jueves, 21 de julio de 2011

La vida sigue.


El viento acunaba las ramas de una fornida encina.
Las ramas mecían las crías de una pareja de gavilanes.
Las crías gritaban pidiendo comida a sus padres.
La comida llegó en forma de ratoncillo de campo.
Los ratoncillos horadaban sus madrigueras entre las raíces.
Las raíces sueltas hacían tambalearse a la encina.


Micro originariamente pensado para las Ecoagendas de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía 2011)

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