domingo, 17 de marzo de 2013

Crítica de "El retrato de Dorian Gray" (Oscar Wilde)


Sinopsis: Dorian Gray es un joven aristócrata muy atractivo que, después de haber pasado una solitaria adolescencia en el campo, regresa a Londres, donde ha heredado una mansión. Atraído por la vida nocturna, se sumerge en ella de la mano de Lord Henry Wottom, que lo conduce a los antros más recónditos y sórdidos de la ciudad. Al joven le fascina el estilo de vida decadente y amoral de Wotton. Por otra parte, su obsesión por alcanzar la eterna juventud lo impulsa a hacer un pacto diabólico: él se mantendrá siempre joven, pero las huellas del paso del tiempo y de sus terribles delitos, es decir, su degradación física y moral se reflejarán en un retrato que le ha hecho su amigo el pintor Basil Hallward.

Reseña: Al contemplar la delicada belleza del narciso, resulta imposible no pensar en la leyenda que dio origen a su nombre. Aquel joven de gran hermosura que, tras burlarse del amor que la ninfa Eco sentía hacia él y rechazarla cruelmente, es maldecido por Némesis, diosa de la venganza. Sin saberlo, Narciso está condenado a enamorarse de alguien a quién nunca podrá tener. Cuando se inclina para beber de una fuente, se siente cautivado ante su reflejo y cuando decide sumergirse para alcanzarlo, muere ahogado. La leyenda dice que en la orilla donde falleció creció una flor que fue bautizada con su nombre, como recuerdo ante el fatal desenlace del apuesto joven, condenado por su belleza.

Esta revisión del mito recogido en «La metamorfosis» de Ovidio nos sirve para introducir la principal temática de «El retrato de Dorian Gray» que es, precisamente, el narcicismo. Celoso ante la belleza y juventud que refleja su retrato, se obsesiona con la inmortalidad de aquella imagen y expresa su deseo de intercambiarse con ella, sin importar el precio que exija para verlo cumplido. El propio Oscar Wilde lo dijo: «Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad»

A partir de ese instante, somos testigos de la corrupción del espíritu de Dorian, quien se deja influenciar por Lord Henry Wotton y su visión hedonista de la vida. La filosofía de este personaje se resume en idolatrar la belleza y satisfacer de los sentidos. Ningún deseo debe reprimirse, pues la insatisfacción del cuerpo es el origen de todos los males del espíritu.

Aprovechándose de la inocencia del joven Gray, Lord Henry lo utiliza como experimento para demostrar su teoría, aunque él, en principio, no es consciente de esta manipulación. Sin embargo, cuando Dorian rechaza a Sibyl Vane descubre que, en realidad, el amor que sentía no era hacia ella, sino a su arte y, en consecuencia, es tan superficial como el resto de sus congéneres. Adviértase que, en ningún momento desveló su auténtico nombre, dejando que ella lo llamase siempre «el Príncipe». Este detalle probaba que su relación se basada en una ilusión que se desvaneció en cuanto Sibyl renunció al único atractivo que realmente tenía para él.

De hecho, el objetivo de Oscar Wilde era evidenciar la superficialidad de la sociedad victoriana, criticándola a través de estos dos personajes, que simbolizan toda la corrupción y la hipocresía de la clase alta londinense. Cierto que el autor solo nos describe la degeneración de Dorian, pero también nos permite entrever la doble moralidad existente en aquella época a través de los diálogos que mantienen los invitados durante los banquetes y bailes a los que asiste nuestro protagonista. Estas conversaciones se convierten en los fragmentos más interesantes de la novela, pues no solo refleja la ideología predominante; también la compleja psicología de las relaciones basadas en las apariencias con objeto de mantener reputación tan falsa como sus valores en los que insistían regir sus acaudaladas vidas.

Por otro lado, «El retrato de Dorian Gray» consigue un correcto equilibrio entre realidad y ficción, sabiendo introducir una temática faustiana dentro de su contexto. De este modo, Oscar Wilde nos narra una historia de terror gótica, pero sin descuidar la crítica social y cultural implícita en sus páginas.

Es cierto que se hubiese agradecido un retrato más profundo de los pecados cometidos por Dorian para justificar la profunda degradación del cuadro, tal y como sucede en el capítulo XII cuando nos describe la avaricia del personaje con gran detalle. Asimismo, se tiene la impresión de que el ritmo narrativo es más precipitado a partir de su decisión de esconder el cuadro y que persiste hasta el final del libro, dando lugar a una lectura mucho más liviana de los acontecimientos frente a la profundidad de capítulos anteriores.

Con todo, «El retrato de Dorian Gray» es una novela que, a pesar del tiempo transcurrido desde su primera publicación, sigue vigente gracias a su temática. Al igual que entonces, nadie está a salvo del pecado de la belleza, debido a la importancia que se le sigue concediendo frente a otras cualidades del ser humano. Sin bien, no debemos olvidar aquella frase que dice: «la belleza puede cubrir muchos pecados, pero por dentro todos somos exactamente iguales».

VALORACIÓN:9/10

LO MEJOR: El empleo de una temática faustiana como pretexto para criticar la sociedad victoriana del siglo XIX. Los diálogos de los personajes. El final.

LO PEOR: El ritmo de la novela decrece a partir del capítulo XII. La incógnita respecto a los actos inmorales de Dorian Gray.


Sobre el autor: Oscar Wilde fue un escritor, poeta y dramatugo británico, famoso por su habitual ingenio y sarcasmo social.

Alumno destacado del Trinty College en su Dublín natal, Wilde acabó sus estudios en Oxford. Durante ese periodo, el escritor estudió a los clásicos de la literatura griega, convirtiéndose en un experto sobre la materia, incluso ganando varios premios de poesía clásica.

A partir de 1879 decide establecerse en Londres de manera permanente y es allí donde empieza a producir sus primeras obras de éxito, como su única novela El retrato de Dorian Gray(1890) o, en teatro, El abanico de Lady Windermer (1892),Salomé (1894) -que fue censurada por retratar personajes bíblicos-, o La importancia de llamarse Ernesto (1895),divertida comedia que ha sido llevada al cine en diversas ocasiones.

Su carrera y su vida tal y como la conocía se derrumba a finales de 1895. Acusado de sodomía por el padre de un íntimo amigo suyo, Wilde es condenado a dos años de trabajos forzados. Durante su estancia en prisión escribiría una larga carta titulada De Profundis, que no sería publicada de manera completa hasta 1909, ya de manera póstuma.

Tras su salida de la cárcel sufre un absoluto ostracismo social y decide abandonar Inglaterra rumbo a Francia, donde viviría en Berneval hasta la muerte de su esposa en 1898. A partir de entonces y, bajo el nombre de Sebastian Melmoth, viajó por Europa para acabar estableciéndose en París, donde murió en noviembre del año 1900.

1 comentarios:

micaela.alicante dijo...

La vida del mismo Wilde se merece una novela y me encantaría escribirla :) pero no tengo ni mucho talento, ni suficiente perseverancia :(

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