viernes, 11 de julio de 2008

1984 (George Orwell)

Hace más de cincuenta años que apareció el título más conocido de este sorprendente e interesantísimo escritor, británico nacido en la India en 1903 y fallecido en Londres en 1950, y las décadas no han hecho más que corroborar su calidad de gran obra atemporal. Novela leída por ya varias generaciones, nada difícil de encontrar gracias a su treintena de ediciones en nuestro idioma, '1984' es por muchos considerada la más lograda e influyente distopía jamás escrita.


1984 es el año en que arranca el relato de Winston Smith, anónimo funcionario de un Estado totalitario dirigido por el 'Gran Hermano', figura semi-divina que encarna el poder absoluto al que sus manipulados súbditos deben lealtad hasta los más íntimos rincones de sus reducidas conciencias. La vida anodina de Smith -trabajador en uno de los ministerios que se encarga de rediseñar la Historia para hacerla coherente con la doctrina del omnipotente Partido- da un giro cuando conoce a Julia, una joven que aparenta seguir la línea oficial de pensamiento, pero que en realidad, y como él mismo, percibe y detesta lo aberrante del sistema político que los aprisiona. Juntos, y mientras comparten su amor, tratarán de sumarse a la Resistencia que sutil y discretamente urde una conspiración para devolver la libertad a sus conciudadanos.

Orwell es uno de esos personajes cuya misma vida bien merecería una novela. Militante marxista y voluntario republicano durante la Guerra Civil Española, pudo conocer desde muy cerca los entresijos y las verdaderas motivaciones de políticos y movimientos que, escudados en ideologías 'liberadoras', sólo pretendían suprimir unos poderes para sustituirlos por el propio. Saltan así a la vista las numerosas similitudes de forma y de fondo entre la dictadura descrita en su novela y las ejercidas por Hitler y, especialmente, Stalin (la apariencia del propio 'Gran Hermano' recuerda poderosamente a la del sanguinario dictador soviético). Conceptos hoy convertidos en tópicos de la abyección política son ingredientes fundamentales de esta obra: el control mental, la fanatización de las masas, la manipulación de la información, el estado policial represivo... elementos fácilmente reconocibles en la literatura y el cine fantásticos posteriores. La novela, erróneamente clasificada en ocasiones como de Ciencia Ficción, no gasta excesivas florituras formales. Posee por contra una prosa concisa y directa, deliberadamente fría a lo largo de casi todo el libro, lo que ayuda a evocar ese clima general de opresión claustrofóbica. Sobre tal marco, las pinceladas de humanidad y ternura destacan sobremanera en la oscuridad envolvente, recreando así una desesperanzada historia de amor de gran intensidad dramática.


Más allá de la historia de Winston Smith y de sus oprimidos congéneres, la obra posee un importante significado que el lector, sobre todo si la entiende como novela de CiFi, puede pasar por alto. El mismo título y su naturaleza de hipótesis anticipatoria nos hacen otorgarle ese mismo aire de ingenuidad que hoy encontramos leyendo la ciencia ficción contemporánea a su redacción. Es un error, sin embargo, considerarla como una profecía incumplida: ‘1984’ no es tanto un intento de predecir el futuro como una advertencia, dirigida a la sociedad de ayer, de hoy y del mañana, sobre los peligros del poder.

En definitiva '1984' es uno de esos títulos clásicos de permanente actualidad, harto recomendable para todos los interesados en profundizar en la condición política del ser humano.

15 comentarios:

palabras dijo...

Saludos compañero, buenisima reseña, se nota que el libro te moló muchisisimo, y la verdad es que no es para menos.

A mi me gustó muchisimo, pero la verdad es que se me hizo cortisimo, creo que cien paginillas más le hubieran venido de perlas, pero bueno yo soy de los que le van los tochos. :-)

Un placer volver a verte por aquí, leer tus cmentarios y, sobretodo, saber que te vas a poner las pilas y vas a volver a darle cañá a la escritura ;-)

Un abrazo, nos leemos.

weiss dijo...

Caña, caña de la buena. Ya verás cuando me desate, entando el otoño, que es la época que más me gusta del año; por el otoño y por el giro que voy a darle a mi existencia, "destamiento" garantizado. Thanks por asomarte y comentar ;)

vitolink dijo...

Buena reseña, que invita a recuperar de la biblioteca al viejo amigo Orwell.

En cuanto a la clasificación -¡qué nos gustan las taxonomías a los mortales!-, aparte de como Ci-Fi (estoy de acuerdo Weiss que no encaja en el género), la he visto denominada como "Ficción Social", acercándola más a "Utopía" de Moro o "Un mundo feliz" de Huxley. De meterla en alguna de estas cajas inventadas por alguien en alguna parte, quizás ese fuese su sitio.

Por cierto, aprovecho para recomendar a los que les haya gustado "1984" otro libro. No tan bueno literariamente, pero con un fondo igualmente reflexivo: "Walden Dos" de Skinner. Ahí, uno de los papás del conductismo plantea una hipotética sociedad "perfecta" basada en sus teorías psicológicas.

Canijo dijo...

Muy buena la reseña, Weiss. En general coincido con lo que dices, sobre su calidad (para mí también mejor que otras distopías clásicas como "Un mundo feliz" o "Fahrenheit 451", pero no superior a "Nosotros" de Zamiatin, la distopía olvidada), su profundidad, y la acertada ausencia de florituras, pero no así con su clasificación. ¿Por qué no es CF? ¿Porque no salen naves espaciales ni cosas por el estilo? ¿Porque no es pulp? Perdona pero eso me parece que es pura y simplemente estrechez de miras. Para mí la ciencia ficción va desde la space ópera más pulp hasta la pura especulación científica, ya sea de ciencias físicas, naturales... o sociales, como es el caso. En este sentido recomiendo el prólogo que hizo Ballard para su novela "Crash", con el que estoy muy de acuerdo. No son ganas de polemizar, pero me jode mucho que cada vez que una obra de fantasía o CF con suficiente entidad se convierte en clásico y trasciende las fronteras del fandom se intente desvincular del género. Igual que muchas obras más o menos recientes, de mayor o menor entidad, se venden como "novelas de anticipación", "thriller tecnológico", "realismo mágico" o cualquier otra parida, todo con tal de no caer dentro del gueto de una literatura que se menosprecia porque sí, y no por ausencia de calidad.

weiss dijo...

Me apunto lo de Zamiatin y su olvidada "Nosotros" (no la conocía). Ay, lo de qué es CiFi es un eterno debate... de todas formas, vale, reconozco que encaja perfectamente como Política o Sociología Ficción (como apunta Vito), que por cuanto son ciencias, desde un punto de vista amplio "1984" también puede considerarse CiFi. La clasificación, claro, es muy subjetiva. Yo intuitivamente sostengo que no es CiFi rigurosamente hablando porque la novela no participa de los paradigmas del género en su época; es difícil meterla con armónico encaje en el mismo cajón que las novelas de Asimov, Heinlein, Pohl & Kornbluth y esa pesca contemporánea. Ten de todos modos en cuenta, amigo Canijo, que la reseña estaba dirigida a un público general cuya inclinación hacia la ciencia ficción debe ser ínfima si no nula, y que más consciente que inconscientemente, con el afán de no "dar miedo" al personal y que la invitación a conocer la obra pudiese convencer a algún profano en la noble aunque vituperada CiFi, preferí darle esa óptica -que, con todo, no deja de tener su fundamento-.

Canijo dijo...

Pues vaya plan ese de negar posibles orígenes cienciaficcioneros para no "asustar". ¡Pero si de eso ya se encargan las editoriales (ver "Tokyo ya no nos quiere" de Loriga)! Si Asimov levantara la cabeza, después de darse con la tapa del ataud seguro que te maldeciría, ¡traidor!, ¡vendido!, ¡ojete!
Me vengaré...

palabras dijo...

Me uno al linchamiento dialectico: ¡¡¡¡MAMONA!!!!!!.

Lo que me quedaba por ver, un tio como tu siendo tan "politicamente correcto".

El martes te vas a cagar, te van a llover pildorazos por todas partes ajajajaj ;-)


un abrazo, y me apunto los titulos.

Canijo dijo...

La Teoría de la Trascendencia de género

por Enric Quílez Castro

Hace unos días, César Mallorquí enunció en su blogEnlace Externo lo que podría ser la base de la teoría de la trascendencia de género que vendría a resumirse en el siguiente párrafo:

Cuando surge una obra de género de manifiesta calidad, o bien cuando un «autor canónico» escribe una obra de género, los «talibanes culturales» dicen: «esa obra trasciende al género». Por tanto, ya no pertenece al género a que supuestamente pertenece, sino que se convierte en «gran literatura». Pasa a ser de su propiedad. Así pues, a los distintos géneros se les van amputando sus mejores obras y... lo que queda es lo peor, claro. Por tanto, los géneros son intrínsicamente mediocres.

La verdad es que resulta difícil decirlo de manera más clara. Eso sí, esta actitud talibánica, por llamarla de alguna manera, no sólo despoja a los géneros de sus mejores obras, sino que también parece denotar alguna especie de prejuicio nada solapado entre los talibanes literarios hacia la literatura de género.

¿Dónde están esos talibanes? Pues, en mi opinión, por todas partes. Sobre todo fuera del género, clamando desde sus enmohecidas poltronas y sentando cátedra sobre lo humano y lo divino. Pero también dentro del género, donde existen también ciertas actitudes que yo catalogaría de acomplejadas (o incluso de elitistas) que actúan de análoga manera.

Así, es normal en ciertos popes del género oír cosas como que la ciencia-ficción moderna ha trascendido el género y que debemos ir a buscarla, sobre todo, fuera de éste. Vaya, supongo que os sonará lo del mestizaje de géneros, la trascendencia, etc.

Y es que el mestizaje no siempre implica un aumento de la diversidad, sino que a la larga suele implicar más bien una reducción de ésta a un amasijo o batiburrillo diverso en el que concurren diferentes tendencias o géneros y en el que cuesta distinguir quién es quién.

También podemos observar actitudes del tipo: es tan bueno que no puede ser ciencia-ficción (o fantasía) dentro del mundillo. No sólo es cosa de los talibanes de fuera. Vaya, que de éstos los hay por todas partes.

No obstante, un poco de trascendencia también hay que reconocer. Por ejemplo, 1984 es, en mi opinión, una obra de género (ciencia-ficción, distopía) clara. No obstante, se ha convertido en un referente universal en la literatura y en la filosofía política.

El error, a mi modo de ver, es negar la pertenencia al género sólo porque lo ha trascendido. Creo que una cosa no excluye la otra.

Por supuesto, estas opiniones e interpretaciones son estrictamente mías y no me extrañaría que haya malinterpretado o ido más allá de lo que pretendía César Mallorquí. La responsabilidad, en todo caso, es sólo mía.

© Enric Quílez Castro
23 de mayo de 2005

(extraído de Sitio de Ciencia Ficción)

Canijo dijo...

El temor de la ciencia ficción

por Daniel Salvo

De un tiempo a esta parte, sucede que autores de literatura que algunos llamarían seria (mainstream, corriente principal) han incursionado en la ciencia-ficción. Para los aficionados al género, esto no deja de ser una buena noticia: tenemos más para leer. Y si a eso le sumamos que, en algunos casos, se trata de autores con cierto alcance mediático (consagrados, que le dicen) pues la mesa está servida para un enjundioso debate sobre estas incursiones en lo que algunos denominan subliteratura o subgénero.

Sin embargo, las cosas no son tan idílicas. Resulta que nadie, mucho menos los autores del caso, quiere reconocer esta incursión en los predios de la ciencia-ficción. Asombrosamente, novelas que nadie con dos dedos de frente dudaría en calificar como ciencia-ficción se convierten en thrillers futuristas, fábulas prospectivas, dramas distópicos y cualquier otro eufemismo que le permita al reseñista, editor o escritor evitar utilizar ese término tan feo y vulgar como sólo puede serlo la CIENCIA-FICCIÓN.

Por poner un ejemplo, leamos la nota de prensa sobre la novela LA CARRETERA (THE ROAD) del escritor norteamericano Cormac McCarthy, que ha sido difundida en varios medios de comunicación:

LA CARRETERA es un thriller estructurado al uso de una road movie, que relata una profunda historia de soledad y de búsqueda, llena de violencia y destrucción, a través de las figuras de un padre y un hijo que recorren una inhóspita América devastada por una desconocida catástrofe en busca de la costa, armados solamente con una pistola y dos balas. Bandas de supervivientes, caníbales que devoran pedazo a pedazo a sus víctimas mientras las mantienen vivas para conservar fresca la carne y otros seres más propios de un cuadro del Bosco pueblan ese territorio imaginado por McCarthy.

Según el comentario, ¿en qué se diferencia LA CARRETERA de cualquier novela postapocalíptica, o del argumento de las películas de MAD MAX? Pues básicamente en nada. Y eso que debe haber por ahí cientos de cuentos y novelas de ciencia-ficción con la temática sobrevivientes post catástrofe que deben ser idénticas al argumento de LA CARRETERA. Hasta las películas de zombies de George A. Romero se asemejan más a la novela de McCarthy que los cuadros del Bosco (por cierto, qué manera más artificiosa de comentar una novela)

Nadie puede objetar que un autor o varios escriban sobre un tema similar al de otro. Jorge Luis Borges dijo en su momento (una de sus tantas genialidades) que sólo existían cuatro historias posibles, y que todas las demás eran variaciones sobre las mismas.

¿Entonces, por qué este temor a ser considerado un autor de ciencia-ficción? En principio, podría conjeturarse que, dada la mala fama que tiene la ciencia-ficción en los sectores culturosos de Estados Unidos, Perú o cualquier país que el lector elija, es lógico que un escritor que pretenda ser alguien en el mundo de las letras no quiera verse acompañado de semejante ralea.

Sin embargo, la verdad es que en el mundo real han ocurrido algunas cosas que contradicen la hipótesis anterior. En primer lugar, en los mismísimos Estados Unidos de América, la ciencia-ficción tiene ya un status reconocido en distintos niveles, incluido el académico. Varias universidades norteamericanas ofrecen cursos e incluso maestrías centradas en la ciencia-ficción. H. P. Lovecraft y Philip K. Dick son parte ya del stablishment. Incluso el gruñón de Harold Bloom incluyó varias novelas de ciencia-ficción en su famoso CANON OCCIDENTAL.

Entonces, si la ciencia-ficción es ya un género decente, ¿por qué algunos escritores no quieren juntarse con el?

Se me ocurre que la respuesta tiene más que ver con el muy humano defecto de la vanidad que con otra cosa. Obviamente, de admitirse que (algunas) obras escritas por autores mainstream pertenecen en realidad al género de ciencia-ficción (*) por fuerza saldría a relucir el hecho de que tales autores no han sido los primeros en escribir sobre determinados temas, es decir, que su originalidad se volvería algo muy relativo, por decir lo menos: se han escrito ya tantas historias sobre clones, mundos alternativos y catástrofes planetarias, que estos temas han devenido en tópicos de la ciencia-ficción. Lo cual, por cierto, no es impedimento para que alguien se aventure a intentar darles una buena vuelta de tuerca. Pero eso no quita el hecho de que ahí están, y son de ciencia-ficción.

Entonces, el objetivo encubierto sería evitar que algún aguafiestas vaya y les diga cosas como ésta: Oiga señor Philip Roth, LA CONJURA CONTRA AMÉRICA me recuerda a la novela EL HOMBRE EN EL CASTILLO de Philip K. Dick. O bien Señor Cormac McCarthy, LA CARRETERA es igualita a las películas de MAD MAX , ¿va a pagarle regalías a George Miller?. Y seguirían ejemplos varios que supongo harían morir de vergüenza a más de un originalísimo escritor. ¿Cómo evitar el bochorno (y de paso, alejar cualquier sospecha de plagio)? Pues aclarando (cómo gusta esta palabreja) de que no se trata de ciencia-ficción, y que por ende, estamos ante una obra de temática original y sobre todo, distinta (otra palabreja que suele utilizarse es inclasificable)

Este complejo de yo fui el primero, del cual participan tanto escritores como editores, lo ejemplifica de manera bastante jocosa el escritor Jonathan Littell, autor de la novela ciberpunk BAD VOLTAJE, publicada en 1989. Pero —presten atención— Jonathan Littell obtuvo el Premio Goncourt de Novela del año 2006 por su obra LES BIENVEILLANTES, que por arte de magia se ha convertido en… ¡su primera obra literaria! Cuando le recordaron BAD VOLTAGE, el laureado escritor respondió lo siguiente:

P. Usted escribió un primer libro, BAD VOLTAGE, una novela de ciencia-ficción inédita en Francia, que se desarrolla en las catacumbas. ¿Qué relación establece entre este primer texto y LES BIENVEILLANTES?

R. En realidad, LES BIENVEILLANTES no es propiamente una segunda novela. Entre medias, ha habido otros textos míos que han terminado en el cajón, como debe ser. Lamento que se publicara BAD VOLTAGE, pero era prisionero de un contrato y no tenía dinero para romperlo. Tenía 21 años, una edad tonta. Nunca he querido esconder esa novela, pero tampoco la reivindico. Llevo pensando en LES BIENVEILLANTES desde los 20 años. Richard Millet, mi editor en Gallimard, quería poner primera novela en LES BIENVEILLANTES, pero yo dije que no. Finalmente, elegimos la fórmula primera obra literaria para la contraportada.

(en Revista Literaria AZUL@RTE)

Todo esto me recuerda un apartado del Turkey City Lexicon, una especie de lista de consejos para talleres literarios de ciencia-ficción, elaborado por Lewis Shiner y Bruce Sterling.

• Re-Inventing the Wheel.

A novice author goes to enormous lengths to create a science-fictional situation already tiresomely familiar to the experienced reader. Reinventing the Wheel was traditionally typical of mainstream writers venturing into ciencia-ficción. It is now often seen in writers who lack experience in genre history because they were attracted to written ciencia-ficción via ciencia-ficción movies, ciencia-ficción television series, ciencia-ficción role-playing games, ciencia-ficción comics or ciencia-ficción computer gaming.

La lamentable traducción que sigue pertenece a mi teclado:

• Re-inventar la rueda.

Hay grandes probabilidades de que un autor principiante redacte un argumento de ciencia-ficción trillado y aburridamente familiar para el lector experimentado. Re-inventar la rueda es algo muy típico de los escritores mainstream que se aventuran en el campo de la ciencia-ficción. Generalmente, se observa en escritores que carecen de experiencia en el género debido a que fueron motivados a escribir ciencia-ficción vía películas, series de televisión, juegos de rol, cómics o juegos de computadora..

Vamos, que los aficionados a la ciencia-ficción ya sabíamos que tarde o temprano, los grandes temas del género serían tomados en cuenta por autores no vinculados directamente a la ciencia-ficción. Digamos que los estábamos esperando.

Pero nadie esperaba que nos quisieran hacer creer que habían inventado la rueda.

© Daniel Salvo
1 de abril de 2007

(extraído de Sitio de Ciencia Ficción)

Canijo dijo...

Partiendo de la premisa que prácticamente cualquier aficionado entiende la ciencia-ficción de una forma muy personal y con múltiples matices, se puede considerar como una definición bastante aceptable del género la que dan Eduardo Gallego y Guillem Sánchez en su ensayo ¿QUÉ ES LA CIENCIA-FICCIÓN?
La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional.

La clave está en el enunciado aceptable como especulación racional. En el ensayo citado, se plantean como conclusiones tres proposiciones fundamentales:

1. Se trata de una narración imaginaria.

Es decir, nada de lo que se cuenta en un relato de ciencia-ficción tiene o ha tenido lugar en el mundo que vivimos. Las películas APOLO XIII o ELEGIDOS PARA LA GLORIA, narran episodios de la conquista del espacio, es más, APOLO XIII transcurre prácticamente toda ella en el espacio exterior, pero lo que cuenta son hechos reales (dramatizados) de modo que no se pueden considerar ciencia-ficción, no obstante, SPACE COWBOYS, pese a transcurrir en el momento actual (contemporáneo al menos a la fecha de los hechos que se narran en la película) introduce toda una serie de elementos inventados por los guionistas que hacen que se pueda incluir perfectamente en el género.

2. Contiene una idea que produce una transformación del escenario narrativo hasta tal punto que deja de pertenecer a nuestra realidad empírica.

Ya sea temporal, tecnológico, científico o social, esa transformación ha de ser tal que el escenario elegido para la obra ya no sea reconocible como parte de la historia pasada, presente o futura. Si se trata de una transformación histórica estaremos hablando de una ucronía, (aunque a menudo se cuestione la pertenencia de este subgénero a la ciencia-ficción), aunque hay que tener cuidado con la ucronía pura, en la que se plantea una situación a partir de la cual cambia la corriente histórica posterior (ROMA ETERNA, FUEGO SOBRE SAN JUAN) de lo que es pura manipulación histórica para justificar según que estado de cosas actual. Los cambios tecnológicos, científicos o sociales hablan más del futuro que del pasado, aunque se pueden plantear en términos contemporáneos (PARQUE JURÁSICO), sin embargo, este tipo de obras tienden a encuadrarse en el llamado techno-triller, por lo tanto, la mayor parte de las obras de ciencia-ficción hablan de cómo será el mundo futuro y como los nuevos descubrimientos o los cambios de usos y costumbres afectarán a la humanidad.

3. Se pretende una racionalización de lo narrado, aunque esta racionalización sea meramente formal. Es decir, no es necesario que la ciencia actualmente conocida permita que ocurra lo planteado; basta con decir que una ciencia que hemos imaginado lo permitiría.

Todo lo que ocurre en una obra de ciencia-ficción tiene un poso racional. Esto no significa que esa racionalización sea el producto de una larga reflexión y un conocimiento profundo del medio que trata, en muchas ocasiones se exagera ese intento de explicar cada uno de los aspectos de la obra para darles un marchamo de plausibilidad científica, abusando entonces la tecnojerga. En el otro extremo está la ciencia-ficción hard, que se ajusta escrupulosamente a la ciencia conocida del momento de elaborar la obra, aunque a veces resulta demasiado árida para los lectores sin grandes conocimientos técnicos y científicos. Un término medio es plantear la parafernalia tecnológica y resolver cualquier duda respecto a su origen y principios con un simple No se como lo hace, pero funciona muy bien Justificación más que aceptable desde el momento en el que muy pocas personas saben a ciencia cierta como funcionan los aparatos que usan día a día. Por último, está la opción de obviar cualquier plausibilidad al respecto, la ciencia-ficción aporta simplemente un escenario más o menos futurista a partir del cual ambientar una historia que, en el sentido racionalista, se sostiene muy precariamente.

Naturalmente, esta propuesta de Gallego y Sánchez no es la única respecto a la naturaleza de la ciencia-ficción. aquí van unas cuantas aportaciones, extraídas de un artículo de Julián Diez, que es quien las glosa , para la revista Gigamesh:

Kingsley Amis: Es aquella forma de narrativa que versa sobre situaciones que no podrían darse en el mundo que conocemos, pero cuya existencia se funda en cualquier innovación, de origen humano o extraterrestre, plateada en el terreno de la ciencia o de la técnica, o incluso en el de la pseudociencia o la pseudotécnica. (Esta me mola)

Franco Ferrini: Toda historia de ciencia-ficción contiene, por lo menos, un prodigio que parece no admitir más clave que el símbolo y la alucinación. Después, mediante un singular postulado, fantástico pero no sobrenatural, improbable e imposible, acaba descifrándolo. (Esta no deja solo ST y SW, sino casi la mitad del género. El Ferrini éste, por otra parte, era un soplagaitas importante).

Juan Ignacio Ferreras: Es una novela romántica en la que se proyecta en un futuro utópico una de las relaciones determinantes de nuestra sociedad. (¿Mande?)

Juan José Plans: Con nostalgia, la imaginación disciplinada (Queda fuera todo lo que no sea Ray Bradbury).

David Ketterer: Se ocupa de la creación de otros mundos que existen a nivel literal, en una relación creíble (sobre la base de una extrapolación racional) con el mundo real, provocando, en la mente del lector, una destrucción metafórica de este mundo real (el libro del menda este ya sí que era un coñazo exagerao).

Sam Lundwald: No existen definiciones unitarias perfectamente válidas para lo que yo aquí, en aras de simplificar, llamo ciencia-ficción.

Norman Spinrad: Ciencia ficción es lo que se publica en las revistas y libros de ciencia ficción (la favorita de Miquel Barceló...).

Darko Suvin (cuidao, que viene el maestro del estructuralismo): Una narración imaginaria, determinada por el recurso hegemónico de un lugar y/o unos dramatis personae que 1) son radical o al menos significativamente distintos de las épocas, lugares y personajes empíricos de la literatura mimética o naturalista pero 2), a la vez (en la medida en que la ciencia-ficción se diferencia de otros géneros fantásticos; es decir, conjuntos de cuentos imaginarios sin validación empírica) simultáneamente aceptados como no imposibles de acuerdo con las normas cognoscitivas (cosmológicas y antropológicas) de la época del autor. (Toma maroma pastillas de goma. Y os aviso que, entendiéndola así tras leerla quince veces, es muy buena).

Isaac Asimov (llega el simplón de turno, pero casi viene bien para relajar después de lo de antes): Las historias de ciencia-ficción son viajes extraordinarios a uno de los infinitos futuros concebibles (acaba de cargarse las ucronías, por ejemplo).

Eulalio Ferrer Bohórquez: La ciencia-ficción es el género narrativo que sitúa sus tramas en un mundo cuya única pretensión de realidad es la posibilidad de su existencia (así que EL SEÑOR DE LOS ANILLOS, como puede estar pasando en algún sitio del infinito universo, es ciencia-ficción).

David Pringle: Es una forma de narrativa fantástica que explota las perspectivas imaginativas de la ciencia moderna (directa y eficaz, pero se carga todo lo que va de telepatía, por ejemplo).

Gabriel Trujillo Muñoz: Una narrativa que toma en cuenta el saber científico para la elaboración de propuestas imaginativas que pregonen los problemas inherentes a la condición humana cuando ésta se ve enfrentada a cambios y rupturas en todos los órdenes de existencia (glubs).

John Clute: Una historia que trata de un mundo cambiado que aún no se ha hecho realidad (simplona...).

Por supuesto que hay otras muchas, como estas;

Luis Ortiz Muñoz (catedrático y director, en 1965, del instituto Ramiro de Maetzu): La ciencia ficción radica en una especulación racional sobre los aspectos que la vida podrá asumir para el linaje humano en otras circunstancias de lugar y tiempo.

Asimov atribuye a Campbell otra muy interesante: La ciencia-ficción tiene como dominio todas las sociedades concebibles, pasadas y futuras probables o improbables, verosímiles o fantásticas, y trata sobre los hechos y complicaciones posibles en esas sociedades.

Asimov añade un parámetro más; la componente aventurera de la ciencia-ficción, cuestión en la que acierta plenamente; el aficionado a la ciencia-ficción siempre busca en ella la aventura, lo que no implica que rechace formas más reflexivas, pero se muestra decididamente más crítico con éstas últimas que con las obras de cariz más aventurera.

Con todo, no es extraño que el aficionado aplique la máxima; ciencia-ficción es todo aquello que quiero que sea ciencia-ficción, que unida a aquella de ciencia-ficción es lo que se publica en las revistas y libros de ciencia-ficción (como se ve atribuida a Spinrad, pero que Asimov atribuye a su vez a Campbell) ayudan a comprender porqué resulta tan difícil definir el género.

Si quieres también puedes dar tu propia visión sobre el tema enlace a Notas

Estas son algunas de vuestras aportaciones:

Carlos Andrés: Ciencia-ficción es la narrativa que especula como será la sociedad del futuro basándose en la progresión de la ciencia y la imaginación de cada uno ya que los posibles futuros son incalculables. (Interesante, pero deja de lado toda la space-opera, a la que poco importa la progresión de la ciencia, y las ucronías)

© Francisco José Súñer Iglesias, 17 de junio de 1999

(extraído de Sitio de Ciencia Ficción)

weiss dijo...

Yeah, muy oportunos artículos, Canijo. El caso del franchute que ganó el Goncourt es realmente patético.

Pues sí que de sa al debate este tema. Hay algunas definiciones que son realmente magníficas: ésa de Suvin creo que es la más acertada, aunque la que sostiene Barceló -sesudamente en las antípodas- tampoco está mal (al menos como cínica definición de CiFi). ¿Entonces qué pasa con 1984? Vale, es CiFi... en un sentido amplio. Hilando fino ya habría que ver. En cualquier caso, hay algo que los que os sentís ofendidos por mi atrevimiento de negar su naturaleza CiFi parecéis no haber supuesto (y no me explico cómo): cuando digo que "1984" no es CiFi desde luego que no es para ubicarla entre la "narrativa general" (juas, sería el colmo). "Sociología ficción", me quedo con eso. Que sí, sería una rama de la CiFi, ésa en la que su componente Ci es más bien "de letras"; lo que pasa es que mientras las disciplinas "de letras" existen desde el siglo sexto a.c. -como poco-, las de "ciencias" han permanecido en estado larvario hasta el XVII (mates, física, astronomía) o el XVIII (biología, química), y algunas todavía hasta más tarde (casi cualquier campo de la ingeniería moderna, que hasta el XIX apenas había evolucionado desde la edad media). Antes de su desarrollo era difícil fantasear sobre la base de disciplinas casi en exclusiva teóricas, así que la CiFi que el común de los mortales entiende como tal no nacería hasta bien entrado el XIX, como otro producto cultural de los espectaculares cambios que en esa centuria experimentó Occidente. Ahora bien, algunas de las disciplinas "de letras" tienen, como ya he dicho, veintitantos siglos -si no más-. Puesto que la gramática, la retórica, la teología, la filosofía o la política no dejan de ser disciplinas científicas, ¿cualquier ejercicio de especulación sobre la base de estos campos es Ciencia Ficción? Así, entre nosotros, en una bohemia charla cervecil entre iniciados frikis o en una Hispacón, podemos apuntar con petulancia y pedantería que, en efecto, así es (oye, y yo visto así, en mi íntimo "weltanschauung" lo admito). Pero si comienzas una reseña, tesis o comentario de texto "La República" de Platón de la siguiente manera: "Esta interesante obra de Ciencia Ficción del célebre pensador heleno..." te aseguro que te pierde el respeto intelectual hasta tu madre.

Todos coincidimos en que encasillar, etiquetar y taxonomizar la creación artística está feo, que es impreciso, injusto, miope y a menudo insensato... pero supongo que responde a la necesidad humana de dar un poco de orden al caos, y con mesura y sentido común llega a resultar muy útil. Va, pues por ahí van los tiros... espero haber explicado un poco el por qué de mi postura para con "1984".

Canijo dijo...

Sí que da para debate, Weiss, y bueno es que lo haya en el blog, que si no es más aburrido.
Ofendido no es la palabra, pero sí que me gusta meterme en estas cosas, porque hablando de ellas uno aprende, y a mí me interesan especialmente (aunque, lo confieso, jamás haya profundizado en ellas).
A ver, yo en obras como “Crash” sí que entiendo que hay que ampliar mucho la definición para verle la CF, pero en el caso de “1984” creo que es al contrario, que se apura más para sacarla del género que para meterla. No sé cómo estará la catalogación universitaria, pero la sociología es una ciencia, con su método empírico, como la física y la química, que también son antiguas y tienen su pasado poco científico, y al contrario que la filosofía, gramática, teología y demás, que al menos que yo sepa no siguen el método científico. Es decir, las ciencias son las ciencias, y las otras no lo son; ahí sí que habría que ampliar la definición para convertir la teología en disciplina científica. Por ese lado, si nos valen convencionalismos del lenguaje y taxonomías estrictas, que es a lo que yo aludí, lo reconozco, yo diría que claramente sí: sociología ficción, literatura de anticipación, ciencia ficción, no un género aparte. Aunque con reticencias, porque ¿es sociología ficción o política ficción?
Pero a mí lo de su naturaleza CF me llega por otra parte, porque cuando las ciencias estaban en pañales sí que se fantaseaba con ellas, o con algo relacionado con ellas, como el caso de “El otro mundo” de Cyrano de Bergerac, que algunos la consideran proto Ciencia Ficción porque habla de los habitantes de la luna y el sol, y que yo la veo Fantasía porque lo que se hace es eso, fantasear. En el caso de la CF yo creo que lo que se hace es especular, no fantasear, ni tampoco opinar, exponer nuestras ideas, nuestra filosofía, nuestro ensayo, como hace Platón en su “La República” (mejor ejemplo es “Utopía” de Moro. ¿Es ensayo, opinión, exposición de nuestras ideas? Yo tiraría por ahí. ¿Tiene aunque sea una mácula de CF? Ostias, pues no lo negaría, pero optaría por lo primero en esa obra que por antítesis da nombre a la categoría de las distopías, a la que pertenece “1984”). Y aplicando esto a la verdad que se esconde tras “1984”, la aprensión de Orwell por los absolutismos, especialmente el de Stalin, yo creo que para simplemente contarla quizá la hubiera llamado “Homenaje a Rusia”, o algo por el estilo; para narrarla como novela generalista “Papá Goriev”; para ensayarla la podría haber llamado “Ese cáncer llamado Stalinismo”; la que sí escribió de Ciencia Ficción la llamó “1984”; y bueno, a la hora de fantasear o fabular… “Rebelión en la granja”. Todas hablan o hablarían de lo mismo, pero cada una desde su género.
Ciertamente, no tiene sentido decir que “La República” es CF, porque no lo es, al igual que no tiene sentido decir que “1984” no es CF sino sociología ficción, una categoría aparte. No es por hacer distingos segregacionistas, sino por entendernos, y creo que se entiende mucho mejor Ciencia Ficción que sociología ficción, exactamente igual que si decimos steampunk en lugar de Ciencia Ficción porque no coincide con otro subgéneros de la CF.
No sé, yo creo que es renegar un poco de la CF sin motivo, autoimponerse prejuicios, más que evitar la frikada petulante y pedante. Y si esa es la premisa para que nos tengan respeto… pues que me lo pierdan, porque a mí me gusta la ciencia ficción y llamar así a lo que lo es.

Víctor González dijo...

Habeis conseguido montar un interesantísimo frupo de debate "foro" al que le pegaría estar delante de unas buenas cervezas con cuerpo, ya veo que la mente la poneis vosotros y, si acaso derle otro cuarto de vuelta al gran hermano mundial, la superestructura y todo eso que por desgracia cada día me va sonando más creible y que eufemisticamente esconde detras al capital en su versión más oscura.
Abrazos.
PD. A ese foro si es en Sevilla me apuntaría gustoso. Los títulos que no conocía quedan apuntados.

Canijo dijo...

Pues precisamente el martes hubo tertulia (sí, en Sevilla capital), y aunque la primera parte de la misma fue con café, anís y pasteles (cada uno lo suyo), la segunda fue entre cervezas (unánime a excepción de la compañera Mariola, que gusta de caldos más afrutados y menos espiritosos). Y nada, como se explica en la carta de presentación las puertas están abiertas tanto en el blog, el foro, como en las tertulias de los martes por la tarde, así que...

palabras dijo...

Saludos Victor, veo que Canijo se adelantó en la invitación. Me precio de ser el relaciones publicas del grupo,pero andomuy liado con mi novela blog y paso menos por aquí.

En cualquier caso, lo dicho, pasaté cuando quieras. Ya estás bajo aviso de lo que puedes encotrar, creo que tenemos un punto medio curioso, ni vamos de escritores interesantes, de estos que fuman en pipa y hablan con mucha propiedad, no llega a ser una excusa para quedar y emborracharnos, aunque tiene más de lo segundo que de lo primero, (yo no bebo y Canijo y Weeis me obligan a beber cerveza, y yo la bebo porque sé que es por mi bien, ese rollo del lupulo verde, la cebada y demás, jajajaja

No me enrollo más, un abrazo, nos leemos ;)

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