sábado, 27 de diciembre de 2008

Agujeros

—Pase por aquí, Inspector Jockson.

La noche era fría, llovía ligeramente. Cuando había llegado a la urbanización residencial “Los Cipreses” el reloj marcaba las tres de la madrugada. Stephen caminaba detrás del orondo agente de policía. Esquivó primero a varias personas que se dedicaban a señalar pistas con sus triángulos numerados, luego al fotógrafo en cuyo rostro veía dibujadas las ganas de vomitar y por fin llegó a la escena del crimen, cercada por cinta de precintar con el nombre de la policía del condado.


—Aquí la tiene


Stephen echó un rápido vistazo a la víctima. Yacía en el jardín delantero de una bonita casa adosada. Encima de un césped bien cuidado.

Pese a llevar más de veinte años de servicio y haber visto muchos crímenes no se acostumbraba a mirar a las víctimas mortales detenidamente en un principio. Era una especie de respeto.

—Agente, vaya allí y dígales que se den prisa en la obtención de pruebas, la lluvia se llevará pronto la mayoría de ellas y pronto estará aquí el juez Howard.


El agente miró al cielo oscuro y asintió retirándose a los pocos segundos.
Jockson volvió la vista a la escena del crimen.


—Dios mío...—susurró.

En el suelo yacía lo que un día fuese una mujer. La habían descuartizado. Sus brazos habían sido cortados, serrados, por muñeca, codo y hombros, separándolos del cuerpo, al igual que sus piernas, cortadas por tobillos, rodillas e ingles. Su cabeza permanecía dentro de su rajado y abierto estómago, con la lengua cortada y apoyada en el apelmazado y sangrante cabello de su cabeza.


—Dios mío...—repitió girando la cabeza a un lado y cerrando los ojos.


El agente orondo se situó a su espalda.


—Cuénteme qué diablos ha pasado aquí.—Dijo el inspector.

El agente subió ligeramente su sombrero, se rascó la sien y dijo:

—Todo indica que ha sido su marido. Llegó a casa después del trabajo, no tendría un buen día porque lo primero que hizo al llegar fue cortarle la lengua a su mujer, torturarla y descuartizarla con un hacha en mitad de la noche, aquí en plena calle.

—¿Malos tratos anteriormente?,¿problemas matrimoniales?,¿cuernos?,¿problemas económicos?
—No existe denuncia de malos tratos, y los vecinos dicen que eran una pareja modelo. No se les veía discutir en público, al contrario, se decía de ellos que estaban muy unidos. Iban juntos a todas partes y nadie había detectado nada anormal en ellos, ni sus familiares. Y no creo que fuesen problemas económicos, o eso dice al menos su extracto bancario.


—¿Dónde está el marido?

—En su habitación, colgado del ventilador de aspas del techo. Los forenses indican que se suicidó pocos minutos después de matarla a ella.


La cara del inspector se contrajo.

—¿Testigos que puedan aclarar si hubo discusión?


—Ninguno, al parecer no discutieron. No se oyeron voces ni nada parecido. El cadáver lo encontraron los del camión de la basura.


—¿Hay alguna posibilidad de otra hipótesis?

—Ninguna. Caso claro, las pruebas son irrefutables. Ha sido él. Sus huellas son las únicas y están por todas partes, en el hacha, en las puertas, en la víctima misma…


—¿Algún tipo de móvil?, ¿Alguna razón para que el marido le hiciese esto con tanta saña? Tiene que haber algo...


El agente se volvió a rascar la sien, se subió el pantalón, miró al inspector y dijo:


—Yo pienso igual que usted, Jockson, algo tuvo que pasar para que él la matara, pero todo indica que no. Nadie mata a su pareja por una simple discusión sobre dejar o no dejar la tapa del váter levantada. O quién sabe, quizá es uno de esos casos de enajenación mental transitoria—dijo casi riendo—¿Me entiende, inspector?,¿Inspector?


Pero el inspector permanecía casi aturdido. Con la mirada perdida. De sus labios sólo salió una palabra:


—Agujeros…

2
Stephen Jockson llegó a su casa sobre las seis y media de la mañana. Encendió la lámpara del salón que estaba junto a su sofá, fue a la cocina, se echó un vaso bien cargado de güisqui solo y se sentó en el salón. Agarró el portátil de la mesa, luego se puso a escribir.

3
¿Cuál es la causa de que asesinatos como el de esta noche se produzcan? . Y no es que estemos hablando de uno o dos asesinatos de este tipo al año, se producen casi cien asesinatos de las mismas características. ¿Qué hace que un marido aparentemente feliz con su relación torture y descuartice a su mujer de igual manera un asesino haría con su peor enemigo?. Unos dirán, amor y odio van de la mano. Pero es que no es ese el caso porque también los hay de otros tipos. Hace un mes, una mujer de treinta años ahogó a su hija de apenas seis meses en la bañera, después agarró una pistola que escondían para casos de emergencia y se voló su cabeza el día que cumplía cinco años de feliz matrimonio con su marido. Todos, incluso el marido coinciden en que estaban en un momento muy feliz de sus vidas.


¿Por qué lo hizo?, las investigaciones concluían que no había motivo aparente para que la mujer cometiera tal acto. Ninguna razón...y yo me pregunto:


¿Realmente la había?, y mi respuesta es NO. No había ninguna razón para que lo hiciera.¿ Por qué lo hizo? Eso ya es otra cosa. No puedo responder a esa pregunta tajantemente aunque me pregunto muchas veces si no tendrán algo que ver en esos casos los agujeros, sí, los agujeros...

Nunca he hablado de esto con nadie, ni siquiera sé porqué estoy aquí frente al ordenador escribiendo esto. Seguramente al acabar de escribirlo todo lo borraré. No he intentado convencerme nunca a mi mismo de que lo que ocurrió durante aquel verano de mi adolescencia fuese producto de mi imaginación. Lo que pasó pasó y ningún loquero me convencería nunca de lo contrario.

4
Cuando los Hobbs llegaron al pueblo un caluroso día de verano, a mediados de julio, pocas personas se percataron, creo que cuando aparcaban su vieja furgoneta, mi perro Billy y yo éramos los únicos que miraban. Por lo visto habían comprado la vieja casa de Buddy “el gargajos” no hacía mucho tiempo, eso me había comentado mi madre.


La verdad es que hubiera seguido jugando con Billy a lanzarle palos si no hubiese visto bajar del coche a Ainara. Bueno, a esa edad, o sea, con catorce años, muchos dirían que uno se enamora a primera vista cada cinco minutos, y no les quito la razón, ojo, que yo era muy enamoradizo. Pero no sé porqué esa vez fue distinto. No es que el mundo fuese a cámara lenta durante unos segundos, o que pétalos de flores volaran alrededor de ella, pero sentí algo en la barriga, si hubiesen sido mariposas yo creo que en mi estomago habría más que en toda Holanda junta.


No es que fuese el colmo de la belleza tampoco. Era delgada, pálida, morena, con el pelo rizado, ojos grandes y unos dientes delanteros un poco grandes. Pero creo que lo que me enamoró de ella era su garbo, su desparpajo al andar, su mirada risueña repartida hacia todos lados. Parecía atraer las cosas como si tuviese un campo gravitatorio. Y a mí me atrajo en demasía.


También llegó con ella su hermano, Andy, un chico poco menor que yo, algo bajo, castaño y con el pelo largo. Recuerdo que los viejos del pueblo se metían con él por tenerlo así. Ese era mi pueblo, un pueblo arcaico al que no le gustaban esas modernidades.


Trabé mucha amistad con Andy desde el principio, y eso que yo no era muy extrovertido en aquellos tiempos. Él era valiente, alegre e inquieto. Pero digamos también que los dos éramos unos raritos en el pueblo, puesto que yo en realidad no había nacido en Overlook, sí me había criado allí y aunque me sentía autóctono, para la gente del pueblo yo siempre sería de fuera. Eso nos unió mucho. Recuerdo que Andy siempre decía, desde el día en que llegó de la capital, que quería irse de ese maldito pueblo. Ojalá lo hubiese hecho…


En no más de un mes ya era muy amigo tanto de Andy como de Ainara por la que babeaba por todas las esquinas y la que hacía que miles de corazones con su nombre adornaran la mayoría de mis libretas de instituto. Andy que no era tonto ya se había percatado y no le hacía ninguna gracia mi apasionamiento hacia su hermana, pero callaba porque sabía que yo era un buen tipo.

En Septiembre las cosas para los Hobbs cambiaron. La hipoteca de la casa se los comía y el padre de Andy sólo encontró un trabajo, el de guarda de una finca que distaba más de treinta kilómetros del pueblo campo adentro, en mitad de la sierra. Ahí surgió un dilema, qué hacer con los niños. En la finca tenían que trabajar tanto el padre como la madre, pero los niños tenían que acudir al instituto y al señor Hobbs le era imposible traer todos los días a los niños al pueblo por aquellos caminos para que allí cogieran el autobús que les llevaría al único instituto en treinta kilómetros a la redonda. Por lo tanto la decisión que tomaron fue que Andy y Ainara ya eran lo bastante mayorcitos y maduros como para quedarse los dos solos en la casa y llevarla en ausencia de los señores Hobbs. Ainara haría la comida y Andy participaría en el resto de las tareas de la casa. Y los fines de semana toda la familia sus padres los recogerían y pasarían el fin de semana con ellos en la finca.


Por sorprendente que parezca, esto agradó a sus hijos, se veían más independientes y mayores, era un orgullo para ellos, y envidia por mi parte.


Total, en poco más de una semana los dos adolescentes podían disfrutar de las comodidades de una casa pero sin gastos en nada, puesto que la hipoteca y la comida la pagaban sus padres.

Largas tardes de septiembre nos dedicábamos los tres a jugar al videojuego en casa de los Hobbs, escuchando música a toda pastilla y comiendo palomitas. Recuerdo que por aquel entonces se comenzaban a llevar los videojuegos en tres dimensiones, con los que nos mareábamos bastante, pero que admirábamos con la boca abierta y expresión pasmada. Después de algunos meses y de aborrecer los juegos de videoconsola, Andy comenzó a buscar otras formas de entretenimiento, y eso, desgraciadamente, fue lo que produjo el principio de todo, la aparición del agujero...

5
llegué a casa de los Hobbs después de comer en la mía. Con la excusa de hacer los deberes con Andy me zafé de las quejas de mi madre. Esperaba que me recibieran con la video-consola encendida pero no fue así. Me abrió Ainara y yo recé porque Andy hubiera salido a hacer cualquier cosa, para quedarme a solas con Ainara, pero no fue así. Ella me hizo señas para que me mantuviera en silencio y me hizo pasar.


Antes de llegar a la habitación de Andy nunca había visto una tabla de Qui-ja, tan solo había oído hablar de ella y la verdad, siempre me había causado gran sensación de pánico. Creo que no salí huyendo de allí aquel día por no quedar como un cobarde ante Ainara. No sé si también fue eso lo que me indujo a sentarme allí con ellos para iniciar una sesión de espiritismo o sencillamente el hecho de que ver esa tabla anulaba mi voluntad. Nunca en mi vida he pasado tanto miedo como el que pasé aquella tarde...


Las personas que han visto moverse el vaso saben perfectamente que no es posible que se mueva así por la fuerza de varios dedos apoyados sobre él. Andy y Ainara parecían divertirse mucho mientras que mi sensación de angustia iba en aumento. No quería hacer aquello, pero sin embargo allí estaba, con los dedos encima y cagado de miedo mientras Andy comenzaba a hablar y el vaso corría por aquella tabla con letras dibujadas por el propio chiquillo.
—¿Quién eres?—Preguntó.


—Agujero...

—¿Eres un espíritu bueno o malo?

—...—Silencio, quietud.


—¿Bueno o malo?


—...


—¿De dónde eres?


—Agujero...—El vaso se movía con gran rapidez. Comencé a sentir frío en la nuca.

—¿Qué quieres de nosotros?,¿ te podemos ayudar en algo?


—Agujero...

De repente, en el techo de la habitación, comenzó a formarse un agujero. Al principio, casi no me percaté. Era del tamaño de un bolígrafo pero pronto empezó a crecer de forma considerable. No acerté a decir nada a Andy y Ainara hasta que éste no tuvo el tamaño de un balón de fútbol. Se sorprendieron tanto que Andy cayó hacia atrás, con los ojos desencajados, mientras que yo le gritaba que no quitase sus dedos del vaso. Tarde. Cayó apoyado sobre sus codos y mirando aterrado hacia arriba, hacia el agujero que parecía tener vida propia y que seguía creciendo rápidamente. Sentí como poseía una extraña fuerza, como una especie de campo de atracción frío y mortal. Después de unos segundos se movió. Sí, joder, se movió a gran rapidez, primero en círculos y luego, sin más, corrió por el techo, bajo por pared, marchó por el suelo y se situó debajo de Andy hasta absorberlo. Desapareció en la oscuridad, sin más. Eso se lo tragó.


Ainara chillaba mientras yo pugnaba porque ella no quitara el dedo del vaso, sabía, diablos, no sé por qué, que si ella quitaba el dedo el agujero nos tragaría a los dos.

—Adiós...—dije a lo que quiera que estuviese en el vaso.
—...No...—Replicó.


—¡He dicho Adiós!

—Adiós...


Y el agujero desapareció, se tragó a sí mismo, no sé explicarlo de otra forma mejor. Aún hoy tengo pesadillas con ello. La sensación de angustia y opresión pareció remitir un poco, hasta que comprendimos lo que realmente había sucedido. Entonces Ainara volvió a gritar y a llorar mientras yo la abrazaba.


Me preguntaba con vehemencia que dónde estaba su hermano y yo no tenía respuestas para eso. Gracias a Dios nuestra angustia no duró mucho. Oímos un ruido arriba, en la buhardilla de la casa, como si algo hubiese caído al suelo con un “Plof” sordo. Subimos corriendo y allí, en el suelo, en posición fetal, yacía Andy. Temblaba de pies a cabeza y tenía un tono azulado, la mirada perdida y babas corriéndole por su barbilla. Su ropa estaba helada.


Me puse a su lado y comencé a zarandearlo preguntándole que dónde había estado y qué le ocurría, pero fue inútil, estaba en estado de Shock, al igual que Ainara, que se abrazaba a él con desesperación.


Lo acostamos en uno de los sofás que había en la buhardilla y su hermana le echó una manta por encima. Yo le acerqué una estufa y juntos los dos nos sentamos a su lado hasta que cesaron los temblores y se quedó dormido.


Ainara y yo nos sentamos en el otro sofá más pequeño, ella estaba más tranquila de ver la recuperación de su hermano y se apoyó en mi hombro. Me miró de la forma más encantadora que nunca me han mirado, creo que ese fue el momento más feliz de toda mi vida. Yo quería besarla, lo deseaba con fervor pero no me atreví, fui un cobarde y siempre me arrepentiré, pero tenía catorce años y un serio problema de timidez. A los pocos segundos Ainara también dormía sobre mi pecho y yo pasé un brazo por detrás de ella. Como decía antes, esos fueron los momentos más felices de mi vida. Sentía que la quería, que algún día, seguro, seríamos una pareja feliz y eso que aún me temblaba el cuerpo por todo lo que nos acababa de ocurrir.
Sueños rotos.


Andy a las pocas horas despertó como si nada hubiese ocurrido, y encima no recordaba lo sucedido. Ainara y yo acordamos no hablar nunca más del tema e intentar olvidarlo todo, y por supuesto nunca volver a coger una tabla de Qui-ja en la vida.


Y proseguimos con nuestras existencias, todo volvió a la rutina y éramos de nuevo felices jugando con nuevos juegos de consola, tirándonos palomitas y viendo películas Manga. Incluso yo, a los dos meses de aquello, me atreví a escribir una carta de amor a Ainara, confesándole todo lo que sentía por ella desde el momento en que la vi. La dejé en su habitación, encima de la cama y sé que ella la leyó porque al día siguiente, cuando me miraba, sus ojos tenían un extraño brillo que hizo que mi corazón albergara algunas esperanzas…


Nunca hubo respuestas a esa carta. Andy asestó ciento siete puñaladas a Ainara repartidas por todo el cuerpo con el cuchillo con el que acababa de cortar la carne de la comida. Sin motivo, al llegar del instituto y después de terminar de comer la mató. No hubo motivaciones, no había razones, ¡¡NINGUNA RAZÓN!! ¡¡JODER!! La mató y punto.


El pueblo enloqueció. A mí me hicieron muchísimas preguntas pero nadie se explicó nunca porqué había pasado aquello y mucho menos el propio Andy que perdió la chaveta y quedó mudo, el pobre murió hace cinco años de un infarto en un manicomio de Florida. A su funeral apenas acudimos seis personas.

Presiento ,no esa no es la palabra, SÉ que los agujeros tienen algo que ver. Creo que cuando Andy fue absorbido por el que se formó en su habitación algo cambió en él, algo de lo que nadie se dio cuenta, o que quizá no vino sólo de allí donde quiera que lo llevase el agujero. Algo pudo venir con él… Porque no encuentro otra explicación, sé que el ser humano es una mierda, que sus valores pueden girar y cambiar de dirección como veletas, que son egoístas, ruines, crueles, pero también pienso que esto va más allá de todo eso. Y que los agujeros tienen mucho que ver en todos esos asesinatos, en asesinatos como el de esta noche que parecen no tener explicación…


Hace quince años que me separé de mi ex mujer y también que dejé de ver a mi hija(las dos piensan que soy un cabrón), pero lo hice por ellas. Muchas noches no podía dormir pensando en la idea de que ese agujero podría venir a por mí, y llevarme a donde quiera que sea y acabar matando a las dos personas que más quiero en este mundo. Sé que puede ser una tontería porque desde entonces no he vuelto a hacer Qui-ja, pero quién me certifica en este mundo tan poco fiable que eso es algo seguro, no pienso correr el riesgo y aún así tengo miedo por mí, por ellas…


Publicado inicialmente en la revista "Miasma"


Autor : Juande Garduño


Correo electronico: el_caidojdd(arroba)hotmail.com

10 comentarios:

Ángel Vela (palabras) dijo...

Saludos,Juande, y oficialente bienvenido ;)

Como ya te comenté, aunque no es el tipo de literatura que estoy acostumbrado a leer, el relato me agradó.

Un personaje principal interesante,y bueno, el resto que te comenté por el msm, que no repetiré por aquí para no destriparlo por si alguien se pasa por aquí primero ;)

Venga un abrazo, coleguilla. Nos seguimos leyendo ;)

Sharly dijo...

El tema me ha parecido interesante aunque me pasa como a Angel, no es el tipo de literatura que suelo leer. Sólo hay algo que me llame la atención y es el nombre de "los Cipreses" si todos los nombres de personas son anglosajones ese nombre tambien debería serlo.

Ciudadano 88 dijo...

Comienzas con un fuerte diálogo para luego contar la verdadera historia del relato.

La narración me gustó, aunque quizás ciertos detalles no me acabaron de convencer, como por ejemplo en "Total, en poco más de una semana...".Ese "total" no le da mucha fluidez para comenzar el párrafo. Lo vería mejor sin él.

Tampoco es el tipo de texto que suelo leer o escribir. Pero interesante sí que es.
Un saludo. Las críticas siempre desde mi humilde punto de vista :P

Salvador Navarro dijo...

es un relato que consigue mantener la tensión hasta el final, la ruptura hacia los años de adolescencia está muy conseguida (para mí, lo mejor de la historia)... el acto de amor final, esa escapada por no dar posibilidad al agujero, me parece genial

Morti dijo...

Que decir si ya lo han dicho todo.
Buen relato,tiene sus fallitos (todos muy simples)pero te mantiene hasta el final leyendo y eso es lo importante.

Un abrazo

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