viernes, 27 de marzo de 2009

D.E.P.

El dilema es qué escribir y cómo. Nunca fuimos íntimos, ni siquiera nos podíamos denominar amigos, éramos sólo compañeros. Compartimos instituto durante cuatro años. Nunca nos contábamos nuestros secretos ni nuestras penas pero cada vez que cruzábamos una palabra era entre risas, nos reíamos de cualquier problema, cosa de la edad. Nos reíamos de los que lloraban porque un examen les había salido mal, de los que estaban nerviosos porque habían estudiado poco, de los que escribían chuletas desesperadamente para tratar de aprobar. En fin, avanzamos cada uno por su lado. Sin molestar a nadie. Pero quién me iba a decir a mí que ahora el que llora soy yo. Y eso que nunca fuimos amigos, sólo compañeros, pero muy buenos. Aún recuerdo esa llamada de Samuel a las doce de la noche y se me erizan los vellos. Hoy, pasados cuatro días de aquel fatídico instante en que decidiste abandonarnos sin previo aviso, he podido sacar las fuerzas justas para escribirte. Ya no estás entre nosotros pero para mí siempre serás ese compañero con el que echar unas risas, aunque sea en la eternidad. Un abrazo, Vime.

2 comentarios:

Canijo dijo...

Bonito homenaje por tu camarada perdido, Rafa. Y bueno, siendo el tema que es, me parece que mejor no decir nada más.

Un abrazo.

Sharly dijo...

Cuando las palabras brotan del corazón, tienen una fuerza y un estilo que no necesita otros adornos.
D.E.P.

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