lunes, 4 de julio de 2011

Sin acierto en el concierto

El concierto del grupo de Jazz fusión "Nuclear Trío" estaba siendo un éxito, tras el escenario se podían leer las palabras ROCK y estaban dibujadas en llamas. Sólo eran tres miembros, Joaquín el guitarrista, Marcos el bateria y Félix que tocaba un extraño bajo con cinco cuerdas. La energía fluía entre público y grupo, las vibraciones que transmitía la gente eran magníficas y Félix el bajista se sentía capaz de tocar el cielo con los dedos; los gritos de los asistentes parecían entusiasmados y él estaba convencido que el solo que acababa de hacer tenía parte de la culpa. Poco a poco, y sin que comprendiese la razón, empezaron a subir de nivel los gritos que ya eran auténticos chillidos. Todos miraban de reojo a Joaquín convencidos de que su movimiento de caderas estaba descentrando a las jovencitas y acelerando sus tiernos corazones. Los focos les impedían ver lo que estaba ocurriendo, hasta que un par de sombras se lanzaron hacia el escenario. Ellos que todavía seguían tocando, creyeron que sus fans habían roto el cordón de seguridad del local, que no eran sino unos pocos chavales sin ningún entrenamiento. Sus ojos se abrieron horrorizados cuando vieron a los zombis que se acercaban, pero ninguno podía escapar de allí, ese escenario era una ratonera.

Se sentía desorientado y algo mareado, unos potentes focos le daban directamente en los ojos y le molestaban. Estaba subido en un escenario, a su alrededor había varios cuerpos ensangrentados, querría ver lo que había más allá pero apenas si podía distinguir otra cosa salvo sombras moviéndose lentamente y gruñendo como si se tratasen de animales. Se encogió como un bebe en posición fetal intentando que esas luces no dieran en sus ojos y el dolor que le provocaban desapareciese... Había sangre coagulada en su brazo derecho y tenía una cosa larga con cinco cuerdas que le dificultaba sus movimientos. No podía recordar lo que había pasado, no lograba comprender que lo que sostenía era el bajo ni como se usaba. Sólo sabía que tenía hambre, mucha hambre, su estomago se agitaba como si no hubiese comido en una semana. A su izquierda había un gran charco de sangre y sobre él los restos de lo que en su día fue un ser humano, se arrastró hacia él, apartó la guitarra, y sin pensar mordió y desgarró la carne. La sangre aún templada escapó por la comisura de sus labios y una mueca que pretendía ser una sonrisa asomó en su rostro. Tras un gruñido de satisfacción volvió a morder.

En breve podréis leer la antología Para mí tu carne de la mano de 23escalones

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