viernes, 17 de septiembre de 2010

El actor

Ahora te aferras a un mundo inventado de palabras huecas. Ser otro parece más fácil, más intenso. Haces tuyas sus palabras y sientes sus sentimientos mientras los tuyos se quedan escondidos, aunque sabes que llegará el momento de hacerles frente.


Y por la mañana te despiertas sin saber si realmente son tuyos todos los recuerdos. La cabeza rubia que reposa sobre la almohada no es la que ríe en tus sueños, la que has perdido. Si volviera a verla, mi vida sería real. Sí sólamente volviera a verla piensas, pero sabes que verla no sería suficiente. Nunca sería suficiente.


Te levantas despacio y abres la ventana. El aire frío revuelve tu cabello mientras contemplas el teatro que, en el edificio de enfrente, parece muerto y triste.


Sólo es una ilusión. Cuando llega la noche se encienden las luces y el letrero refulge alegre y luminoso de nuevo. Dentro, los aplausos suenan mientras la sala entera, puesta de pie, te ovaciona. Eso es real, quizás lo único real y, en ese momento, sólo durante un instante, sientes que eres realmente tú.

2 comentarios:

Ceferina dijo...

Los actores siempre son ellos mismos, ponen sus sentimientos al servicio del personaje y el texto de prncipio a fin.
El momento del aplauso es el reconocimiento al trabajo y no esta pagado con nada.

Saludos.

Barón Sottoflato de Buillón dijo...

Aprovecho para erguirme y saludar sus letras con un meritorio y suave aplauso.

Saludos!

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