viernes, 24 de julio de 2009

Ojos abiertos

Hace pocos días terminé la novela autobiográfica de Amélie Nothomb, 'Ni de Eva ni de Adan'. De ella extraje una cita:


Me gustaba la idea de no saber si iba a ver pintura, escultura o una retrospectiva de varios estilos. Sería bueno acudir a las exposiciones siempre así, por casualidad, con total ignorancia. Alguien quiere mostrarnos algo: simplemente eso ya cuenta.

No sé por qué, pero en los últimos meses me he encontrado sumergido en conversaciones, con personas que aman la creación literaria, sumamente críticas con el llamado 'arte moderno'. Comentarios del tipo: todo es una farsa, un niño de cinco años hace mejores dibujos que muchos de esos artistas, es un mundo de arribistas...

Se critica 'el urinario de Duschamp', los cuadros de salsa de tomate de Warhol, las esculturas de Picasso con elementos básicos, los contenidos del Centro Pompidou de París, del Reina Sofía de Madrid, de la Biacs de Sevilla. Creo, sinceramente, que no es un problema tan sólo de falta de humildad de quien critica (que estoy convencido que algo hay), sino de incapacidad de disfrutar.

La arquitectura de hoy es consecuencia de movimientos rompedores, los logotipos de las empresas, los apeaderos de los autobuses, el diseño de los automóviles... No podemos volver a tiempos en que no existía la fotografía, el vídeo, donde la única forma de reflejar la realidad era el pincel o el cincel.

Si Duschamp consiguió que un urinario entrara en el Museo de Arte Moderno de Nueva York sería por algo... Al menos así lo veo. No tengo la formación ni la experiencia para emitir juicios firmes, casi que ni quiero, pero como persona que trata de crear, de hacer reflexionar, de plantearse el mundo desde su propia esencia, sé que cuando entro en el Gugenheim de Bilbao o en el Museo de Arte Moderno de Estrasburgo, estoy totalmente dispuesto a dejarme seducir.

Quiero que me provoquen, quiero ver momias colgadas de un ventilador, habitaciones desordenadas, desnudos impúdicos, video-performances, manchas en el techo, cuadros de un solo color, lámparas que son tetas, tetas hechas de corcho, corcho repartido en vitrinas... Me apetece ver sillas de siete patas, relojes sin agujas, interpretaciones del dolor hechas por Francis Bacon, interpretaciones de Bacon hechas por escultores de metal, paisajes sin paisaje, figuras deformadas que me transmitan que la vida es eso: absurda, imprevisible, sarcástica, terrible, hermosa, incomprensible, interpretable...

No niego el derecho a criticar, a veces, con fuerza, incluso con desprecio, obras no entendibles o posibles farsas.

Pero quiero ver con ojos abiertos y entender al otro.



Literatura comprimida 2009

El Servicio de Juventud de la Comarca de la Sidra (Asturias) ha abierto el plazo de recepción de escritos al IV CONCURSO DE MICRORRELATOS 2009-LITERATURA COMPRIMIDA. Una convocatoria anual con el apoyo de Cajastur que premia con 600 euros un relato de hasta 200 palabras, sea escrito en castellano o asturiano. El concurso se dirige a personas con menos de 35 años de edad y pueden enviarse hasta el 30 de septiembre un máximo de dos relatos.


Las bases y la tramitación completa del concurso (formulario de inscripción, envío, etc) se realizan a través de internet en www.comarcajoven.com.


Enlace con toda la información y apartado del concurso.

martes, 21 de julio de 2009

El ojo de dioses

Cuando un acólito alcanza el grado de espiritualidad necesario para convertirse en paradigma de virtud, cambia no sólo el concepto que se ha de tener de él, sino que se amplían sus obligaciones para con La Orden. Se tornan instrumentos afinados por los años, que adquirieron mayor fiabilidad y precisión. Es por ello que además de estar llamados a establecer La Palabra, (una Palabra que era predicada o impuesta, dependiendo de lo propicias que las circunstancias se mostrasen para una u otra labor) han de consagrarse a ejercer de mediadores, ministros de causas y encargados de designar aquello que habría de ser conveniente que los dioses observaran con especial atención a través de ellos.


A estos ortodoxos sacerdotes se los marcaba en la palma con un llameante sol negro preñado de ojos, representando cada uno de ellos una deidad, y difiriendo en tamaño a razón de su importancia. El símbolo que los acogía estaba engarzado entre ramas sin hojas que se extendían por sus dedos, nacidas de un fornido tronco que bajaba por su muñeca hasta un antebrazo donde surgían gruesas y nudosas raíces que desde el exterior horadaban la tierra. Pese a tratarse de un distintivo inusual, podrían encontrarse en la enguatada palma de varios mandatarios y altos cargos eclesiásticos, siendo éste un signo que había de representar la más estrecha comunión con los dioses. El hecho de que un ojo de dioses fuera impuesto tras haberse llevado a cabo el ritual de llamada, indicaba que el infractor era contemplado con especial interés por alguna de las deidades conjuradas a través de aquel estigma de Fe.





Autor: Ángel Vela (palabras)


Correo electronico: lanaiel(arroba)hotmail.com

La Columna OcioZeta-Sevilla Escribe, "Las tareas del lector"



Hace ya cierto tiempo, tras leer un relato de Miguel Cisneros, nuestro Guy, y mientras trataba de racionalizar por qué aquel texto no me había gustado, terminé llegando a una conclusión un tanto peregrina, algo en lo que nunca me había parado a pensar pero que, echando la vista atrás a la luz de aquella idea, me pareció que siempre había estado ahí, aunque yo nunca me hubiese fijado. Me había quedado la impresión de que al relato le faltaban partes, algunas más o menos sugeridas, otras ni eso. Yo tenía que identificar los huecos y, en la medida en que me hicieran falta para poder seguir la lectura (hacerla acorde a mis esquemas mentales, poder sentir que estaba siguiendo un discurso completo), añadirlas de mi propia cosecha, sin ningún tipo de control por parte del autor y con total libertad (se podría decir que para perderme) a la hora de elegir los elementos a suponer incluidos; es decir, que en cierta forma se me obligaba a ser coautor de la obra que tenía entre manos. Otros detalles que ayudaron a que mi impresión fuera negativa eran el haberme encontrado con metáforas y símbolos demasiado propios del autor, pertenecientes a una imaginería que me resultaba ajena, y también ciertas combinaciones de términos de una audacia excesiva para mi gusto, rayando el “abuso” o el “engaño” (como la pantagruélica cuerda o el hierático bocadillo que tanta gracia le hacen al amigo Ernesto Fernández, weiss), algo que me es muy difícil aceptar porque, personalmente, entiendo que los adornos de la prosa deben estar sustentados en la significación, y ésta a su vez en la historia que me están contando o que me pretenden contar. 

Llegué a la conclusión de que mi impresión final, negativa, era debida a que el tipo de lectura (ojo, lectura, la comunión entre autor y lector que King asemeja a la telepatía) que me proponía el autor no era de mi gusto, o simplemente no me apetecía en aquellos momentos, primero porque se me pedía un ejercicio excesivo de interpretación y aceptación de un código ajeno, sondear metáforas y símbolos lejanos a mi experiencia y aceptar juegos no de mi agrado. También se me exigía, si quería llegar con la lectura a buen término, una coautoría que no tenía ganas de ejercer, al menos en el grado en el que aquel texto parecía necesitar. 

Allí estaban los dos elementos, la interpretación y la coautoría, en parte mezclados, como suelen estar en muchas lecturas, y cada uno en su grado, lo que las diferencia a unas de otras. Según esto me dio la impresión de ver tres tipos de lecturas “puras” que se combinan en determinadas proporciones para dar cada lectura determinada.

-La lectura cómoda: más propia, diría yo, del best seller. Me refiero a ese tipo de lectura en el que el autor lo hace casi todo, redacta la obra de manera que apenas haya que interpretarla, todo está ahí, muy claro, apoyándose sólo en símiles, metáforas, imágenes y simbolismos comunes, muy fáciles de asir, no introduce elementos o reflexiones “extraños”, o si lo hace son de una “extrañeza” mínima que se evapora con una pizca de ejercicio mental por parte del lector. Además, todo lo que el autor quiere que la obra diga está en el texto de manera suficientemente explícita. Hablamos, como diría mi amigo Ángel Vela, palabras, de una lectura para pasar el rato, fresquita, sencillita, amena, pero sin picos creativos. Ya digo que ésta sería la interpretación de palabras, para que yo pudiera compartirla habría que eliminarle los diminutivos que, intencionados o no, entiendo como significativos a la hora de determinar su postura al respecto, y también lo de la sencillez y la altura creativa, algo que no me parece del todo real a la hora de hablar de una obra con especial potencial para ser entendida y disfrutada; vaya, que no me parece ni mucho menos sencillo conseguir eso, o al menos a mí no me resulta sencillo cuando perpetro mis relatillos.

-La lectura a interpretar: me refiero a esa que nos pide un ejercicio más activo, utilizar nuestro traductor interior para descifrar metáforas de más calado, menos obvias, penetrar en reflexiones más complejas, manejar un lenguaje más amplio y construcciones más elaboradas, o entrar en comunión con una imaginería diferente a la nuestra y aceptar juegos quizá más arriesgados. Por definición hablamos de algo de mayor nivel literario, pero también con más posibilidades de perder la conexión con el lector hasta conseguir sacarlo de la historia. Una metáfora bonita o ingeniosa puede ser un gusto para los sentidos, pero si nos pasamos de ingeniosos podemos entrar en el terreno de lo peregrino, como si alguien pone “tres sabores con palo” para referirse a los vampiros, pretendiendo que el lector capte el significado en base a recordar el famoso helado Conde Drácula de Frigo. Igualmente peligroso puede ser basarnos en un código simbólico demasiado hermético, una imaginería propia de difícil acceso a cualquiera que no seamos nosotros mismos, con nuestras circunstancias, nuestras experiencias y nuestro bagaje literario personal. Si yo de pequeño sufrí un cólico nefrítico después de haberme atiborrado de mejillones y desde entonces les tengo una terrible aversión, ¿de verdad puedo pretender que un texto trufado de alusiones directas o indirectas a los mejillones provoque en el lector el mismo grado de repulsión o angustia que puede provocar en mí? Si siempre he sentido una fascinación metafísica por el mundo de la citología ¿no es posible que sea un exceso por mi parte introducir una pequeña reflexión sobre el sentimiento de alienación de un hematíe separado del cuerpo humano en un análisis de sangre, todo ello en medio de una trama de carácter policíaco? ¿De verdad será pertinente un pasaje de gramática tortuosa y plagado de segundas, terceras o enésimas acepciones del diccionario para contar que un personaje secundario se hace un huevo frito?

-La lectura en coautoría: que puede ir desde el simple final abierto, una oportunidad que se nos brinda de ser más partícipes de la historia, hacerla más de nuestro agrado, hasta la omisión amplia y consciente de partes en busca de un juego directamente a dos bandas. Aquí la cosa también va en grados, gustos y apetencias puntuales por parte del lector, y el resultado puede ser muy diferente de unos a otros. No es difícil encontrar divergencia de opiniones respecto a un final abierto cualquiera que, si bien a algunos lectores les ha gustado por haberles permitido implicarse más y con ello llegar a un resultado más acorde a su gusto, a lo que esperaban, a otros puede dejarles el mal sabor de boca de una lectura incompleta. La indefinición explícita de la criatura terrorífica de turno puede ser una inteligente forma de hacer que el lector la construya en su imaginación de la forma que más miedo le dé, haciendo uso de elementos que el autor desconoce, pero también puede llegar a cansarle si no era el ejercicio lector que pretendía hacer, más aún si incidimos mucho en el juego. Es más, la petición consciente de coautoría puede llegar a confundirse con el error inconsciente del autor que, teniéndolo todo muy claro en su mente, se olvida de incluir los elementos necesarios para que el lector llegue a la conclusión a la que pretendía llevarle, o que experimente las sensaciones que quería transmitir. Este error creo que es bastante común y, siendo así, ¿no es fácil que el lector llegue a la conclusión de que lo que pretendía ser una invitación a la coautoría, un juego a dos bandas, sea un simple error de escritura? ¿Cómo distinguir entre una y otro, más aún si ambos se encuentran mezclados en el mismo texto? Estaremos apelando a la confianza del lector, a que si no ve algo acepte que ha sido por error suyo y no del escritor, pero es que un lector, a priori, no tiene por qué darnos este voto de confianza, creer en nuestra infalibilidad y aceptar como propio cualquier problema que surja en la lectura.

Esto fue lo que yo creí ver aquel día, mientras trataba de racionalizar mis impresiones acerca del relato de Guy, una combinación de estas tres lecturas en proporciones que no eran de mi agrado. No me paré a pensar en tipos de lectores determinados por su inclinación a aceptar un mayor o menor grado de un tipo de lectura u otro, porque entendí que esto era más variable, dependiendo muchas veces de otras circunstancias externas y puntuales que poco o nada tienen que ver con la literatura y por lo tanto no pueden ser conocidas y manejadas por el autor. Supongo que el detalle está en conseguir una comunión adecuada entre tareas pedidas por el escritor a la hora de leer su obra y lo que el lector tipo más probable (según los canales de difusión usados) pueda estar dispuesto a poner de su parte en un momento determinado. Siempre, eso sí, teniendo en cuenta que una mayor exigencia para con el lector en busca de un mayor “brillo” literario puede provocar la desconexión entre uno y otro, y que una exigencia casi inexistente, el darlo todo hecho y de manera sencilla, puede dejar la sensación de una obra sin lustre, sin muestras de talento, sin valor; por lo menos para el amigo palabras, que quizá te busque para darte una colleja, jeje.


Una antología sin fronteras

Me vuelvo por encima del hombro y veo el paisaje de la Ciudad Universitaria desde el Salón 008 de la Facultad de Filosofía y Letras; no me asombra caer en la cuenta que, si intento recorrer con la vista a mis compañeros de clase muchos de sus rostros estén desdibujados; no me asombra, tampoco, mirar rostros que ya no son parte de esta vida. La escena corresponde a 1971. Entre las numerosas muchachas del grupo está Susana Arroyo, la distinguen su sonrisa y sus ojos grandes y oscuros. Ella es de las que no escriben, de las que leen, conforme a la clasificación que hacíamos entonces los del grupo 20 de primer ingreso a Letras.


Al paso del tiempo Susana es la única colega de aquel salón a quien frecuento; no importa que ahora viva en Australia, un país, un continente que me atrajo con fascinación. Con el correr de los años, ahora compartimos además del placer de la lectura, la escritura y el goce de la edición. Tenemos actividades coincidentes; mas ella habita en Australia y, por mi parte, sospecho que moriré soñando con esos vastos desiertos y aquellos cielos boreales desconocidos. Paradojas del destino.


Hoy, Susana es una de las dos antologadoras y una de las prologuistas de Voces con vida, una vasta antología donde 95 autores muestran en 108 cuentos breves su visión del mundo. Fueron seleccionados entre 1,443 textos. Herlinda Dabbah Mustri, junto con Susana Arroyo-Furphy organizaron esta colección que refleja el sentir de los hispanohablantes de diversos puntos del mapamundi. Tarea monumental, imposible hace unos años, que es un reflejo de cómo la creatividad es una pasión sin límite y sin fronteras con el apoyo ahora de la tecnología a nuestro alcance.


Cuando fui becario del taller de cuento del INBA, en 1973, escuché a Tito Monterroso bromear y referirse al quehacer de los cuentistas. Decía que no era difícil encontrar una anécdota para un relato o un cuento, que bastaba mencionar que uno era escritor para que de inmediato algún interlocutor afirmara que él tenía una idea para un cuento, y la regalara. Afirmaba también que, gracias a ello, no había que preocuparse por imaginar historias, que estas sucedían en cualquier momento.


“Dedíquense a la perfección del estilo, desarrollen con justeza la anécdota, esas deben ser las grandes preocupaciones del escritor”. Argumento que cito siempre cuando doy algún curso de escritura, porque pareciera que la obsesión de los nuevos creadores –con la que alimentan siempre los cañones de sus críticas y discusiones– se refiere al punto de vista, el que desde mi punto de vista sólo funciona –o no– para cualquier prosa creativa.


Con la lectura de Voces con vida he recordado el precepto de Monterroso. Y a la vez me planteo una serie de preguntas respecto al trabajo de cada uno de los autores incluidos. En la mayoría de los casos sólo se publica un relato por participante; aunque algunos permiten el contraste al incluir dos y en una ocasión tres cuentos. Importa señalar también, además de la variedad de nacionalidades y orígenes de los autores, las diferencias de edad y de propuestas narrativas compendiadas.


Una primera lectura del volumen apenas da una pálida idea de los matices con que se expresa ese gran narrador colectivo que es el español de nuestro tiempo, utilizado por autores profesionales y experimentados, en varios casos; y –en otros– por escritores menos expertos, pero con un gran instinto y habilidad narrativa.


Voces con vida surge a partir de la convocatoria del Salón Internacional del Libro para el primer concurso internacional de cuento breve de la Ciudad de México. La única norma limitaba la extensión de cada relato a un mínimo de 400 y un máximo de 800 palabras. En tal medida, el grado de dificultad para distinguir la historia merecedora del premio debe haber sido una pesadilla. Lo muestra el alto grado de calidad de diversas historias.


La distinción recayó en “Plaza, palomas, poesía y papel picado” del escritor chileno Víctor Aquiles Jiménez Hernández, radicado en Suecia desde hace veinte años. La historia me recordó la anécdota de algún escritor ruso encarcelado que debió destruir su obra maestra para poder fumar, o darse calor, lo que mete ruido a mi juicio de la historia. Francamente, encuentro un placer o un interés mayor en otros textos que por su plasticidad o por su capacidad imaginativa me asombraron. Entre ellos puedo citar los de Abraham Lifshitz, Daniela Bojórquez, Nelson Cordido Rovati, Darcy Rodríguez García, Dan Lee, o el de Héctor D’Alessandro, entre otros.


Resalta también el número de autores argentinos, donde un buen número de ellos reflejan aún las impresiones o el dolor de los varios lustros de dictadura. Más de un diez por ciento de las historias son de un corte fantástico y un poco más de esa proporción visiones privilegiadas de la infancia. Sueño, amor y muerte se alternan como preocupaciones universales, y quizá por ello pienso que un ordenamiento temático, más que alfabético, hubiera hecho del libro un texto donde los intereses del lector habrían encontrado afinidades más directas.


Llama la atención que la convocatoria para concursar por un sitio en el volumen tuviera un llamado poco usual: “Con el fin de apoyar el sueño de los escritores jóvenes o de aquéllos no tan jóvenes pero poco conocidos, el Salón del Libro Hispanoamericano de la Ciudad de México, A. C., intenta dar a conocer al mundo hispanohablante voces de calidad distintas de las ya afamadas; nuevas voces que aún no han sido reconocidas por la crítica nacional o internacional, dado el cerrado y ostensible círculo de celebridades cuyos nombres son casi siempre los mismos”.


Un objetivo ejemplar, “Dar a conocer nuevas voces”, me parece altamente loable. El culpar a la crítica, esa señora intangible y sin cuerpo que a su vez es vituperada por todo escritor cuyo nombre no se menciona al menos en 15 diarios nacionales y otros tantos internacionales anualmente, es culpar a un fantasma de la escasez de lectores, de la mala distribución de los libros, de la ausencia de promotores de lectura, y de los mal aplicados y escasos recursos para la bibliotecas medianas y grandes. Mismas que, a su vez, deben tener un lugar preferencial para los autores ampliamente conocidos y comentados, con respeto a la usual preferencia o solicitud de los consultantes por natural funcionalidad.


Soy de los lectores que piensan que ningún autor sobra y que cada uno tiene naturales destinatarios, a los que se les envían mensajes por encima del tiempo y las fronteras, tal como lo hace hoy en día la Red. O tal como lo hizo Luis de Góngora, que pasó más de 300 años sin una lectura seria de la crítica. Tal y como ocurrió también con Sandor Marai o John Fante, en tiempos recientes, por citar un par de ejemplos.


Soy también de los lectores que consideran que no necesariamente todos los autores son asimilables por uno mismo como lector, ni universalmente admirables. Que por fortuna tenemos libre albedrío y gustos limitados y determinados lo que enriquece la natural proclividad humana por la discusión de las ideas.


Creo también que hay textos análogos que, desde una literatura complementan o sustituyen otros que nos pasarán inadvertidos, digamos como si un autor tailandés hubiera escrito su Bovary y un autor etíope su Karenina. Los hombres no somos muy diferentes ni excesivamente originales. Aunque una precisa identidad nos hace únicos.


Creo por ello que Voces con vida es un libro importante e interesante que apuesta más allá de las diversas tonalidades de nuestra lengua por una armonía que a veces nos es insospechada o indiferente, hasta el instante en que vemos la riqueza paradisiaca de los términos con que nos expresamos. Ese es uno de sus mayores méritos, junto con su bien calculada originalidad, con la que Palabras y plumas editores comienza a abrirse paso con estos creadores que le han dado aliento y vida.



Bernardo Ruiz


Publicado originalmente en: YO ESCRIBO

sábado, 18 de julio de 2009

El club de los suicidas fracasados

Allí estaban todos ellos: el hombre que intentó reventarse con una botella de gas butano vacía, el que se arrojó al mar justo en la zona en la que los voluntarios de la cruz roja realizaban sus prácticas, el que se tomó sesenta píldoras laxantes pensando que eran somníferos, el que se disparó en la sien con aquella pistola de fogueo con la que lo timaron, el que se intentó electrocutar cinco segundos después de que cortaran el suministro eléctrico… Todos discutiendo sobre su inutilidad, sobre lo injusto que era que la gente muriera sin desearlo y ellos no pudieran hacerlo.


De repente, alguien irrumpió en la habitación seguido de un tremendo portazo; era el hombre que se arrojó delante del coche que llevaba el prototipo del sistema F.E.S. (frenazo en seco).

–¡Ya tengo la solución! –dijo al tiempo que depositaba una enorme bolsa de deportes sobre la mesa situada en el centro de la habitación.

Una vez la abrió, todos pudieron contemplar un gran número de cartuchos de dinamita apilados como sardinas dentro de una lata.

–¡Que alguien me pase un mechero! –dijo el recién llegado.


Al día siguiente, ningún periódico hablaba de explosiones, ni muertos, ni nada parecido; sólo había una breve reseña, en las páginas de sucesos de un diario menor, cuyo encabezamiento era: “Robado material de atrezzo de una productora cinematográfica durante su traslado ayer tarde por las calles de la ciudad. Las autoridades policiales parecen no tener pistas sobre el autor o autores del delito”.



Bocetos



Esto son algunos bocetillos que estoy haciendo sobre un personaje de un futuro cómic que me gustaría hacer, me he limitado en el movimiento de la cabeza, y en cuanto a las expresiones no me he molestado demasiado la verdad. El pelo es algo que no se me da bien, por eso he intentado varios modelos aunque la mayoría no me gustan, en fin, seguiré probando hasta que me salga.

miércoles, 15 de julio de 2009

Duelo al sol

El campesino apareció con los primeros rayos del amanecer montado en su moderna cosechadora industrial, durante horas trabajó infatigablemente con tesón y codicia. Ahora, en pleno mediodía del verano andaluz, la finca aparecía abandonada. Sólo dos figuras se alzaban junto al polvoriento camino. No temían exponerse al astro rey y se pavoneaban orgullosos, sus movimientos eran una coreografía de ligeros desplazamientos y miradas esquivas. Frente a frente, sus sombras también competían por atraer la atención.

Ambos presumían de superar a su rival, mas alto, mas fuerte, mas duro. —¡Mírame! Descubre al gran superviviente— parecían gritarnos. Sobre el cielo se dibujaron negras sombras. El viento silbaba entre sus alas mientras bajaban en picado. En pocos segundos los dos cayeron al suelo, los picos desgarraron y destruyeron. Los últimos girasoles de la temporada fueron abatidos por una bandada de palomas silvestres.


IV Encuentro de Literatura Fantástica "De ficciones y otros mundos"‏

Fecha: Sábado 26 y domingo 27 de septiembre de 2009.

Lugar: Casa Palacio de Alpériz, frente al parque de la Alquería . Dos Hermanas. Sevilla (España)

Cuota de inscripción: 10 euros. La cuota se pagará el mismo día 26 en la sede del encuentro.

Número máximo de participantes: 100 personas

Información e inscripciones: Biblioteca Pública Municipal (biblioteca@doshermanas.es) Teléfono: 95 491 95 79. Fax: 95 491 95 80.


Programa:


SÁBADO, 26 DE SEPTIEMBRE

9:00. Recepción de participantes y entrega de credenciales.

10:00. Inauguración del IV Encuentro de Literatura Fantástica a cargo de la Delegada de Juventud y Cultura Dª Rosario Sánchez.

10:30. Conferencia: El instinto de la fantasía de Care Santos

11:30. Pausa para el café.

12:00. Presentación del libro: La estrella oscura de Leonardo Ropero. AJEC

12:30. Duelo de espadas: La Historia: un filón para la ficción. Participan: Félix J. Palma y Leonardo Ropero.

13:30. Presentación del libro: Laila Winter de Bárbara Rivero. Almuzara

14:00. Encuentro entre los participantes y almuerzo de bienvenida.

16:30. Mesa redonda: Escribir y publicar fantasía épica. Participan: Raúl Gonzálvez, David Prieto y Alex Guardiola.

17:30. Conferencia : La Literatura inquietante y de misterio: Claves de la construcción y lectura de este género de David Lozano

18:30. Conferencia- Taller: El triángulo de la creatividad de Rafael Ábalos

19:30. Fin de Jornada


DOMINGO, 27 SEPTIEMBRE

10:00. Conferencia: Líneas de investigación sobre el género de las sagas. Eloy y Alberto E. Martos. Universidad de Extremadura.

11:00. Pausa para el café

11:30. Presentación del libro: Experimento en autobiografía de H.G. Wells. Berenice.

12:00. Mesa redonda: Enredados: lecturas en red, blogs, fansub, e-books.

Participan: Raúl Fernández Sánchez-Alarcos y Nieves González
Fernández de Villavicencio (profesores de la Universidad Pablo de Olavide), Iván Dequito (directivo de la Asociación Juvenil Taira) y David González Romero (Editor de Almuzara)

13:00. Entrega de Premios: Idus de marzo y II Concurso de lemas

Clausura del IV Encuentro de Literatura Fantástica “De ficciones y otros mundos”


Organiza:

BIBLIOTECA MUNICIPAL

CONCEJALÍA DE JUVENTUD Y CULTURA

EXCMO. AYUNTAMIENTO DE DOS HERMANAS

domingo, 12 de julio de 2009

Blackout

Ven a mi lado una vez más.

No me mantengas lejos de ti.

Este no es el modo de ser feliz.

No recuerdes el pasado.

No, recuerda algo de tu pasado.

Recuérdame.

Esta vida puede ser una gran vida.

Por favor no destruyas mi sueño.

Nuestro sueño.



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