lunes, 30 de marzo de 2009

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Mundos clónicos"



Tenía yo en mente una reflexión estos días a propósito de la práctica de esta maravillosa afición -la escritura- que deseo compartir en especial con todos aquéllos que, como servidor, gustan de escribir historias encuadrables en lo que viene a llamarse "Literatura Fantástica". De seguro que no soy el primero en llamar a la atención sobre este particular, mas he de confesar que me sorprende no encontrar con más frecuencia reflexiones en esta línea: si escribes fantasía, utilízala.


Los clichés en los géneros literarios son tan frecuentes que, a menudo, una obra no se considera parte de uno u otro sino por la concurrencia de estos mismos clichés. Todos reconocemos elementos ya tradicionales en las narraciones de fantasía épica, ciencia ficción, terror o género policíaco, que han llegado a convertirse en algo más que en señas de identidad para terminar por definir al género mismo. Las grandes obras consagradas son útiles como referencia, y los elementos formales de una historia, por ejemplo, de terror, por repetitivos que en ocasiones resulten, sirven asimismo para que los lectores identifiquen la línea, el género, de tal o cual novela, respecto a la que ya se guardan ciertas expectativas antes de leerla. Por cuanto una mayor definición del contexto facilita el trabajo del escritor, también éste encuentra provechoso tomar ciertos referentes como ingredientes para sus historias. No obstante, y más tratándose de "Literatura Fantástica", por momentos llega a incordiarle a uno encontrar tal cantidad de evidentes reescrituras de la misma memorable y archiconocida obra, "reinterpretada" sin la menor discreción ni respeto hacia el público hasta el aburrimiento.


¿Por qué, en particular, se insiste en reescribir una y otra vez "El Señor de Los Anillos"? La repetición de manidas estructuras es común a todos los géneros literarios, pero es en el de la fantasía épica donde la carencia de originalidad resulta más patente. Y no me refiero a las grandes cuestiones tratadas en cada historia; técnicamente, todas -todas las grandes cuestiones- están ya escritas desde el siglo VI a.C., según sostienen algunos. La lucha entre el bien y el mal, enfrentados como fuerzas absolutas o bajo la forma de personajes particulares e intrascendentes, es una constante en casi toda trama aventurera. Pero ¿por qué insistir en las mismas formas? Quiero decir, ¿por qué los ejércitos del mal están invariablemente formados por tipos verdosos con verrugas y colmillos? ¿Por qué hay siempre un mago malévolo que pretende dominar el mundo? ¿Por qué hay enanos que viven en cavernas y llevan hachas? ¿Y esos tipos amanerados que habitan en los bosques, de cabellos lisos y orejas puntiagudas? Da igual que se llamen "ulfos" o "ilfos", son un calco de los elfos tolkienianos, igual que los malos lo son de los orcos, etcétera etcétera.


Bueno, tampoco vamos a echar toda la culpa a los escritores -más o menos profesionales, más o menos amateurs-; algo tienen que ver sin duda los aficionados cuando se intuye que la clasificación en la que ha ido a caer la fantasía épica se ha restringido en exceso en torno a esos tópicos tan manidos. El género parece haber surgido de la obra de Tolkien casi como única fuente, por lo que su peso dentro del mismo condiciona enormemente todo aquello que hoy conocemos como fantasía épica. Y éste es un caso muy peculiar entre las familias de la literatura de género: la ciencia ficción cuenta con numerosas obras de referencia, muy dispares entre sí -desde Julio Verne hasta Dan Simmons, pasando por H.G. Wells, Asimov, Heinlein, Herbert, Clarke, William Gibson...-; el terror, que formalmente nace del romanticismo decimonónico, posee raíces muy antiguas, milenarias si cabe, y ha creado sus clichés característicos gracias a la aportación de un buen número de firmas, igualmente singulares -desde Shelley hasta Pahlaniuk, pasando por Poe, Leroux, Lovecraft, Stoker, Rice, King...-. Lo mismo podría decirse del género policíaco, o de ese cajón desastre que vendría a ser la "fantasía general" en la que incluiríamos cuatro mil años de literatura -desde Gilgamesh hasta García Márquez o Ana María Matute-.


Esta "pobreza" relativa de fuentes constriñe el género épico a unos esquemas y elementos demasiado cerrados. Y sea de quien sea la culpa, -si es que la palabra "culpa" procede; muchos adictos a la clásica combinación de guerrero de mandíbula cuadrada contra goblin pestilente no lamentarán el rumbo que ha ido tomando la épica-, sí que es cierto que los autores tenemos mucho que decir sobre el tema. ¿Por qué no lanzamos una ofensiva creativa contra los viejos esquemas? La variación de temáticas, o la combinación de géneros, podrían dar resultados al menos más frescos y originales. ¿Se imaginan a un Gandalf tras la pista de un psychokiller en los bajos fondos de Osgiliath? ¿Y a Saurón embarcado en una corrupta campaña presidencial por el gobierno de Mordor? Más de uno agradecería leer, por eso de cambiar de tercio, una road story del más genuino estilo Keruac ambientada en una suerte de Tierra Media, o la autobiografía de un hobbit que encarnase a un oscuro escritor de encargo que subsiste en una pensión de mala muerte a las afueras de Bree...


En fin, que esta reflexión no pretende sentar cátedra ni acusar a nadie en particular de falta de inventiva, pero creo que puede resultar estimulante para más de uno que, como yo, considere oportuno y enriquecedor salirse un poco de los viejos patrones de un género que, paradójicamente, parece despreciar su propia potencialidad como parte fundamental del fantástico.



4 comentarios:

Canijo dijo...

Muy de acuerdo con la reflexión, resumida en lo de: "si escribes fantasía, utilízala".

Yo sin embargo creo que hay unas cuantas obras de referencia más, como puede ser la saga de Elrik de Melniboné, la saga de Gor, y otras tantas que se alejan más de los patrones del Señor de los Anillos, las sagas de Dragonlance, y otras ambientadas en el juego Dungeons and Dragons. Aparte de que sigue habiendo un campo infinito para esto de la fantasía épica, un campo por desgracia en barbecho.

Y sobre posibles culpables... Pues yo sí que creo que se le puede achacar mucho al lector, esa masa de aficionado y sí acepta y pide la eterna revisión de los mismos esquemas, escenarios y patrones. Si el lector fuera más selectivo en este sentido y no consumiese tanto mundo clónico el género tiraría inevitablemente por otro lado; por desgracia no es así...

Guybrush Threepwood dijo...

Reconozco que ya no me interesa la fantasía épica como lector.

Prefiero una fantasía que modifique nuestra realidad, poco a poco o indistinguiblemente, pero no una nueva realidad constituida desde cero (el problema es que como bien apuntas nunca es desde cero sino desde unos patrones y/o esquemas que ya están obsoletos).

La hibridación de géneros es necesaria.

Salvador Navarro dijo...

Sin ser consumidor de literatura épico-fantástica, reconozco que te explicas muy bien y, en lo que conozco, tienes bastante razón.

¡No he leído a Tolkien! (sí, ya me estoy flagelando) pero sé de mucha gente enganchada a su literatura, por algo debe ser. El problema es no saber desligarse de su traza...

Fantasía es sorpresa, o debe serlo.

Ángel Vela (palabras) dijo...

Ese Weiss!!!!!!!

Bueno como ya te comenté, de acuerdo con la idea general. Aunque los ejemplos que me pones no me resultan demasiado evocadores, o al menos no más que si fueran en otro plano. Supongo que tendrá que ver con que el señor de los anillos no me tira demasiado.

Y referente a los nuevos escritores, pues supongo que es más facil copiar que currarselo, y como ya dije en otra columna, la gente se tira al que cree caballo ganador. ¿Cúantos se pasaron a la novela historica para que las editoriales les prestaran algo de atención?

Por mucho que nos pese a algunos no deja de ser un negocio. ¿Donde queda la epoca dorada de los mecenas?



Un abrazo. Nos leemos

Comentarios recientes

Archivos del blog