieles perros, muy cariñosos con los suyos y algo guarretes por aquello de olerse por detrás; otros son sutiles felinos, estilizados y muy suyos; otros son claros porcinos, porque la gente les comería hasta los andares… En fin, háblanos de tu lado animal…

Pues creo que me encaja lo de ser algo perro, sí. Soy muy fiel, tremendamente fiel, y cariñoso hasta el hartazgo. Y algo guarro, venga, así que soy un cacho perro, está visto. No hay ninguna duda.
Curiosamente, me gustan mucho los gatos. Pero para ser gato, hay que ser gato.


Roberto, noticia chunga, estás muerto. Ya, ya sé que soy un poco brusco, que debería haber empezado por aquello de “Roberto se subió a un árbol…”, pero queda muy largo. El caso es que, como ya imaginarías cuando te aprendiste el apellido, vas al Infierno. Una vez allí decides apuntarte a una actividad lúdica conocida como “Gran Hermano Escritor”, donde te juntarán con otros nueve escritores fallecidos para que os tiréis los trastos entre vosotros. Elige a tus nueve compañeros y di con quién harías camarilla y a quién fastidiarías.

Pues en el infierno haría camarilla con David Jasso, gran amigo escritor, que desde luego le pega ir al Infierno de cabeza con las historias que escribe.
Haría camarilla también con José María Tamparillas, por aquello de la rima fácil y porque en el Infierno (si hay bar) creo que mi amigo estaría muy a gusto.
Haría camarilla asimismo con Daniel Tejero, gran amigo que con semejante apellido tiene el Infierno como destino seguro.
Y haría camarilla con Jesús Mesa, que tiene buen apellido pero es buen amigo y no nos dejaría solos.
Y haría camarilla con Javier Mateos, gran amigo que al ser pelirrojo tiene el Infierno asegurado.
Y haría camarilla con Joe Álamo, gran amigo que al ser inglés no le queda otra que ir al Infierno, eso está claro.
Y como he escrito libros (maravillosos, por cierto) con todos ellos, nos llevaríamos todos estupendamente y no fastidiaríamos a nadie, y no escojo más escritores, ya vale, que si no esta entrevista va a ser eterna como el Infierno.


La gente es muy injusta, Roberto. La gente no suele apreciar el esforzado trabajo de esos dramatis personae que dan vida a las historias de las que tanto disfrutamos, y menos el de los personajes secundarios. Sólo se habla de novelas, de autores, de protagonistas… pero ¿y los secundarios? Ayuda a la Asociación de Secundarios Sin Fronteras y háblanos de tres personajes secundarios que te hayan marcado (no el autor o la novela, sino el secundario en sí).

Tres grandes secundarios, a bote pronto:
Nan-Tay, en “El mercenario”, ya que antes lo mencionaba. Me enamoré de ella en cuanto apareció en “La fórmula”.
Blood, el perro de “Un muchacho y su perro”, de Harlan Ellison, ya que antes hablábamos de perros.
Y Pailay, en “Día de perros”, ya que antes nombraba al gran David Jasso (y al pensar en perros me ha venido a la mente esta gran novela y este gran personaje, que como buen secundario sale en otras obras de Jasso).


Te veo… como Sauron con su gran ojo (el día que pida presupuesto para la lentilla lo va a flipar), y te he visto tocando muchos palos, muchos formatos y tonos, pero ahora quiero que te mojes como un feligrés baptista. Elige un formato y sólo uno: novela, relato, cuento teatralizado, comic; y elige un género y sólo uno: fantasía, ciencia ficción, terror, humor. Explica tus elecciones.

Afortunadamente, puedo tocar todos los palos, y así lo seguiré haciendo. Pero si tuviera que escoger solamente uno me pediría cómic (pero haría luego cuentacuentos teatralizado con él, que los cuentacuentos molan). Y el género que sea, pero con humor, siempre con humor. Me encanta la fantasía, la ciencia ficción y el terror, y se pueden mezclar divinamente. Pero para mí el humor es el ingrediente fundamental. Las grandes obras ganan con humor, aunque la crítica nunca lo valore en su justa medida.


¿Te acuerdas de los Casio, esos relojes con un chino dentro de los que todos hemos tenido alguno (el de la calculadora era un flipe)? Pues resulta que el chino interno del Casio5000 que te has comprado es un manitas y ha transformado el reloj en una máquina del tiempo que te traslada al medievo… Vaya marrón, ¿no? Encima, con tus dotes de urbanita del siglo XXI lo único que te queda para ganarte la vida allí es tu faceta de cuentacuentos. Menos mal que el señor de las tierras en las que estás necesita juglar nuevo (el anterior hizo una representación mala y/o inadecuada y lo usaron para otro entretenimiento, esta vez mortal). En fin, teniendo en cuenta los antecedentes, yo que tú elegiría con cuidado qué representar y cómo…

Bueno, me lo pones fácil. Podría contar muchos de mis cuentos ambientados en la Edad Media. Está feo que lo diga yo, pero son buenísimos y enganchan al más pintado. “La madre del héroe”, por ejemplo. Siempre triunfa.


Cómo avanza la ciencia, Roberto, yo me acuerdo de la época en la que podías decir que no había un teléfono cerca para eludir una cita, pero ahora con los móviles… En fin, el caso es que acaban de clonar a un neandertal, y para irlo introduciendo en nuestra época y nuestra forma de vida han decidido que se vaya preparando con algunas obras literarias antes de que se pegue el susto al ver la realidad. Convence al equipo de educadores de Grom (el neandertal) para que Super Mala forme parte de esa batería literaria de aprendizaje. Tienes cien palabras.

Pues “Supermala” le vendrá de perlas para ponerse al día, desde luego. Es un tebeo costumbrista (aunque tenga elementos fantásticos) que refleja muy bien la sociedad actual, con sus grandes problemas (violencia de género, abuso infantil), sus trabajos, sus relaciones de pareja… Un buen muestrario para entender el mundo actual, y muy ameno y divertido además. Y muy emotivo; alguna lagrimilla se echará, por muy neandertal que sea, que a todos nos emociona el milagro de la vida. 


También puedes leer éste y todos los demás Test de Rorschach-Perring en La consulta del doctor Perring


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